Buena parte de los grandes parques del sur y del centro de Kenia se asienta sobre lo que fue territorio maasai. El Masai Mara, Amboseli, el Nairobi National Park, el lago Nakuru y los Tsavo ocupan tierras que históricamente pertenecieron a este pueblo nilótico, pastores seminómadas llegados de la cuenca del Nilo que dominaron las sabanas del sur.
Los maasai organizan su vida en torno al ganado, medida de riqueza y eje de su cultura, y a un sistema de clases de edad en el que los jóvenes guerreros, los moran, cumplían un papel central. Su lengua es el maa, y su indumentaria de telas rojas (shúkà) y sus adornos de cuentas son mundialmente reconocibles.
La creación de parques y reservas durante la época colonial y tras la independencia implicó, en muchos casos, el desplazamiento de los maasai de sus tierras de pastoreo en nombre de la conservación. Esa tensión entre conservación de la fauna y derechos de las comunidades originarias sigue vigente, y hoy muchos proyectos buscan que los maasai participen y se beneficien del turismo que se hace en sus tierras ancestrales.
El Masai Mara es la reserva más icónica de Kenia. Su nombre honra al pueblo maasai, y "Mara" significa "moteado" o "manchado" en lengua maa, por los árboles y arbustos dispersos que salpican la llanura vistos desde lo alto. Establecida como reserva a comienzos de la década de 1960, es la prolongación septentrional del gran ecosistema del Serengeti.
Su fama mundial se debe a la Gran Migración: cada año, más de un millón de ñus, junto a cientos de miles de cebras y gacelas, recorren en círculo el ecosistema Serengeti-Mara siguiendo las lluvias y los pastos. Entre julio y octubre, las manadas cruzan el río Mara desde Tanzania hacia Kenia en dramáticos pasos plagados de cocodrilos, uno de los espectáculos naturales más impresionantes del planeta.
El Mara concentra además una densidad excepcional de grandes depredadores —leones, guepardos, leopardos, hienas— que hicieron de él un escenario predilecto de documentales y safaris. Alrededor de la reserva se han creado además "conservancies", tierras comunales manejadas junto a comunidades maasai, un modelo que intenta conciliar conservación, turismo y derechos locales.
Al sur de Nairobi, en la frontera con Tanzania, el Parque Nacional de Amboseli ofrece una de las postales más famosas de África: enormes manadas de elefantes cruzando la sabana con la mole nevada del Kilimanjaro —la montaña más alta del continente, del lado tanzano— como telón de fondo.
Amboseli es célebre por sus elefantes. Aquí se desarrolla uno de los estudios de comportamiento de elefantes de vida libre más largos del mundo, iniciado por la investigadora Cynthia Moss en 1972, que ha seguido durante décadas a familias enteras identificadas individualmente y ha transformado nuestra comprensión de estos animales. El parque, alimentado por manantiales subterráneos que bajan del Kilimanjaro, sostiene humedales verdes en medio de una llanura polvorienta.
Como tantos parques del sur, Amboseli está enclavado en territorio maasai, y su gestión implica un delicado equilibrio con las comunidades que viven y pastorean en su entorno. La convivencia entre elefantes, ganado y personas, y la búsqueda de corredores que permitan a la fauna moverse entre áreas protegidas, son desafíos centrales para su futuro.
El Parque Nacional Tsavo, dividido en Tsavo Este y Tsavo Oeste, es el área protegida más extensa de Kenia y una de las mayores de África. Es una tierra salvaje de suelo rojizo, paisajes volcánicos, ríos y afloramientos de lava, cuyos elefantes se revuelcan en el polvo y adquieren el característico tono rojo que les valió el apodo de "elefantes rojos".
Tsavo entró en la leyenda por los devoradores de hombres. En 1898, durante la construcción del ferrocarril de Uganda, dos leones sin melena mataron a decenas de trabajadores —las estimaciones van desde unas 28 hasta más de un centenar de víctimas— antes de ser abatidos por el ingeniero John Henry Patterson. La historia inspiró libros y películas y sigue siendo parte del mito de Tsavo.
En el siglo XX, Tsavo fue también campo de batalla de la caza furtiva. Entre las décadas de 1970 y 1980, las "guerras del marfil" diezmaron sus enormes poblaciones de elefantes y prácticamente exterminaron a sus rinocerontes. La lucha contra el furtivismo, la recuperación de las poblaciones y la gestión de un territorio inmenso son, todavía hoy, los grandes retos de este parque emblemático.
Muy al norte de las grandes reservas del sur, en las tierras secas que rodean el río Ewaso Ng'iro, la Reserva Nacional de Samburu ofrece otra cara de Kenia. Establecida en la década de 1960, es un refugio de fauna adaptada a la aridez y la tierra ancestral del pueblo samburu, pastores seminómadas emparentados con los maasai y que también hablan una variante del maa.
Samburu es famosa por sus especies del norte, conocidas como los "Cinco Especiales de Samburu": la jirafa reticulada, la cebra de Grévy —una de las más amenazadas del mundo—, el órix beisa, el avestruz somalí de patas azuladas y el gerenuk, un antílope de cuello largo que se yergue sobre las patas traseras para comer. El río, línea de vida en medio del semidesierto, atrae elefantes, leones y cocodrilos.
La reserva saltó a la fama internacional en 2002 con la historia de Kamunyak, una leona que adoptó repetidamente crías de órix en lugar de cazarlas, un caso extraordinario que dio la vuelta al mundo. Samburu representa la Kenia del norte árido: menos concurrida que el Mara, más frágil ecológicamente y profundamente ligada a las comunidades pastoriles que la habitan.