La provincia de Los Santos ocupa un lugar central en la historia patria: fue en la Villa de Los Santos donde, el 10 de noviembre de 1821, se lanzó el llamado 'Primer Grito de Independencia', el pronunciamiento contra las autoridades españolas que precipitó la separación de Panamá de España, consumada pocas semanas después en la ciudad de Panamá. Por ello a la región se la conoce como 'cuna de la nacionalidad'.
La tradición popular ha inmortalizado la figura de Rufina Alfaro, joven a la que se atribuye haber ayudado a los patriotas, como emblema de aquella gesta. El movimiento santeño se extendió rápidamente por Las Tablas, Natá, Penonomé y otras poblaciones del interior, demostrando que la independencia panameña nació primero en el campo antes que en la capital.
Poblada desde la colonia por familias del interior de fuerte raigambre española y campesina, Los Santos conservó tradiciones, formas de hablar, música y costumbres que se volvieron emblema de lo panameño. La provincia es tierra de la mejorana —el instrumento y el género musical—, de las décimas cantadas, del tamborito y de una devoción religiosa profunda que se expresa en fiestas patronales por todo su territorio.
Su capital, Las Tablas, es una histórica ciudad del interior que resguarda ese legado. La vida rural de Los Santos, con sus haciendas ganaderas, sus pueblos de calles empedradas e iglesias coloniales, mantiene un ritmo pausado y tradicional que contrasta con la modernidad de la capital del país.
Las Tablas, capital de Los Santos, es célebre por dos cosas. La primera es su carnaval, considerado el más famoso y espectacular de Panamá, con su tradicional rivalidad entre las 'tunas' de Calle Arriba y Calle Abajo, sus carros alegóricos, sus reinas, sus 'mojaderas' y sus cuatro días de fiesta desbordante. La segunda es ser tierra de la pollera, el traje típico nacional, cuya confección artesanal —de meses de bordado— se celebra cada año en el Festival Nacional de la Pollera.
Esa concentración de tradiciones —el tamborito, la cumbia, la mejorana, las fiestas patronales, la religiosidad popular— hace de Los Santos el epicentro del folclore panameño. Pocos lugares condensan tan intensamente la identidad cultural del país como esta pequeña provincia del sur de Azuero.
El extremo sureste de la provincia, en torno al tranquilo pueblo de Pedasí, se ha convertido en uno de los destinos costeros de moda de Panamá. Sus playas de mar abierto, la cercana Isla Iguana —refugio de vida silvestre y arrecifes de coral— y el ambiente relajado del pueblo atraen a amantes de la naturaleza, la pesca deportiva y el mar.
A pocos kilómetros, Playa Venao es hoy una de las mecas del surf del país y sede de eventos internacionales, con un ambiente bohemio y cosmopolita que ha transformado esta antigua caleta de pescadores. La combinación de olas de clase mundial, playas vírgenes y proximidad a la tradición folclórica de Azuero hace de la costa santeña un destino en pleno auge.
La costa de Los Santos es también un santuario de vida marina. En la Isla de Cañas, un extenso arenal cerca de Tonosí, cada año anidan miles de tortugas marinas —sobre todo lora y verde— en una de las mayores arribadas del país, un espectáculo que se ha convertido en atractivo de turismo responsable gestionado por las comunidades locales.
Entre julio y octubre, las aguas del Pacífico santeño reciben la llegada de las ballenas jorobadas, que acuden a reproducirse y criar a sus ballenatos, y que pueden avistarse en excursiones desde Pedasí y Playa Venao. Naturaleza, surf y tradición conviven así en una provincia que combina el Panamá más folclórico con el más marino y aventurero.