El norte montañoso de Montenegro —las Brda, o "tierras altas"— fue durante siglos un mundo aparte, habitado por clanes guerreros semiautónomos como los Vasojevići, Piperi, Bjelopavlići, Kuči o Drobnjaci. Organizados en tribus (plemena) con derecho consuetudinario propio, estos montañeses combinaban la ganadería trashumante con una tradición marcial ferozmente independiente.
Durante la larga resistencia contra los otomanos, estas tierras altas funcionaron como frontera móvil: nominalmente turcas, pero de hecho ingobernables. A lo largo de los siglos XVIII y XIX se fueron uniendo al núcleo de la Vieja Montenegro alrededor de Cetinje, ampliando el país hacia el norte y el este. Su cultura de honor, hospitalidad y venganza de sangre inspiró buena parte de la épica nacional montenegrina.
El macizo del Durmitor, alrededor de la localidad de Žabljak (la población más alta de los Balcanes), es el corazón de la montaña montenegrina. Sus más de cuarenta picos por encima de los 2.000 metros, coronados por el Bobotov Kuk (2.523 m), y sus dieciocho lagos glaciares —los "ojos de montaña", entre ellos el célebre Lago Negro— fueron modelados por antiguos glaciares.
Declarado parque nacional en 1952 e inscrito en el Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1980, el Durmitor es un santuario de naturaleza alpina, bosques de pino negro y vida salvaje. Fue también escenario de guerra: en estas montañas los partisanos de Tito libraron duros combates durante la Segunda Guerra Mundial, aprovechando el terreno para la guerrilla. Hoy es el gran destino de senderismo, esquí y montañismo del país.
El río Tara ha excavado durante milenios el cañón más profundo de Europa: unos 1.300 metros de paredes verticales a lo largo de 78 kilómetros, superado en el mundo solo por el Gran Cañón del Colorado. Protegido dentro del parque nacional del Durmitor y reconocido por la UNESCO, el Tara es una reserva de agua purísima y de bosques primarios, y hoy la meca del rafting montenegrino.
Sobre el cañón se tiende el puente de Đurđevića Tara, una elegante obra de arcos de hormigón inaugurada en 1940. Su historia guarda un episodio dramático: durante la ocupación de 1942, uno de sus propios constructores, el ingeniero Lazar Jauković, participó en la voladura de un arco para frenar el avance del Eje; fue capturado y fusilado por los italianos junto al puente que había ayudado a levantar. El arco fue reconstruido después de la guerra, y una placa recuerda su sacrificio.
Aunque más cercano a la costa que al gran norte, el monte Lovćen pertenece al mismo mundo de la alta Montenegro y es, para los montenegrinos, la montaña sagrada por excelencia. De su nombre, Crna Gora ("montaña negra"), derivó el del país entero: sus laderas cubiertas de bosque oscuro dieron nombre a toda la nación.
Declarado parque nacional en 1952, el Lovćen fue el bastión natural de la Vieja Montenegro, la fortaleza desde la que Cetinje resistió durante siglos. En su cima descansa, en un mausoleo monumental, el príncipe-poeta Njegoš. Subir al Lovćen es asomarse a un mirador desde el que, en días claros, se abarca casi todo el país: la bahía de Kotor, el lago Skadar, las montañas del norte y el Adriático. No es casual que sea el símbolo geográfico y espiritual de la identidad montenegrina.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la Yugoslavia socialista intentó desarrollar el norte con minería, industria y explotación forestal, y ciudades como Nikšić o Pljevlja crecieron alrededor de fábricas y minas de carbón. Pero el interior montañoso siguió siendo la región más pobre y aislada del país.
Con el fin del socialismo y las guerras de los noventa, el norte sufrió el cierre de industrias, el desempleo y una fuerte emigración hacia la costa y hacia el exterior, que ha dejado muchos pueblos casi vacíos. Al mismo tiempo, sus paisajes —Durmitor, Tara, Prokletije, Biogradska Gora— se han convertido en el gran activo del turismo de naturaleza y aventura, visto por muchos como la única vía de futuro para una región espectacular pero desangrada por la despoblación. En esa tensión entre la belleza salvaje y el vaciamiento demográfico se juega buena parte del porvenir del Montenegro profundo.