El territorio de Chiriquí fue hogar de pueblos indígenas del occidente istmeño —ngäbe, buglé, dorasques y doraces—, muchos de los cuales resistieron con firmeza la conquista. Su figura mayor fue el cacique Urracá, que desde las montañas de Veraguas y Chiriquí combatió a los españoles durante casi una década en la primera mitad del siglo XVI, infligiéndoles duras derrotas y convirtiéndose en símbolo nacional de la lucha indígena. Su legado perdura en la vecina comarca Ngäbe-Buglé y en las comunidades indígenas de la provincia.
En el sitio arqueológico de Barriles, cerca de Volcán, se han hallado esculturas de piedra, metates y estatuas de personajes cargando a otros sobre los hombros, testimonio de una cultura precolombina compleja que habitó las fértiles tierras altas de la provincia siglos antes de la conquista.
Durante la colonia, Chiriquí fue una región ganadera y agrícola de frontera, alejada de la ruta de tránsito interoceánico y con estrechos lazos hacia Costa Rica y el occidente. La ciudad de David, su capital, fue fundada en el siglo XVII y sobrevivió a repetidos ataques indígenas y a incursiones de grupos misquitos respaldados por los británicos, que llegaron a arrasarla en 1732.
Con el crecimiento de la provincia en el siglo XIX, David resurgió y se consolidó con el tiempo como el gran centro urbano, comercial y de servicios del occidente panameño. Hoy es la tercera ciudad del país y el nudo económico de toda la región, punto de partida hacia las tierras altas y las islas del golfo.
En las tierras altas de Chiriquí, a la sombra del Volcán Barú, el clima fresco y los suelos volcánicos dieron origen a una de las grandes tradiciones cafeteras del mundo. Boquete —cuyo distrito se creó oficialmente en 1911—, Volcán, Cerro Punta y Guadalupe se convirtieron en centros de producción de café de altura. Allí se cultiva la variedad Geisha, originaria de Etiopía y aclimatada en Panamá, que ha batido récords mundiales de precio en subastas y ha dado fama internacional al 'Circuito del Café' chiricano.
La región recibió a lo largo de los siglos XIX y XX inmigrantes europeos y norteamericanos, así como comunidades ngäbe que cada temporada bajan a trabajar en la cosecha del café. Hoy Boquete es también un imán para jubilados extranjeros, atraídos por su clima primaveral, sus jardines, sus aguas termales y su ambiente tranquilo, y celebra cada enero su famosa Feria de las Flores y el Café.
Chiriquí concentra algunos de los mayores tesoros naturales de Panamá. El Volcán Barú, con 3.475 metros, es el punto más alto del país: desde su cumbre, en días excepcionalmente despejados, pueden verse a la vez el océano Pacífico y el mar Caribe, un espectáculo que muchos ascienden de madrugada para contemplar al amanecer.
En las alturas fronterizas con Costa Rica, el Parque Internacional La Amistad —Patrimonio de la Humanidad y reserva binacional dentro de la cordillera de Talamanca— protege un vasto bosque nuboso de biodiversidad extraordinaria, hogar del resplandeciente quetzal. El célebre Sendero Los Quetzales conecta Boquete y Cerro Punta a través de este paraíso de aves y niebla, uno de los grandes destinos de senderismo y observación de naturaleza del país.
Sobre el Pacífico, el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí resguarda decenas de islas, arrecifes y manglares, con destinos como Isla Boca Brava, punto de partida para explorar aguas ricas en vida marina, avistar ballenas en temporada y disfrutar de playas solitarias. Más al oeste, las extensas playas de Las Lajas ofrecen kilómetros de arena abierta al océano.
Montaña, bosque nuboso, café y mar hacen de Chiriquí una de las provincias más diversas de Panamá, capaz de ofrecer en un mismo día el frío de las tierras altas y el calor del trópico costero. Su fuerte identidad regional, su folclore —con el tambor chiricano— y su vitalidad económica la convierten en uno de los polos más dinámicos del interior del país.