La comarca Guna Yala —hasta 1998 llamada oficialmente San Blas— es el territorio autónomo del pueblo guna (o kuna, en la grafía antigua), en la costa caribeña oriental de Panamá. Se extiende por una angosta franja continental y por un archipiélago de más de 360 islas de coral, arena y palmeras, de las cuales apenas unas cincuenta están habitadas.
El pueblo guna, que en tiempos precolombinos vivía en la selva del Darién y las montañas del interior, se fue trasladando a las islas costeras entre los siglos XVIII y XIX, buscando escapar de las enfermedades del continente, de los mosquitos y de la presión colonial. Allí desarrollaron una sociedad de organización matrilineal y de gran cohesión, célebre por sus 'molas', los coloridos textiles cosidos a mano con técnica de aplicación inversa que son el emblema de su cultura.
Tras la independencia de 1903, el joven Estado panameño buscó 'civilizar' a los guna e integrarlos por la fuerza a la cultura occidental. Se instalaron destacamentos de policía en las islas, se prohibieron ceremonias y rituales, y se presionó a las mujeres para que abandonaran la mola, el aro nasal y sus adornos tradicionales, imponiéndoles vestimenta occidental. En algunas islas se llegó a horadar por la fuerza la nariz de las mujeres.
Esa política de asimilación agresiva, junto con los abusos de la policía colonial, encendió un profundo resentimiento en el pueblo guna, que veía amenazada su identidad, su religión y su autonomía. La tensión se acumuló durante años hasta desbordarse en 1925 en un levantamiento armado.
El hecho fundacional de la autonomía guna fue la Revolución Dule (o Revolución Guna/Tule), estallada en febrero de 1925. Liderados por Nele Kantule, jefe de la isla de Ustupu, y Simral Colman, jefe de Ailigandí, y con el respaldo del aventurero estadounidense Richard Marsh, los guna se levantaron en armas, atacaron los puestos policiales, expulsaron a la policía colonial y llegaron a proclamar una efímera República de Tule.
El 4 de marzo de 1925 se alcanzó un acuerdo, con mediación de Estados Unidos, que puso fin a las hostilidades a cambio de que el Estado panameño respetara las costumbres, la religión y las formas de organización guna. Aquel pacto sentó las bases del reconocimiento de su territorio, que se formalizó en 1938 y quedó plenamente organizado como comarca en 1953. Fue la primera autonomía indígena reconocida en América, un modelo pionero de autogobierno.
Guna Yala se rige por el Congreso General Guna y por sus 'saglas' (jefes tradicionales), que administran la comarca con amplia autonomía sobre su territorio, su turismo y sus recursos. El pueblo guna controla el acceso de visitantes a las islas, que reciben a viajeros atraídos por sus playas de arena blanca, aguas turquesa y cultura viva, alojados en cabañas sencillas gestionadas por las comunidades.
La venta de molas, la pesca, el coco y el turismo son pilares de la economía comarcal. Las molas, verdaderas obras de arte textil que representan animales, plantas y motivos geométricos, se han convertido en un símbolo de Panamá y en una fuente de ingresos y de orgullo cultural para las mujeres guna, que las cosen y las visten como parte de su indumentaria diaria.
Hoy el gran desafío de la comarca es el cambio climático: la subida del nivel del mar y la erosión amenazan las islas más bajas y densamente pobladas. En 2024, la comunidad de Gardí Sugdub protagonizó uno de los primeros traslados planificados de una población entera al continente por causas climáticas, un caso que dio la vuelta al mundo.
Guna Yala se ha convertido así en símbolo mundial tanto de la resistencia y la autonomía indígena como de la vulnerabilidad de los pueblos costeros ante el calentamiento global. En sus islas conviven la memoria de la revolución de 1925, la vitalidad de una cultura que resistió la asimilación y la conciencia de un futuro incierto marcado por el ascenso de las aguas.