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Historia · Lituania

Historia de Vilna y los alrededores (Trakai, Kernavė)

Vilna, la ciudad que soñó Gediminas

La fundación de Vilna (Vilnius) está envuelta en una de las leyendas más queridas de Lituania. Cuenta la tradición que el gran duque Gediminas, tras una jornada de caza en las colinas de la confluencia de los ríos Neris y Vilnia, se durmió y soñó con un enorme lobo de hierro que aullaba en lo alto de un cerro con la fuerza de cien lobos. Un sacerdote pagano le interpretó el sueño: debía fundar allí una gran ciudad cuya fama resonaría por el mundo entero. Fuera o no cierta la leyenda, lo histórico es que Vilna aparece mencionada por primera vez en unas cartas que el propio Gediminas envió en 1323 invitando a comerciantes y artesanos de toda Europa a establecerse en su nueva capital.

Gediminas convirtió Vilna en el centro político del Gran Ducado y en una ciudad abierta y multiétnica desde su origen. En sus cartas prometía libertad de culto y buenas condiciones a mercaderes alemanes, judíos y de otros pueblos, y bajo esa política la ciudad creció como un cruce de comercios, lenguas y religiones. El castillo alto sobre la colina de Gediminas —cuya torre sigue siendo hoy el símbolo de la ciudad— dominaba el conjunto de fortalezas que protegían la capital.

A lo largo de los siglos, Vilna fue la capital del Gran Ducado, una de las ciudades principales de la Mancomunidad polaco-lituana y un gran foco cultural. Vivió invasiones, incendios y saqueos —el peor, la ocupación rusa de mediados del siglo XVII—, pero siempre resurgió. Su posición como capital histórica de Lituania hizo especialmente dolorosa su pérdida entre 1920 y 1939, cuando quedó en manos polacas, y especialmente simbólica su recuperación como capital de la Lituania independiente.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Vilniushttps://en.wikipedia.org/wiki/Gediminas

El casco barroco, Patrimonio de la Humanidad

El casco histórico de Vilna es uno de los conjuntos barrocos más grandes y mejor conservados de Europa oriental, y por ello fue inscrito en 1994 en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Su trazado medieval de calles estrechas y sinuosas, salpicado de más de un centenar de iglesias de todas las confesiones, se cubrió a partir del siglo XVI de palacios, conventos y templos que combinan el gótico, el renacimiento y, sobre todo, un barroco exuberante conocido como «barroco de Vilna». Joyas como la iglesia de Santa Ana, de ladrillo gótico flamígero —de la que se dice que Napoleón quiso llevársela «en la palma de la mano» a París—, o la de los santos Pedro y Pablo, con sus miles de figuras de estuco, resumen ese esplendor.

El motor cultural de la ciudad fue la Universidad de Vilna, fundada en 1579 por los jesuitas y la más antigua de toda la Europa nororiental. Durante siglos fue el gran centro del saber del Gran Ducado, faro de la Contrarreforma primero y de la ciencia ilustrada después, y su conjunto de patios, aulas y la iglesia de San Juan forma un laberinto arquitectónico en el corazón del casco viejo. De sus aulas salió buena parte de las élites del país, y en el siglo XIX fue foco de las sociedades secretas de estudiantes patriotas que Rusia acabó persiguiendo.

Vilna fue siempre una ciudad de encrucijada, y su patrimonio lo refleja: junto a las iglesias católicas conviven templos ortodoxos, la única iglesia luterana y calvinista, las huellas de las decenas de sinagogas que tuvo el barrio judío, y hasta la memoria de los caraítas y los tártaros. Esa mezcla de pueblos y credos, con Vilna reclamada a la vez como capital por lituanos, polacos, judíos y bielorrusos, hace de su casco viejo un palimpsesto de toda la historia de Europa oriental.

https://whc.unesco.org/en/list/541/https://en.wikipedia.org/wiki/Vilnius_University

La «Jerusalén del Norte»: la Vilna judía

Durante más de cuatro siglos, Vilna fue uno de los grandes centros del judaísmo mundial, hasta el punto de que se la conocía como la «Jerusalén del Norte» o «Jerusalén de Lituania». La comunidad judía, establecida en la ciudad al menos desde el siglo XVI, hizo de ella la capital espiritual e intelectual de los litvaks, los judíos de tradición lituana, célebres por su rigor talmúdico y su cultura del estudio. En su apogeo, Vilna llegó a tener más de un centenar de sinagogas y casas de oración, decenas de academias religiosas y una intensa vida editorial en yidis y hebreo.

La figura que cimentó ese prestigio fue el Gaón de Vilna, Eliyahu ben Shlomo Zalman (1720-1797), uno de los más grandes sabios de la historia del judaísmo. Erudito extraordinario, lideró la corriente rabínica tradicional (mitnagdim) frente al naciente movimiento jasídico, y su autoridad convirtió a Vilna en el gran faro del estudio talmúdico de Europa. En torno a la Gran Sinagoga y su patio de estudio (el shulhoyf) latía un mundo entero de yeshivás, imprentas, bibliotecas y bibliotecas populares que hicieron de la ciudad una referencia para el judaísmo de todo el mundo.

Aquel mundo fue aniquilado en el Holocausto. Bajo la ocupación alemana, los judíos de Vilna fueron encerrados en un gueto y, en su inmensa mayoría, asesinados en las fosas del bosque de Paneriai, a pocos kilómetros de la ciudad. De una comunidad que rondaba las 60.000 personas apenas sobrevivió un puñado. Hoy, la Vilna judía se recuerda en el barrio del antiguo gueto, en el memorial de Paneriai y en los proyectos que estudian y honran aquella civilización desaparecida, incluida la excavación de los restos de la Gran Sinagoga que los soviéticos arrasaron después de la guerra.

https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/vilnahttps://en.wikipedia.org/wiki/Vilna_Gaon

Trakai, el castillo de la isla y los caraítas

A pocos kilómetros de Vilna, entre un rosario de lagos, se alza la imagen más famosa de Lituania: el castillo de Trakai, una fortaleza gótica de ladrillo rojo levantada sobre una isla del lago Galvė. Trakai fue una de las capitales del Gran Ducado en su época de mayor poder: el castillo de la isla, comenzado por el gran duque Kęstutis y terminado por su hijo Vytautas el Grande a comienzos del siglo XV, sirvió de residencia a los grandes duques y de centro del poder lituano. Reconstruido en el siglo XX a partir de sus ruinas, es hoy el monumento más visitado y fotografiado del país.

Lo que hace de Trakai un lugar único no es solo su castillo, sino su pueblo, que alberga a una de las comunidades más singulares de Europa: los caraítas (karaimai). Se trata de un pequeño pueblo de lengua túrquica y religión judía no rabínica que Vytautas el Grande trajo a Trakai hacia 1397-1398 desde Crimea, tras una de sus campañas contra la Horda de Oro, para que sirvieran como guardia de la fortaleza. Aquellas cerca de 380 familias echaron raíces y han conservado durante más de seiscientos años su lengua, su religión, su gastronomía —el célebre pastel de carne kibinai— y sus casas tradicionales de tres ventanas al frente.

Hoy los caraítas de Trakai son una comunidad de apenas unos cientos de personas, una de las minorías étnicas más antiguas y pequeñas del continente, con su casa de oración (kenesa) todavía en pie y un museo dedicado a su cultura. Su presencia, junto a la de los tártaros musulmanes también asentados por Vytautas, es un recordatorio vivo de aquel Gran Ducado medieval que, siendo el mayor Estado de Europa, gobernaba sobre un mosaico de pueblos, lenguas y religiones traídos de los cuatro puntos cardinales.

https://en.wikipedia.org/wiki/Trakaihttps://en.wikipedia.org/wiki/Crimean_Karaites

Kernavė, la primera capital y sus colinas

Río Neris arriba, en un tranquilo paraje de prados y bosques, se encuentra Kernavė, a menudo llamada la primera capital de Lituania y uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del país. Aquí, sobre las terrazas del valle, se conservan cinco imponentes colinas fortificadas (piliakalniai), los montículos que sostuvieron los castillos de madera de la Lituania pagana. Kernavė fue un centro de poder ya en tiempos del rey Mindaugas, en el siglo XIII, y siguió siendo una plaza importante del Gran Ducado hasta que las incursiones de los Caballeros Teutónicos la arrasaron a finales del siglo XIV.

Las excavaciones han revelado en Kernavė una secuencia excepcional de ocupación humana, desde el final de la última glaciación, hace unos once milenios, hasta la Edad Media, lo que la convierte en un archivo único de la prehistoria y protohistoria báltica. Bajo tierra se han hallado los restos de una verdadera ciudad medieval —talleres de artesanos, viviendas, tumbas— que quedó sepultada y preservada tras su destrucción, ofreciendo una ventana intacta a la vida del Gran Ducado en su época pagana.

Por todo ello, el Reserva Arqueológica de Kernavė fue inscrita en 2004 en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco como testimonio sobresaliente de unos once mil años de asentamiento humano y de la Lituania medieval. Cada verano, en torno a la fiesta del solsticio, Kernavė acoge además un gran festival de arqueología viva y cultura báltica antigua, que llena sus colinas de artesanos, guerreros y músicos recreando el mundo pagano de los primeros lituanos.

https://whc.unesco.org/en/list/1137/https://en.wikipedia.org/wiki/Kernav%C4%97

Druskininkai, el balneario del sur

En el extremo sur del país, entre los pinares y los meandros del río Nemunas, Druskininkai es el más antiguo y célebre de los balnearios de Lituania. Su nombre deriva de la palabra lituana para «sal» (druska), en alusión a las aguas minerales que brotan de su subsuelo y que se aprovechan con fines terapéuticos desde hace siglos. La localidad se desarrolló como estación termal a partir del siglo XIX, cuando el zar reconoció oficialmente sus propiedades curativas, y desde entonces sus manantiales, baños de barro y aire de bosque atrajeron a quienes buscaban salud y reposo.

Druskininkai está ligada para siempre a la figura de Mikalojus Konstantinas Čiurlionis (1875-1911), el gran artista lituano que pasó allí su infancia. Pintor y compositor a la vez, Čiurlionis creó una obra visionaria y simbolista, con cuadros de mundos cósmicos y musicales, que lo ha convertido en una figura fundacional del arte lituano moderno; su casa en Druskininkai es hoy un museo memorial que evoca su universo. La ciudad conserva ese aire de refinamiento de balneario centroeuropeo, con villas de madera, parques y un tranquilo ritmo de aguas y paseos.

Druskininkai guarda también un contrapunto insólito de la historia reciente: a las afueras, el Grūtas Park, apodado popularmente «Stalin World», reúne decenas de estatuas de Lenin, Stalin y otros próceres soviéticos que fueron retiradas de las plazas del país tras la independencia de 1990. Lejos de destruirlas, se decidió agruparlas en este parque-museo, entre reproducciones de barracones y música de propaganda, como un recordatorio irónico y a la vez sombrío del medio siglo de ocupación soviética. Combinar en un mismo día las termas, la casa de Čiurlionis y aquel cementerio de ídolos caídos resume bien los contrastes de la Lituania de hoy.

https://en.wikipedia.org/wiki/Druskininkaihttps://en.wikipedia.org/wiki/Gr%C5%ABtas_Park

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📚 Bibliografía

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