Prizren es una de las ciudades más antiguas y hermosas de Kosovo. El dominio bizantino terminó hacia 1219-1220, cuando la dinastía serbia de los Nemanjić tomó la ciudad y la fortaleza. Bajo Stefan Dušan, en el siglo XIV, Prizren llegó a ser capital del Imperio serbio y un gran centro de comercio.
En 1455 los otomanos la conquistaron y la convirtieron en capital del sanjacado de Prizren. Se transformó en el centro cultural e intelectual del Kosovo otomano, con una población mayoritariamente musulmana. De aquella herencia quedan su casco histórico junto al río, el puente de piedra, mezquitas, iglesias y la fortaleza que corona la ciudad: capas de bizantino, serbio medieval y otomano superpuestas en pocas cuadras.
En 1878, Prizren fue el escenario de la fundación de la Liga de Prizren, el momento fundacional del nacionalismo albanés moderno. Frente al temor de que los tratados de San Stefano y Berlín repartieran las tierras albanesas entre los Estados balcánicos vecinos, dirigentes albaneses se reunieron aquí para reclamar autonomía y la unificación de sus territorios bajo una sola administración.
Aunque el Imperio otomano reprimió y disolvió la Liga en 1881, Prizren quedó consagrada como capital simbólica del despertar albanés. La casa donde funcionó la Liga es hoy un museo y un lugar de memoria nacional. Esta doble condición —corazón serbio medieval y cuna del nacionalismo albanés— hace de Prizren un microcosmos de toda la historia disputada de Kosovo.
Al sureste de Prizren se levanta el Parque Nacional de las Montañas Sharr (Sharr/Šar), uno de los dos parques nacionales de Kosovo y uno de los macizos más grandes y altos de la península balcánica. Con unos 70 kilómetros de largo, es un mundo de bosques, praderas de altura, lagos glaciares y fauna protegida.
Estas montañas marcan buena parte de la frontera sur del país y albergan una tradición pastoril viva, con quesos y productos de montaña característicos. Son también un corredor natural que conecta Kosovo con Macedonia del Norte y Albania, en una región donde las fronteras políticas cortan un mismo mundo montañés.
Enclavada en las Sharr, Brezovica es la principal estación de esquí del país. Se desarrolló en la época yugoslava y, aunque su infraestructura arrastra décadas de proyectos de modernización inconclusos, sigue siendo el gran centro de deportes de invierno de Kosovo. En verano, el mismo entorno se abre al senderismo entre bosques y lagos glaciares.
Brezovica ilustra el potencial y las dificultades del turismo kosovar: un paisaje de primer nivel, cercano a Prizren, pero con inversiones y gestión todavía pendientes. Es una de las apuestas del país para diversificar su economía más allá de las remesas.
El sur, y Prizren en particular, es una de las zonas más diversas de Kosovo: además de albaneses, conviven aquí comunidades bosníacas, turcas y romaníes, y el turco tiene incluso un estatus reconocido a nivel local. Esa mezcla se refleja en la lengua de las calles, en la gastronomía y en el paisaje religioso de mezquitas e iglesias vecinas.
Como el resto del país, la región sintió el peso de la guerra de 1998-1999, pero Prizren conservó gran parte de su patrimonio y hoy es vitrina del Kosovo que aspira a ser multiétnico. Su festival de cine documental, Dokufest, la ha convertido además en un punto cultural de referencia en los Balcanes.