Macedonia del Norte es, ante todo, un país montañoso: su territorio está surcado por cadenas y macizos que superan los dos mil metros, con el río Vardar abriéndose paso por el centro. Esa geografía escarpada condicionó su historia —favoreció el aislamiento de comunidades, sirvió de refugio a rebeldes y bandidos, dificultó las comunicaciones— y hoy es uno de sus mayores atractivos naturales.
En estas montañas se conservaron durante siglos formas de vida tradicionales, aldeas de pastores, monasterios escondidos y una naturaleza que en buena parte se protegió mediante parques nacionales, algunos de los más antiguos de los Balcanes.
A muy pocos kilómetros de la capital, el río Treska talló el cañón de Matka, una garganta espectacular con paredes verticales y un lago de tono esmeralda formado por una de las represas más antiguas del país, construida en los años 30. Es una escapada natural inmediata para los habitantes de Skopie.
Matka esconde además un patrimonio doble: en sus laderas se refugian varios monasterios e iglesias medievales, y en sus entrañas se abren cuevas como la de Vrelo, considerada una de las más profundas del mundo bajo el agua. Kayak, senderismo y espeleología conviven en un rincón sorprendentemente accesible.
En el oeste, junto a la frontera con Albania y Kosovo, se extiende el Parque Nacional de Mavrovo, el mayor del país, creado en 1949. Abarca altas montañas —incluido el Korab, el pico más alto de Macedonia del Norte—, bosques, un lago artificial y una rica fauna que incluye al amenazado lince balcánico, una de las especies más raras de Europa.
Es una región de doble estación: en invierno funciona la principal estación de esquí del país; en verano se llena de senderistas. En el corazón del parque, la iglesia semisumergida de San Nicolás, cuyo campanario asoma sobre el agua del embalse, se volvió una de las imágenes más reconocibles de Macedonia del Norte.
Dentro y alrededor de Mavrovo se encuentra la comarca de Reka, una zona de aldeas de montaña con una fuerte identidad tradicional. La más famosa es Galičnik, célebre por su Boda de Galičnik (Galička Svadba), una ceremonia colectiva que cada verano recrea, con trajes y música, las bodas tradicionales de la región y que se convirtió en un símbolo del folclore nacional.
Estas aldeas fueron cuna de artesanos, constructores y pintores de iglesias que trabajaron por todos los Balcanes. Hoy muchas están casi despobladas por la emigración, pero conservan iglesias, casas de piedra y costumbres que hacen de la montaña macedonia un reservorio de cultura tradicional.
Las montañas del oeste no son solo naturaleza: fueron escenario de la historia reciente. Buena parte de esta franja tiene población mayoritariamente albanesa, y algunas de sus zonas estuvieron entre los focos del conflicto armado de 2001. La geografía escarpada, que a lo largo de los siglos sirvió de refugio a insurgentes contra los otomanos, volvió a jugar ese papel en tiempos modernos.
Esa combinación —naturaleza protegida, comunidades tradicionales y una historia de tensiones étnicas— hace de la región de las montañas un microcosmos del país: bello, diverso y atravesado por las mismas cuestiones de identidad y convivencia que marcan a toda Macedonia del Norte.