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Historia de El norte: Šiauliai y la Colina de las Cruces

Šiauliai y la batalla del Sol (1236)

Šiauliai, la cuarta ciudad de Lituania y capital del norte del país, tiene un nombre que evoca al sol (saulė), y su historia arranca precisamente con una de las batallas más decisivas de la Edad Media báltica. El 22 de septiembre de 1236, en algún lugar de estas tierras, las fuerzas de los samogitios y otros bálticos infligieron una aplastante derrota a los Hermanos de la Espada, la orden militar alemana que intentaba someter y cristianizar a los pueblos del Báltico oriental. En la batalla de Saulė (la «batalla del Sol») murió el maestre de la orden y buena parte de sus caballeros.

La derrota fue tan grave que la orden de los Hermanos de la Espada quedó destruida como fuerza independiente: al año siguiente, sus restos tuvieron que fundirse con los Caballeros Teutónicos, formando la Orden de Livonia. La batalla de Saulė frenó durante mucho tiempo el avance alemán hacia el interior y es recordada como uno de los grandes triunfos de la resistencia báltica al empuje de las cruzadas del norte; la ciudad de Šiauliai hace remontar a ella su fecha fundacional simbólica.

Durante siglos, Šiauliai fue una localidad agrícola y artesanal del norte lituano, que en el XIX creció como nudo ferroviario y centro industrial —fue célebre por su industria del cuero y, más tarde, de la fotografía y la óptica—. Aunque quedó muy dañada en las dos guerras mundiales y reconstruida en época soviética con un aire funcional, la ciudad conserva su papel de capital regional y de base habitual para visitar el lugar que la ha hecho mundialmente conocida: la cercana Colina de las Cruces.

https://en.wikipedia.org/wiki/%C5%A0iauliaihttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Saule

El nacimiento de la Colina de las Cruces

A unos doce kilómetros al norte de Šiauliai se alza un modesto montículo —un antiguo castro prehistórico— que se ha convertido en uno de los lugares más impresionantes y singulares de Europa: la Colina de las Cruces (Kryžių kalnas). Sobre él se acumulan, unas sobre otras, una cantidad incalculable de cruces de todos los tamaños y materiales, desde grandes crucifijos de madera tallada hasta minúsculos rosarios, en un bosque metálico y sagrado que crece sin cesar desde hace casi dos siglos.

La tradición sitúa las primeras cruces en 1831, tras el aplastamiento del levantamiento de aquel año contra el Imperio ruso. Las familias de los rebeldes muertos o deportados, que no podían recuperar ni enterrar los cuerpos de los suyos, empezaron a plantar cruces en este cerro como una forma de duelo y de memoria. La costumbre se reforzó tras el fracaso de la insurrección de 1863, y la colina se fue cargando de un doble significado: religioso, por la profunda devoción católica del país, y patriótico, como monumento silencioso a los caídos frente a la opresión rusa.

Con el paso de las décadas, la Colina de las Cruces se transformó en un lugar de peregrinación y en un símbolo de la identidad nacional lituana. Cada cruz plantada era a la vez una oración y una afirmación de pertenencia a una fe y a una nación que los ocupantes trataban de borrar. Nadie organizaba aquello: eran los propios lituanos, de forma espontánea y anónima, quienes seguían añadiendo cruces generación tras generación, haciendo crecer un monumento colectivo que no tiene equivalente en ningún otro lugar del mundo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Hill_of_Crosseshttps://www.hillofcrosses.lt/pages/about-the-place

Las topadoras soviéticas y la resistencia

Durante la ocupación soviética, la Colina de las Cruces se convirtió en un desafío intolerable para un régimen ateo que perseguía la religión y quería aniquilar los símbolos de la identidad nacional lituana. Las autoridades soviéticas decidieron destruirla, y lo intentaron por la fuerza: en 1961, y de nuevo en 1973 y 1975, enviaron topadoras y excavadoras que arrasaron el cerro, arrancaron miles de cruces, las quemaron o las fundieron como chatarra, y aplanaron el montículo. Hubo incluso planes para inundar la zona construyendo una presa y borrar el lugar del mapa para siempre.

Pero cada vez que los soviéticos destruían la colina, ocurría lo mismo: los lituanos volvían, casi siempre de noche y jugándose una dura sanción o algo peor, y plantaban nuevas cruces sobre las cenizas de las anteriores. La destrucción y la reconstrucción se repitieron una y otra vez a lo largo de los años, en un pulso silencioso entre el poder del Estado y la terquedad de un pueblo. La Colina de las Cruces se convirtió así, junto con la Iglesia clandestina, en uno de los grandes símbolos de la resistencia pacífica lituana al comunismo.

Aquel tira y afloja convirtió al lugar en algo más que un santuario: en una prueba viviente de que un régimen totalitario, con todos sus medios, no lograba doblegar la voluntad de la gente corriente. Ninguna topadora podía competir con la determinación anónima de miles de campesinos y creyentes que, cruz a cruz, reconstruían de madrugada lo que las máquinas habían derribado de día. Cuando llegó la independencia, en 1990, la colina no solo había sobrevivido, sino que renacía más grande que nunca.

https://en.wikipedia.org/wiki/Hill_of_Crosseshttps://www.britannica.com/place/Hill-of-Crosses

La colina hoy: Juan Pablo II y un símbolo mundial

Recuperada la independencia, la Colina de las Cruces vivió una explosión de crecimiento. Liberados del miedo, los lituanos y peregrinos de todo el mundo llenaron el montículo de nuevas cruces hasta hacer incontable su número: si en 1990 se calculaban unas 55.000, en la década de 2000 ya superaban las 100.000, y hoy siguen aumentando sin parar. Se estima que, sumando las grandes cruces y los innumerables crucifijos, rosarios y medallas colgados de ellas, hay varios cientos de miles de objetos de devoción acumulados en el cerro.

El reconocimiento internacional del lugar llegó de la mano de la Iglesia. El 7 de septiembre de 1993, el papa Juan Pablo II —él mismo símbolo de la resistencia católica al comunismo en Europa oriental— visitó la Colina de las Cruces, celebró allí una misa ante multitudes y proclamó el lugar como un símbolo de esperanza, paz, amor y sacrificio. Aquella visita consagró definitivamente a la colina como un santuario de alcance mundial, y en su recuerdo se levantó cerca un convento franciscano donado por el propio pontífice.

Hoy la Colina de las Cruces es uno de los destinos más visitados y fotografiados de Lituania y un lugar de peregrinación que atrae a viajeros de todo el planeta. Más allá de su dimensión religiosa, se ha convertido en el gran símbolo de la endurance del pueblo lituano: la imagen de una nación pequeña que, plantando cruces en un cerro de noche, resistió a dos siglos de imperios y borró con su terquedad silenciosa el poder de quienes quisieron hacerla desaparecer.

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El norte lituano, tierra de frontera

La región de Šiauliai ocupa el norte de Lituania, una tierra llana y fértil que forma parte de la antigua región histórica de Semigalia (Žiemgala), un territorio báltico que hoy queda repartido entre Lituania y la vecina Letonia. Los semigalios fueron una de las tribus bálticas que más ferozmente resistieron a los cruzados alemanes, y no se sometieron hasta finales del siglo XIII, después de décadas de guerra; muchos prefirieron emigrar antes que rendirse. Esa herencia de frontera y resistencia impregna toda la historia del norte del país.

Durante siglos, esta fue una comarca esencialmente agrícola, de grandes llanuras cerealeras y haciendas, muy marcada por su cercanía a Letonia, con la que comparte lengua báltica, pasado y paisaje. En el siglo XIX, con la llegada del ferrocarril que unía Rusia con Prusia Oriental, Šiauliai y otras localidades del norte se industrializaron y crecieron, atrayendo población y convirtiéndose en nudos de comunicación entre el interior del imperio y el Báltico.

El norte lituano sufrió con especial dureza las guerras del siglo XX —el frente pasó por aquí en ambas contiendas mundiales y Šiauliai quedó muy destruida— y la posterior sovietización, con sus koljoses y su industria pesada. Hoy es una región tranquila de campos, pueblos y pequeñas ciudades, cuya principal fama sigue viniendo de la Colina de las Cruces, pero que conserva el carácter recio y fronterizo de una tierra que fue durante siglos el escudo del país frente a las órdenes militares del norte.

https://en.wikipedia.org/wiki/%C5%A0iauliaihttps://en.wikipedia.org/wiki/Semigallians

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SiauliaiColina De Las Cruces

📚 Bibliografía

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