La capital de Saint Elizabeth es Black River, una histórica ciudad portuaria en la desembocadura del río homónimo, el más largo y caudaloso de Jamaica. En el siglo XIX, gracias al comercio del palo de campeche (logwood) para producir un tinte azul muy apreciado en Europa, Black River fue una de las ciudades más prósperas de la isla.
Aquella riqueza dejó una huella tecnológica sorprendente: en 1893, gracias a los hermanos Leyden, Black River se convirtió en la primera ciudad de Jamaica en tener electricidad, generada precisamente con la quema de logwood. Conserva un notable patrimonio de casas georgianas de madera y es famosa sobre todo por sus safaris en bote por el río, entre manglares y cocodrilos, la puerta de entrada a la naturaleza de la costa sur y a la Great Morass, uno de los mayores humedales del país.
Saint Elizabeth encarna la cara más auténtica, rústica y comunitaria de Jamaica. En Treasure Beach, una serie de comunidades pesqueras sobre una costa semiárida de arena dorada, floreció desde los años 1990 un modelo de turismo comunitario y sostenible, muy distinto de los grandes resorts del norte.
La zona es célebre por la calidez de su gente —muchos de rasgos y ojos claros, atribuidos a mestizajes históricos, incluida la tradición de marineros escoceses náufragos— y por su ritmo pausado, ideal para desconectar de verdad. Frente a su costa está el icónico Floyd's Pelican Bar, un bar rústico de madera de deriva y palma levantado sobre pilotes en medio del mar, a cerca de un kilómetro de la orilla, al que solo se llega en bote: uno de los lugares más fotografiados y singulares del Caribe.
El interior de Saint Elizabeth guarda uno de los tesoros naturales de la isla: YS Falls, una serie de siete cascadas escalonadas rodeadas de selva, en los terrenos de la histórica YS Estate, una antigua hacienda ganadera y de caña. Con sus piscinas naturales y su entorno cuidado, es para muchos la cascada más bonita de Jamaica, más tranquila y familiar que las masificadas del norte.
Hacia el sur, el acantilado de Lovers' Leap se desploma más de 500 metros sobre el mar Caribe, uno de los miradores más espectaculares de la isla, envuelto en una trágica leyenda de amor entre dos esclavos. Este paisaje árido y montañoso, con las Santa Cruz Mountains y las Nassau Mountains, distingue a Saint Elizabeth del verde exuberante del resto de la isla y la convierte en su «granero», con cultivos de tomate, cebolla, sandía y ganado.
En las estribaciones del Cockpit Country, dentro de Saint Elizabeth, se encuentra Accompong, uno de los pueblos cimarrones más importantes de Jamaica, fundado por los Maroons de Sotavento liderados por Cudjoe y su hermano Accompong. Tras el tratado de 1739, la comunidad mantuvo su autonomía y sus tierras, y todavía hoy conserva un estatus especial, sus tradiciones y su gobierno propio.
Cada 6 de enero, Accompong celebra el aniversario del tratado con música de abeng (cuerno), tambores y danzas, en una fiesta que reúne a descendientes de los cimarrones y visitantes. Es un testimonio vivo de la resistencia africana en Jamaica y un complemento histórico perfecto a la naturaleza y la calma de la costa sur.