A unos cincuenta kilómetros al norte de Chișinău, sobre un promontorio rocoso que domina un meandro del río Răut, se encuentra Orheiul Vechi, el sitio histórico más importante de Moldavia. Es un lugar habitado de forma casi continua durante más de dos mil años: hay huellas de los dacios, de asentamientos de la época de la Horda de Oro —cuando los mongoles fundaron aquí una ciudad llamada Shehr al-Jadid— y de fortificaciones del tiempo de Esteban el Grande.
Su imagen más célebre es la del monasterio rupestre excavado en el acantilado de piedra caliza, con una pequeña iglesia cuya cruz asoma sobre el precipicio. Monjes ortodoxos cavaron estas celdas en la roca hace siglos, y el conjunto, entre el río, las colinas y las ruinas, ofrece el paisaje más icónico del país. Orheiul Vechi es hoy un complejo museístico y arqueológico y aspira a entrar en la lista del patrimonio mundial.
Más al norte, a orillas del Dniéster que marca la frontera con Ucrania, la ciudad de Soroca guarda una de las mejores fortalezas medievales del país. Esteban el Grande levantó aquí en 1499 una primera fortificación de madera, que su hijo Petru Rareș reconstruyó luego en piedra dándole su característica planta circular con cinco bastiones. Formaba parte de una cadena de fortalezas destinadas a defender Moldavia de las incursiones tártaras y otomanas.
Soroca es conocida además por la llamada "Colina de los Gitanos", un barrio de mansiones extravagantes construidas por familias romaníes acomodadas, que se ha vuelto una curiosidad arquitectónica única. La ciudad, con su fortaleza asomada al río, resume el papel de frontera y de plaza defensiva que el norte moldavo cumplió durante siglos.
Junto al Dniéster, cavado en un acantilado, se extiende el monasterio de Țipova, considerado el mayor complejo monástico rupestre de Moldavia. Sus celdas e iglesias, excavadas en distintos niveles de la pared de piedra, se remontan según la tradición a varios siglos atrás, y las leyendas locales lo vinculan incluso con episodios de la historia y el folclore del principado.
El entorno, con cascadas, senderos y vistas al valle del Dniéster, lo convierte en uno de los rincones naturales más bellos del país. Como Orheiul Vechi, Țipova muestra la larga tradición del monacato rupestre en esta región, donde los monjes ortodoxos buscaron el aislamiento y el recogimiento tallando sus refugios directamente en la roca.
Muy cerca se encuentra el monasterio de Saharna, uno de los mayores centros de peregrinación de Moldavia. El lugar combina un monasterio activo con un paraje natural de bosques, gargantas y una serie de cascadas escalonadas que atraen tanto a fieles como a excursionistas. La tradición cuenta que aquí se apareció la Virgen y que en el monasterio se conservan reliquias veneradas, lo que reforzó su fama de sitio sagrado.
Saharna, Țipova y Orheiul Vechi forman, a lo largo del Dniéster, una especie de ruta espiritual y paisajística que condensa buena parte del atractivo del norte moldavo: naturaleza, fe ortodoxa y una historia que se hunde en el tiempo del principado.
Toda la región norte estuvo históricamente marcada por su condición de frontera a lo largo del Dniéster, primero frente a los tártaros y otomanos, y más tarde como límite entre imperios. Esa posición explica la densidad de fortalezas y de monasterios rupestres: el norte fue a la vez la línea de defensa militar del principado y un refugio para la vida religiosa.
Es, además, una región agrícola profunda, de tierras fértiles y pueblos tradicionales donde perviven las costumbres del campo moldavo. Menos poblada y más rural que el centro, conserva un aire de Moldavia antigua que la vuelve especialmente evocadora para quien quiere entender las raíces del país.