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Historia · Marruecos

Historia de Marrakech y la costa atlántica

Marrakech: la capital que dio nombre al país

Marrakech es una ciudad imperial nacida del desierto y de la fe. La fundaron hacia 1070 los almorávides, los guerreros bereberes venidos del Sahara, como capital de su imperio y base para el control de las rutas caravaneras que subían del sur cargadas de oro, sal y esclavos. De ella tomó nombre todo el país: "Marruecos" no es más que la deformación europea de "Marrakech". Los almorávides la dotaron de murallas de tierra roja —el color que le vale el apodo de "Ciudad Roja"— y de las khettaras, galerías subterráneas que traían el agua del Atlas para regar los inmensos palmerales.

En 1147 la conquistaron los almohades, que hicieron de ella su capital y la embellecieron con su obra más célebre: la mezquita de la Koutoubia, cuyo alminar de casi setenta metros, hermano de la Giralda de Sevilla, domina todavía la ciudad y es su símbolo. Bajo los almohades, Marrakech fue una de las mayores ciudades del mundo islámico, centro de poder de un imperio que iba de España a Túnez. Más tarde, con los meriníes, el poder se trasladó a Fez y Marrakech perdió protagonismo, pero nunca su prestigio.

En el siglo XVI recobró su esplendor con los saadíes, que la volvieron a hacer capital y la llenaron de monumentos. El corazón de la ciudad sigue siendo su medina, hoy Patrimonio Mundial, un laberinto de zocos, mezquitas, riads y talleres artesanales que se organiza en torno a la plaza Jemaa el-Fna, un espacio único donde desde hace siglos se reúnen cuentacuentos, encantadores de serpientes, músicos gnawa, aguadores y puestos de comida. La Unesco la declaró Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, reconocimiento a una tradición viva de teatro callejero que se remonta al Marruecos medieval.

https://en.wikipedia.org/wiki/Marrakeshhttps://whc.unesco.org/en/list/331/

Palacios saadíes, jardines y la Marrakech de los artistas

El siglo XVI saadí dejó en Marrakech algunos de sus tesoros más admirados. El sultán Ahmad al-Mansur, enriquecido con el rescate de los nobles portugueses caídos en Alcazarquivir y con el oro de Tombuctú, levantó el palacio de El Badi ("el Incomparable"), revestido de mármol de Italia y oro de Sudán, del que hoy quedan solo las imponentes ruinas. De aquella dinastía se conservan intactas las tumbas saadíes, un mausoleo real de una filigrana asombrosa en estuco, mármol y cedro que un sultán alauí posterior, Muley Ismail, mandó tapiar; permanecieron ocultas y olvidadas hasta que fueron redescubiertas en 1917.

Más tarde, bajo los alauíes y durante el protectorado, la ciudad se enriqueció con palacios como el Bahia, residencia de un gran visir del siglo XIX, y con jardines que se hicieron célebres en el mundo entero. El más famoso es el Jardín Majorelle, creado en los años veinte y treinta por el pintor francés Jacques Majorelle, con su intenso azul cobalto —el "azul Majorelle"—, y salvado décadas después por el modisto Yves Saint Laurent, que lo restauró y cuyas cenizas reposan allí.

Esa mezcla de esplendor histórico y luz del sur convirtió a Marrakech, desde mediados del siglo XX, en un imán para artistas, escritores y viajeros: de Winston Churchill, que la pintaba, a los músicos y cineastas que la eligieron como refugio. Hoy es el gran centro turístico de Marruecos, un lugar donde los riads restaurados, los hoteles de lujo y las galerías conviven con los zocos milenarios, los curtidores y la vida cotidiana de la medina, a la sombra de las cumbres nevadas del Atlas.

https://en.wikipedia.org/wiki/Saadian_Tombshttps://en.wikipedia.org/wiki/Majorelle_Garden

Esauira, la vieja Mogador: puerto cosmopolita y judío

En la costa atlántica, batida por los vientos alisios, Esauira es una de las ciudades con historia más singular de Marruecos. En su bahía, los fenicios explotaron ya la púrpura en las islas Purpurarias, y los portugueses construyeron en el siglo XVI una fortaleza que llamaron Mogador, una de sus plazas en el litoral. Pero la ciudad tal como se ve hoy nació en 1764-1765, cuando el sultán alauí Sidi Mohammed ben Abdallah decidió crear un gran puerto real para canalizar el comercio con Europa y encargó su trazado a arquitectos europeos, que la diseñaron con planta regular y sólidas murallas abaluartadas.

El sultán quiso hacer de Esauira el gran emporio del comercio exterior marroquí y para ello atrajo a comerciantes judíos, a los que concedió privilegios: llegaron a formar cerca de la mitad de la población, y algunas familias, los "comerciantes del rey", manejaron el tráfico de mercancías con Europa y el interior de África. Durante más de un siglo, Esauira fue el principal puerto atlántico del país, un lugar cosmopolita donde convivían musulmanes, judíos y cónsules europeos, con su mellah, sus sinagogas y su intenso comercio de goma arábiga, azúcar, marfil y avestruces.

El declive comercial llegó con el auge de Agadir y Casablanca, pero Esauira conservó su encanto de ciudad detenida en el tiempo. En el siglo XX se convirtió en refugio de artistas y músicos —el mismísimo Jimi Hendrix pasó por aquí, alimentando toda clase de leyendas— y en cuna del festival de música gnawa, la tradición de los descendientes de esclavos subsaharianos. Su medina amurallada, magnífico ejemplo de ciudad fortificada del siglo XVIII de traza europea aplicada al norte de África, es Patrimonio de la Humanidad desde 2001.

https://whc.unesco.org/en/list/753/https://en.wikipedia.org/wiki/Essaouira

Agadir: de plaza portuguesa a ciudad renacida del terremoto

En el sur atlántico, donde las llanuras del Sus se abren al océano, Agadir tiene una historia de fortificaciones, comercio y catástrofe. A comienzos del siglo XVI, los portugueses levantaron aquí una plaza fuerte, Santa Cruz do Cabo de Gué, parte de su cadena de posiciones en la costa marroquí. Pero en 1541 los saadíes, en plena ofensiva para expulsar a los cristianos, se la arrebataron: la caída de Agadir fue un golpe tan duro para Portugal que precipitó el abandono de casi todas sus demás plazas atlánticas del país.

Bajo los sultanes, Agadir fue un puerto activo, aunque su suerte osciló según los intereses del poder: en el siglo XVIII, Sidi Mohammed ben Abdallah lo cerró para favorecer a su nueva Esauira. En 1911, la ciudad saltó a la primera plana mundial con la "crisis de Agadir", cuando el envío de un cañonero alemán a su bahía, para desafiar la expansión francesa, estuvo a punto de desencadenar una guerra europea, tres años antes de la Primera Guerra Mundial.

La fecha que marcó a Agadir fue, sin embargo, el 29 de febrero de 1960. Esa noche, un violento terremoto arrasó la ciudad en apenas quince segundos y causó unos 12.000 a 15.000 muertos, casi un tercio de su población. Fue una de las mayores tragedias de la historia moderna de Marruecos. El rey Mohamed V decidió reconstruir la ciudad entera unos kilómetros más al sur, con criterios antisísmicos y trazado moderno. Por eso Agadir es hoy una ciudad nueva, sin medina antigua, volcada al turismo de playa y de sol: el gran balneario del país, con largas arenas doradas y clima suave todo el año, sobre las ruinas de una historia mucho más vieja.

https://en.wikipedia.org/wiki/Agadirhttps://en.wikipedia.org/wiki/1960_Agadir_earthquake

El Atlántico, los gnawa y el mestizaje del sur

La costa atlántica marroquí, de Esauira a Agadir, ha sido siempre una frontera de encuentros. Aquí desembocaron las rutas caravaneras que subían del África subsahariana, y con ellas llegaron, junto al oro y la sal, hombres y mujeres esclavizados traídos del sur del Sahara. De sus descendientes nació una de las expresiones culturales más originales de Marruecos: los gnawa, cofradías místico-musicales que fundieron el islam sufí con ritmos, instrumentos y ritos de trance de origen subsahariano. Su música, con el bajo hipnótico del guembri y el repique metálico de las crótalas, se ha convertido en un emblema de Marruecos y en imán de músicos de todo el mundo, sobre todo en el festival de Esauira.

Esta región es también el país de los amazigh del sur, en particular los chleuh o shilha del Sus y del Antiatlas, que hablan su propia variante del tamazight, el tashelhit. Agricultores del argán y del azafrán, comerciantes tenaces —muchos de los tenderos y ultramarinos de las ciudades marroquíes proceden del Sus—, mantienen vivas tradiciones, poesía y música propias. De sus tierras procede el aceite de argán, exclusivo del suroeste marroquí, hoy célebre en el mundo entero por sus usos culinarios y cosméticos.

La costa atlántica combina, así, tres mundos: el del Atlas y los pueblos bereberes del interior, el de los puertos abiertos al comercio con Europa y el de las herencias africanas llegadas por el desierto. Ese mestizaje —bereber, árabe, andalusí, judío, subsahariano y europeo— es la marca de identidad de todo el sur de Marruecos, y en pocos lugares se percibe tan bien como en las plazas y los zocos de esta franja del país tendida entre el Atlas y el océano.

https://en.wikipedia.org/wiki/Gnawa_musichttps://en.wikipedia.org/wiki/Shilha_people

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📚 Bibliografía

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