El territorio de Coclé fue uno de los grandes centros de las culturas precolombinas del istmo, corazón de la llamada 'Gran Coclé', tradición cultural que floreció durante más de dos milenios hasta el siglo XVI. En sitios arqueológicos como Sitio Conte y El Caño se hallaron ricos enterramientos con exquisitas piezas de orfebrería en oro, pectorales, cerámica policromada y objetos ceremoniales que revelan cacicazgos poderosos y una notable jerarquía social.
Sitio Conte fue excavado en las décadas de 1930 y 1940 por arqueólogos de Harvard y de la Universidad de Pensilvania, que sacaron a la luz tumbas de élite con espectaculares ajuares. En El Caño, hoy parque arqueológico, las excavaciones dirigidas por la arqueóloga panameña Julia Mayo destaparon en 2022 y 2024 tumbas repletas de oro con evidencias de sacrificios humanos, confirmando el poder de aquellas élites y renovando el interés mundial por la orfebrería coclesana.
La presencia española llegó temprano a Coclé: el 20 de mayo de 1522, en tiempos de Pedrarias Dávila, se fundó Natá de los Caballeros, uno de los poblados de origen colonial más antiguos que perviven en tierra firme americana. Su fundación se hizo en una región que los indígenas defendieron con firmeza bajo el liderazgo del cacique Urracá, cuya larga guerra contra los españoles lo convirtió en símbolo nacional de la resistencia.
La iglesia de Natá, dedicada a Santiago Apóstol, es uno de los templos coloniales más antiguos en pie del continente y guarda notables tallas y retablos. El pueblo, con su trazado colonial y sus casonas de tejas, conserva el aire de la antigua villa española y es un testimonio vivo de los primeros siglos de la colonización del istmo.
La capital provincial, Penonomé, tiene una larga historia: según la tradición, llegó a funcionar brevemente como capital del istmo durante la colonia, en los años que siguieron a la destrucción de la ciudad de Panamá por el pirata Henry Morgan en 1671. Situada en el corazón del país, la ciudad se consolidó como centro agrícola, comercial y administrativo del interior.
Coclé forma parte del llamado 'Arco Seco', la franja del Pacífico central de clima más seco, dedicada históricamente a la caña de azúcar, la ganadería, el cultivo de arroz y la producción de sal. Su carnaval, sus tradicionales balseadas por el río Zaratí y sus fiestas campesinas la hacen una de las provincias de identidad interiorana más marcada, con fuerte apego a las tradiciones y al folclore.
El gran destino turístico de Coclé es El Valle de Antón, un pueblo de montaña asentado dentro del cráter de un antiguo volcán inactivo, considerado uno de los cráteres habitados más grandes del mundo. A unos 600 metros de altura, disfruta de un clima fresco y primaveral todo el año que lo convirtió en refugio de veraneo desde tiempos coloniales.
Rodeado de cerros como el Gaital y la silueta de la India Dormida, ofrece senderos, cascadas, aguas termales, un colorido mercado artesanal y las célebres ranas doradas endémicas, símbolo nacional de Panamá y hoy en peligro crítico. Su combinación de naturaleza, clima agradable y cercanía a la capital lo han hecho uno de los lugares más queridos por panameños y visitantes.
Hacia la cordillera, en las alturas del Parque Nacional Omar Torrijos (El Copé), sobrevive un bosque nuboso de gran biodiversidad, donde el bosque atlántico y el pacífico se encuentran y es posible ver quetzales y una asombrosa variedad de aves y anfibios. Es un destino de senderismo y observación de naturaleza aún poco masificado.
Sobre la costa del Pacífico, la zona de Farallón, Playa Blanca y Santa Clara concentra algunas de las playas y resorts más populares del país, a poco más de dos horas de la capital, herederas de la antigua base militar de Río Hato. Entre el cráter de El Valle, las montañas de El Copé y las playas de arena, Coclé condensa buena parte de la diversidad de paisajes del Panamá central.