La región de Piura, dominada por el bosque seco de algarrobos y por el desierto de Sechura, el mayor del Perú, fue asiento de culturas como los Vicús (500 a.C. - 500 d.C.) y los Tallanes. Los Vicús destacaron por su cerámica escultórica y por una orfebrería excepcional en oro, cobre y tumbaga, cuya pieza más célebre es la llamada 'Venus de oro'. Su ubicación, en un corredor entre los Andes, la costa y el actual Ecuador, hizo de la región un cruce de influencias del norte y del sur.
Los Tallanes, herederos de esa tradición, fueron un pueblo de pescadores y agricultores organizados en pequeños señoríos, algunos gobernados por mujeres —las 'capullanas'—, notables por su dominio de la navegación a vela en grandes balsas de troncos. Comerciaban el preciado spondylus —la concha roja de aguas cálidas usada como ofrenda sagrada en todo el mundo andino— y cultivaban algodones nativos de colores.
Fueron incorporados primero por los chimúes y luego por los incas en el siglo XV, en una región siempre marcada por el clima extremo y por el fenómeno de El Niño, que periódicamente transforma su desierto en un vergel y provoca inundaciones devastadoras.
San Miguel de Piura, fundada por Francisco Pizarro en 1532 en el asentamiento tallán de Tangarará, fue la primera ciudad que los españoles establecieron en el Perú y en toda América del Sur, poco antes de que la hueste marchara hacia Cajamarca. Tras varios traslados forzados por inundaciones, plagas y ataques, la ciudad se asentó definitivamente en su emplazamiento actual, a orillas del río Piura.
Durante la colonia y la república, el algodón pima —uno de los más finos y largos del mundo—, el arroz y la caña hicieron la prosperidad agrícola de sus valles, mientras Catacaos se afirmaba como gran centro artesano de la filigrana en oro y plata y de los sombreros de paja toquilla. La región desarrolló una fuerte identidad norteña, cálida y hospitalaria.
Piura es además cuna de figuras ilustres: en su capital nació en 1834 el almirante Miguel Grau Seminario, 'el Caballero de los Mares' y héroe máximo de la Guerra del Pacífico, y en la región ambientó Mario Vargas Llosa varias de sus novelas, como 'La casa verde' y 'La ciudad y los perros'.
El litoral de Piura, de mar tibio y sol casi todo el año, alberga los balnearios más famosos del Perú: Máncora, epicentro de la vida playera y nocturna del norte; Los Órganos, Vichayito y Las Pocitas, de aguas turquesa; y la mítica Cabo Blanco, cuna de la pesca de altura que frecuentó Ernest Hemingway en los años cincuenta y meca del surf por su perfecta ola de tubo.
Estas playas son hoy el gran destino de sol, mar y aventura del país, donde además pueden avistarse ballenas jorobadas —que migran cada año a estas aguas cálidas— y tortugas marinas. El norte piurano se ha convertido en uno de los polos turísticos más dinámicos del Perú, con una intensa oferta de hospedaje, gastronomía y deportes acuáticos.
Esa vocación de mar convive con una fuerte tradición pesquera artesanal en caletas como Paita, Parachique y Talara, esta última histórica capital petrolera del país desde comienzos del siglo XX.
La región conserva, tierra adentro, una fuerte identidad norteña: el tondero y la cumanana —contrapunto cantado de raíz afroperuana—, la marinera norteña, y una intensa religiosidad popular que tiene su cumbre en el fervor por el 'Cautivo de Ayabaca', el Señor Cautivo, cuya festividad de octubre reúne a cientos de miles de peregrinos de todo el norte del Perú y del sur del Ecuador.
Su gastronomía marina y de bosque seco es una de las más apreciadas del país: el ceviche de mero y de conchas negras, el seco de chavelo, la malarrabia, el majado de yuca y las algarrobinas y natillas hechas con el fruto del algarrobo. Catacaos es, además, capital gastronómica y artesanal de la región.
Entre el mar, el desierto y la sierra de Ayabaca y Huancabamba —con sus lagunas de las Huaringas, célebres por sus curanderos y su medicina tradicional—, Piura despliega una sorprendente variedad de paisajes, sabores y tradiciones.
Piura es una de las regiones más pobladas y económicamente potentes del norte peruano. Su economía combina la agroexportación moderna —uva, mango, banano orgánico, limón, palta— regada por proyectos como el Chira-Piura; una poderosa industria pesquera y de harina de pescado en Paita y Sechura; y la extracción de petróleo y gas en Talara, sede de una de las mayores refinerías del país.
Esa pujanza convive con la vulnerabilidad crónica al fenómeno de El Niño, que en episodios como los de 1983, 1998 y 2017 (el 'Niño costero') provocó lluvias torrenciales, desbordes e inundaciones catastróficas que afectaron a cientos de miles de personas y evidenciaron la fragilidad de su infraestructura frente al clima.
Entre su condición de primera ciudad del Perú, su cultura norteña, sus playas de fama mundial y su economía diversificada, Piura es una de las grandes regiones del norte, cálida en su clima y en su gente.