Volendam nació como un humilde pueblo de pescadores en la orilla del Zuiderzee, el gran mar interior que durante siglos definió la vida de esta parte de los Países Bajos. Sus orígenes se remontan a fines del siglo XIV: por aquel entonces, los habitantes de la vecina Edam decidieron cerrar con un dique el brazo de agua que conectaba su puerto con el Zuiderzee, abriendo un nuevo canal directo al mar. El antiguo puerto quedó así obstruido o 'colmado', y de ese hecho deriva el propio nombre del lugar, 'Vollendam' o 'Volle-dam', que puede entenderse como 'el dique lleno' o 'el dique que colma el puerto'.
Alrededor de ese dique, un grupo de pescadores fue levantando sus casas de madera, dando forma a una comunidad que vivía exclusivamente del mar. La pesca del arenque y de la anguila en las aguas salobres del Zuiderzee se convirtió en el sustento de generaciones enteras de volendammers. El pueblo creció apretado contra el dique, con su característico puerto, sus muelles y sus barcas de fondo plano adaptadas a las aguas poco profundas del mar interior.
Esa dependencia total del mar moldeó no solo la economía, sino también la identidad de Volendam: una comunidad cerrada, profundamente religiosa y con fuertes tradiciones propias, que se mantuvo católica incluso después de que buena parte de Holanda se volcara al protestantismo tras la Reforma. Esa singularidad religiosa y cultural contribuyó a preservar el carácter único del pueblo a lo largo de los siglos.
Si hay algo que hizo célebre a Volendam en el mundo entero es su traje tradicional, uno de los más reconocibles de todos los Países Bajos. El atuendo femenino incluye el inconfundible 'hul', un gorro de encaje blanco con las puntas levantadas que parece dos pequeñas alas, además de faldas a rayas, delantales y un corpiño ricamente decorado. Los hombres vestían pantalones bombachos oscuros, chaqueta y gorra, en un conjunto pensado para la vida en el mar y en el muelle.
A diferencia de otros lugares donde la vestimenta regional desapareció, en Volendam el traje sobrevivió como símbolo de identidad y orgullo, y todavía hoy algunos vecinos mayores lo usan en la vida cotidiana o en las fiestas. Esa pervivencia, sumada a la pintoresca estampa del puerto, convirtió a Volendam en un imán para artistas y viajeros desde fines del siglo XIX.
De esa fascinación nació una tradición que sigue muy viva: la de retratarse vestido con el traje típico en los estudios fotográficos del pueblo. Lo que empezó cuando los primeros turistas y pintores querían un recuerdo con la indumentaria local se transformó en uno de los grandes atractivos actuales de Volendam, donde miles de visitantes se fotografían cada año ataviados como auténticos pescadores y aldeanas del Zuiderzee.
A fines del siglo XIX, Volendam se convirtió en un destino predilecto de pintores de toda Europa, atraídos por la luz del Zuiderzee, los trajes coloridos y la vida sencilla del pueblo de pescadores. Llegaron artistas de los Países Bajos, Alemania, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países, en lo que se conoció como la 'colonia de artistas' de Volendam. Pintaban el puerto, las barcas, los interiores de las casas y, sobre todo, a sus habitantes con la indumentaria tradicional.
El epicentro de esa efervescencia artística fue el Hotel Spaander, fundado en 1881 por Leendert Spaander. Muchos pintores que no podían pagar su estadía la abonaban con sus obras, de modo que las paredes del hotel se fueron cubriendo de cuadros. Con el tiempo, el Spaander acumuló una de las colecciones de arte más singulares del país, con cientos de pinturas que aún hoy decoran sus salones, convirtiéndolo en un verdadero museo viviente de aquella época dorada.
Se ha dicho, incluso, que artistas de la talla de Pablo Picasso o Pierre-Auguste Renoir habrían pasado por Volendam, aunque estos relatos forman parte de la tradición local y conviene tomarlos con cautela. Lo indudable es que el pueblo dejó una huella en la historia del arte de fines del siglo XIX y que esa fama de villa pintoresca, alimentada por los pintores, sentó las bases del turismo que hoy lo sostiene.
El acontecimiento que más transformó la vida de Volendam en el siglo XX fue una de las mayores obras hidráulicas de la historia neerlandesa: el cierre del Zuiderzee. En 1932 se completó la Afsluitdijk, un enorme dique de unos 32 kilómetros que separó el mar interior del Mar del Norte. Con esa obra, las aguas saladas del Zuiderzee se fueron transformando en el lago de agua dulce que hoy se conoce como IJsselmeer.
Para una comunidad que vivía de la pesca del arenque y la anguila en aguas saladas, el cambio fue dramático. El cierre del mar interior alteró por completo el ecosistema, hizo desaparecer las pesquerías tradicionales y obligó a Volendam a reinventarse. Muchos pescadores tuvieron que cambiar de oficio, y el pueblo empezó a mirar cada vez más hacia el turismo como nueva fuente de vida.
Paradójicamente, aquella misma estampa que el cierre del Zuiderzee parecía condenar —el puerto, las barcas, los trajes, la vida tradicional— se convirtió en el gran capital de Volendam. El pueblo supo conservar y poner en valor su patrimonio, de manera que la pesca, que dejó de ser un sustento económico central, sobrevive hoy sobre todo como atractivo cultural: las casas de pescado ahumado, los puestos de arenque y de kibbeling en el muelle son herederos directos de aquella tradición marinera.
Pocos imaginarían que un pequeño pueblo de pescadores se convertiría en una auténtica cantera de estrellas de la música popular neerlandesa, pero eso es exactamente lo que ocurrió en Volendam. Desde mediados del siglo XX, el pueblo dio origen a un género y una escena conocidos como el 'Palingsound' (literalmente, 'el sonido de la anguila', en referencia a la tradición pesquera local), que se convirtió en sinónimo de música pop y folk hecha en Volendam.
De esta pequeña comunidad salieron algunos de los artistas y bandas más populares de los Países Bajos. The Cats, una banda surgida en los años sesenta, alcanzó enorme éxito y se considera el origen del Palingsound. Más tarde llegarían figuras como Jan Smit, BZN y numerosos cantantes que mantuvieron viva esa tradición y llevaron el nombre de Volendam a las listas de éxitos del país. La proporción de músicos famosos por habitante convirtió al pueblo en un caso casi único.
Esa vocación musical sigue siendo parte de la identidad volendammer y se respira en sus bares, sus fiestas y sus eventos. La música, junto al traje típico, el puerto y la gastronomía marinera, completa el retrato de un pueblo que supo transformar su tradición y su carácter en una marca cultural reconocible en todo el país.