Ucayali toma su nombre del caudaloso río que la atraviesa, uno de los dos grandes formadores del Amazonas junto con el Marañón. Su selva ha sido durante milenios el hogar de numerosos pueblos indígenas amazónicos, entre ellos los shipibo-conibo, célebres por su arte del kené: los intrincados diseños geométricos que plasman en textiles, cerámica, joyas y su propia piel, inspirados en visiones, en el curso de los ríos y en la cosmovisión ligada a plantas maestras como la ayahuasca. El kené ha sido reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación.
Otros pueblos como los asháninka, los cashibo-cacataibo, los yine y los shipibo habitan también esta región, conservando lenguas, saberes botánicos y formas de vida profundamente ligadas al bosque y al agua, en un territorio que durante siglos permaneció al margen del Perú andino y costeño.
Esa herencia indígena, viva y visible, es hoy uno de los rasgos más distintivos de la identidad ucayalina.
Durante siglos, esta parte de la Amazonía se mantuvo casi inaccesible. Pucallpa, hoy capital de la región, creció con fuerza a partir del siglo XX, sobre todo cuando la carretera Federico Basadre la conectó con la sierra central y Lima en la década de 1940, convirtiéndola en un importante puerto fluvial sobre el Ucayali y en la punta de lanza de la colonización de la selva central-oriental.
La explotación maderera y petrolera, la pesca y, más tarde, la agricultura (palma aceitera, cacao) y el comercio impulsaron su rápido y a menudo caótico crecimiento, atrayendo oleadas de migrantes andinos. Pucallpa se transformó en una de las mayores ciudades de la Amazonía peruana y en centro económico del oriente central.
Ucayali fue creada como departamento en 1980, desprendida de Loreto, del que había formado parte históricamente, en reconocimiento a su creciente peso demográfico y económico.
Muy cerca de Pucallpa se encuentra Yarinacocha, una hermosa laguna en herradura —antiguo meandro del río Ucayali— rodeada de comunidades shipibas, principal atractivo turístico de la región y ventana a la vida, el arte y la cocina de la selva. Allí se puede navegar en botes, visitar aldeas indígenas como San Francisco y Santa Clara, comprar el reconocido arte kené directamente a sus autoras y conocer de cerca la riqueza cultural amazónica.
En los alrededores se encuentran también el jardín botánico y los bosques de la reserva comunal, y aguas arriba el imponente Parque Nacional del Sierra del Divisor, en la frontera con Brasil, un santuario de montañas cónicas y biodiversidad única en plena selva baja.
La gastronomía de juanes, tacacho, patarashca y pescados de río, junto a la medicina tradicional y los cantos ícaros de los curanderos shipibos, completan el rico patrimonio cultural de Ucayali.
Ucayali afronta hoy los graves desafíos de la deforestación —una de las más altas del Perú—, el tráfico de tierras, la tala y la minería ilegales y la expansión de monocultivos, que ejercen una fuerte presión sobre sus bosques y sobre los territorios de sus comunidades indígenas. La defensa del bosque ha costado la vida a varios líderes ambientales de la región.
Al mismo tiempo, Ucayali busca en el ecoturismo, en el valor del arte shipibo, en la producción sostenible de cacao y en su extraordinaria biodiversidad una vía de desarrollo más equilibrada. La titulación de tierras indígenas y la conservación de áreas como Sierra del Divisor y El Sira son claves para su futuro.
Corazón de la Amazonía central, Ucayali encarna a la vez la riqueza cultural y natural de la selva peruana y la urgencia de protegerla frente a las presiones extractivas.
Hoy Ucayali es una de las grandes regiones amazónicas del Perú y la principal puerta de entrada a la selva central-oriental. Su economía combina la industria maderera, la agricultura de palma, cacao y arroz, la pesca, el comercio fluvial y un turismo cultural y de naturaleza en torno a Pucallpa, Yarinacocha y las comunidades shipibas.
Pucallpa, conectada por carretera con Lima y por río con Iquitos y el resto de la Amazonía, es un nudo estratégico del comercio y el transporte de la selva. La región tiene además un fuerte potencial en el aprovechamiento sostenible del bosque y en el turismo vivencial indígena.
Entre el gran río Ucayali, el arte kené de los shipibos, la laguna de Yarinacocha y los bosques amenazados de Sierra del Divisor, la región ofrece uno de los rostros más auténticos y coloridos de la Amazonía peruana.