Lambayeque fue uno de los grandes centros de las civilizaciones costeras del Perú antiguo. Aquí floreció la cultura Moche y, tras ella, la cultura Sicán o Lambayeque (siglos VIII-XIV), célebre por su exquisita orfebrería en oro y por su mítico fundador, Naylamp, que —según la leyenda recogida por los cronistas— llegó por el mar en una flota de balsas para dar origen a una dinastía de señores que gobernó la región.
Estas culturas dominaron la ingeniería hidráulica del desierto, con extensos canales que unían valles, y alcanzaron una maestría metalúrgica que hizo del norte una de las capitales del oro del Perú antiguo. Su religiosidad, ligada al mar, al sol y a los ancestros, se expresó en templos de barro y en tumbas de una riqueza extraordinaria.
Sobre esa raíz se organizaría después la administración chimú y luego la inca, en una región siempre marcada por su vocación agrícola, marítima y comercial.
La región asombró al mundo en 1987 con el descubrimiento, por el arqueólogo Walter Alva, de la tumba intacta del Señor de Sipán, un gobernante moche del siglo III sepultado con un fabuloso ajuar de oro, plata, cobre dorado y turquesas, junto a acompañantes y ofrendas. El hallazgo, realizado tras alertar la policía sobre saqueadores en la huaca Rajada y financiado en parte por la National Geographic Society, fue un hito de la arqueología americana.
Comparado con el de Tutankamón por su riqueza y por estar sin saquear, el descubrimiento cambió para siempre la comprensión de los Moche y elevó el prestigio de la arqueología peruana. A él se sumaron después otras tumbas de élite, como la del Viejo Señor de Sipán y la del Señor de Sicán, que confirmaron a la región como una de las grandes capitales del oro del Perú antiguo.
Hoy esos tesoros se exhiben en museos de vanguardia, sobre todo en el Museo Tumbas Reales de Sipán, en la ciudad de Lambayeque, inaugurado en 2002 y uno de los más visitados del país.
Cerca de la ciudad de Lambayeque se alza Túcume, el 'valle de las pirámides', un conjunto monumental de más de veinte enormes huacas de adobe levantadas por la cultura Lambayeque en torno al Cerro La Raya, y ocupadas después por los chimúes y los incas. Es uno de los mayores complejos de arquitectura de barro de América.
Junto a él, Batán Grande —hoy Santuario Histórico Bosque de Pómac, en pleno algarrobal— guarda otras pirámides Sicán y las tumbas donde se hallaron toneladas de objetos de oro, en un bosque seco poblado de aves y de algarrobos milenarios. Estos sitios, magníficamente exhibidos también en el Museo Nacional Sicán de Ferreñafe, hacen de Lambayeque un destino arqueológico de primer orden.
La tradición atribuye además a estas tierras un fuerte legado de curanderos y chamanes, herederos de un antiguo saber ritual del norte que sobrevive en pueblos como Salas, considerada 'capital de la brujería' del Perú.
Chiclayo, la 'capital de la amistad', creció desde un modesto pueblo de indios y convento colonial hasta convertirse en la principal ciudad comercial del norte peruano y una de las mayores del país, sin haber sido nunca formalmente fundada por los españoles, un caso singular en la historia urbana del Perú. Su ubicación de cruce de caminos la hizo prosperar como centro de intercambio.
Su Mercado Modelo, con su famosa sección de hierbas, amuletos y objetos para los curanderos, refleja la vitalidad de la cultura popular y mágico-religiosa norteña. Cerca de la ciudad, el histórico pueblo de Zaña, arrasado por una inundación en 1720, conserva las ruinas de sus grandes conventos coloniales y una fuerte herencia afroperuana.
Lambayeque combina así un pasado prehispánico deslumbrante con una vibrante vida urbana y comercial en torno a Chiclayo, corazón económico de la región.
La región vive de la agroindustria —caña de azúcar, arroz, menestras, maíz y una creciente agroexportación de frutas—, del comercio, la pesca en caletas como Santa Rosa y San José, y un turismo que gira en torno a su extraordinario patrimonio moche y lambayeque. Los grandes proyectos de irrigación, como Olmos, que trasvasa aguas de la vertiente amazónica al desierto, han ampliado la frontera agrícola de la región.
Su gastronomía es una de las más celebradas del Perú, con platos como el arroz con pato a la chiclayana, el 'espesado', el chinguirito, el cabrito con frijoles y el dulce 'King Kong' de manjar blanco, orgullo dulcero de la región. El bosque seco de algarrobos, las playas de Pimentel y Puerto Eten con su histórico muelle, y la calidez de su gente completan su identidad.
Entre sus señores de oro, sus pirámides de barro, su cultura de curanderos y su pujante ciudad de Chiclayo, Lambayeque es una de las regiones más ricas en historia y sabor de la costa norte del Perú.