El valle de Moquegua fue un enclave estratégico donde se encontraron dos grandes imperios preincas: el Wari, venido del norte desde Ayacucho, y el Tiwanaku, del altiplano del Titicaca. En lo alto del Cerro Baúl, una imponente meseta de laderas casi verticales que domina el valle, los Wari levantaron una 'acrópolis' fortificada, uno de sus asentamientos más australes y singulares.
Allí los arqueólogos hallaron incluso una antigua cervecería que producía chicha de molle a gran escala para banquetes rituales, en la que las mujeres de la élite tenían un papel central, y que fue clausurada con una gran ceremonia al abandonarse el sitio. Este encuentro de dos horizontes culturales —a veces en tensión, a veces en coexistencia— hace de Moquegua un lugar clave para entender el mundo andino anterior a los incas.
La región estuvo habitada además por pueblos costeros y por los coles, agricultores del valle, que aprovecharon el río Moquegua y el Osmore para regar sus campos en medio del desierto, dominando el agua en una de las zonas más áridas del país.
Fundada como Santa Catalina de Guadalcázar de Moquegua en 1626, la ciudad prosperó gracias a sus viñedos, plantados en el soleado y abrigado valle. De sus uvas nacieron vinos y, sobre todo, un pisco de gran calidad y renombre que aún hoy da fama a la región y compite en los grandes concursos nacionales, con bodegas artesanales de larga tradición.
Su centro histórico conserva un rasgo arquitectónico único: las casonas con techos de 'mojinete', de dos aguas y forma triangular característica, adaptadas al clima y a los sismos, junto a una hermosa Plaza de Armas con una pileta de hierro atribuida al taller de Gustave Eiffel. La 'ciudad de las mil casonas' es uno de los conjuntos coloniales más singulares del sur peruano.
Esa tradición vitivinícola y ese patrimonio colonial hacen de Moquegua un destino donde la historia se disfruta también en la copa, en una de las ciudades más apacibles y soleadas del Perú.
Como todo el sur peruano, Moquegua fue afectada por la Guerra del Pacífico (1879-1883): en su territorio se libraron combates como el de Los Ángeles, en las alturas de Torata, y la región sufrió la ocupación chilena junto a Tacna y Arica. Su cercanía a la frontera y su condición de tierra de paso marcaron su historia contemporánea.
Durante buena parte de la república, Moquegua fue una región pequeña, tranquila y algo apartada, ligada a su valle vitivinícola, a su puerto de Ilo y a la ganadería de las alturas de Carumas y Ubinas, con el volcán Ubinas —el más activo del Perú— recordando la naturaleza sísmica del territorio.
Esa condición de sur profundo, entre el desierto, los volcanes y el altiplano, dio a Moquegua un carácter sereno y tradicional que contrasta con su reciente transformación económica.
Moquegua es una de las regiones menos pobladas del Perú, pero también una de las de mayor peso económico y mayor presupuesto por habitante, gracias a la gran minería del cobre. A los antiguos yacimientos de Cuajone y Toquepala se sumó Quellaveco, uno de los mayores proyectos cupríferos del mundo, operado por Anglo American con Mitsubishi, que entró en producción en septiembre de 2022 y convirtió a Moquegua en la principal región productora de cobre del país.
Quellaveco, con una inversión de miles de millones de dólares y una producción prevista de unas 300.000 toneladas anuales de cobre en su primera década, embarca su mineral por el puerto de Ilo rumbo a Asia, y es un motor de la economía nacional. El puerto de Ilo, sobre el Pacífico, es además una salida marítima estratégica para el sur del Perú y para Bolivia.
Esa riqueza minera, con los desafíos ambientales y sociales que conlleva, ha transformado la economía regional y planteado el reto de convertir el auge del cobre en desarrollo duradero para su población.
Hoy Moquegua combina su nueva potencia minera con su tradición pisquera y vinícola, su patrimonio colonial y arqueológico, y una agricultura de valle de paltas, vid y frutales. La región ha destacado además en indicadores educativos, situándose repetidamente entre las de mejor rendimiento escolar del país, un caso notable en el Perú.
Su paisaje va del desierto costero y las playas de Ilo a la puna y los volcanes del interior, pasando por el fértil valle de Moquegua y las alturas ganaderas, en una diversidad geográfica notable para una región tan pequeña. El Cerro Baúl, las bodegas de pisco y el casco colonial son sus grandes atractivos.
Entre el legado Wari, sus casonas de mojinete, su pisco, el gran cobre de Quellaveco y su salida al mar por Ilo, Moquegua es uno de los rincones más auténticos, prósperos y menos transitados del sur del Perú.