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Historia de Islas (Sicilia y Cerdeña)

Sicilia griega: la joya de la Magna Grecia

Por su posición en el centro del Mediterráneo, Sicilia fue durante tres mil años un cruce de civilizaciones y un premio disputado por todas las potencias. Los primeros grandes protagonistas fueron los griegos: a partir del siglo VIII a.C. fundaron en la isla ciudades espléndidas —Siracusa, Agrigento, Selinunte, Segesta, Gela— que se contaron entre las más ricas del mundo helénico. Siracusa llegó a rivalizar con la propia Atenas, a la que derrotó en el 413 a.C. en un desastroso asedio, y fue patria del mayor científico de la Antigüedad, Arquímedes, muerto durante la toma romana de la ciudad en el 212 a.C.

Junto a los griegos, el occidente de la isla estuvo bajo la influencia de los fenicios y luego de Cartago, y Sicilia fue escenario de las guerras entre griegos y cartagineses. Su enorme riqueza cerealera la convirtió después en el primer botín de la expansión romana: las guerras púnicas comenzaron por Sicilia, que en el 241 a.C. se convirtió en la primera provincia de Roma y en su "granero".

De aquella Sicilia griega quedan algunos de los conjuntos arqueológicos más impresionantes del mundo: el Valle de los Templos de Agrigento, el teatro griego de Siracusa —donde todavía se representan tragedias clásicas—, los templos de Segesta y Selinunte. Patrimonio de la Humanidad, dan testimonio de una época en que la isla fue uno de los focos de la civilización mediterránea, siglos antes de las capas árabe, normanda y española que se superpondrían después.

https://www.britannica.com/place/Sicilyhttps://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Sicilia

Sicilia árabe y normanda: el reino de las tres culturas

Tras el dominio romano y bizantino, Sicilia vivió una de sus etapas más brillantes bajo el islam. A partir del 827, los árabes conquistaron progresivamente la isla y la gobernaron durante más de dos siglos, con Palermo como capital: introdujeron nuevos cultivos —los cítricos, la caña de azúcar, el algodón—, técnicas de regadío, un notable desarrollo urbano y una convivencia relativamente tolerante entre musulmanes, cristianos y judíos. Palermo se convirtió en una de las grandes ciudades del Mediterráneo.

En el siglo XI llegaron los normandos: aventureros del norte de Europa que, al mando de Roger de Hauteville, arrebataron la isla a los árabes entre 1061 y 1091. Lejos de destruir el mundo islámico que encontraron, los reyes normandos —culminando en Roger II, coronado rey de Sicilia en 1130— crearon un Estado extraordinario que fundía las tres culturas: árabe, griega bizantina y latina. De aquella síntesis única nacieron joyas como la Capilla Palatina de Palermo, la catedral de Monreale y la de Cefalú, con sus mosaicos dorados bizantinos, sus inscripciones árabes y sus arcos normandos, hoy Patrimonio de la Humanidad.

El reino pasó luego a la dinastía sueva de los Hohenstaufen y alcanzó nuevo esplendor bajo Federico II (siglo XIII), el "stupor mundi", que hizo de Palermo una capital cosmopolita y culta. Aquella Sicilia multicultural, encrucijada de Oriente y Occidente, dejó una impronta imborrable en la lengua, la arquitectura, la cocina y la identidad de la isla, que todavía hoy se reconoce heredera de griegos, árabes y normandos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Siciliahttps://whc.unesco.org/en/list/1487/

Las Vísperas Sicilianas, los reinos y Garibaldi

Al extinguirse la dinastía sueva, el papa entregó Sicilia a Carlos de Anjou, hermano del rey de Francia, cuyo gobierno se hizo pronto odioso por los impuestos y los abusos. El 30 de marzo de 1282, en Palermo, un incidente durante las vísperas de Pascua desató una revuelta popular contra los franceses: las Vísperas Sicilianas, una insurrección que en pocos días exterminó a los angevinos de la isla. Los sicilianos ofrecieron la corona a Pedro III de Aragón, y Sicilia quedó así ligada a la Corona de Aragón, iniciando siglos de dominio catalano-aragonés y luego español.

Durante la Edad Moderna, Sicilia fue un reino gobernado por virreyes en nombre de la Corona española, y más tarde, en el siglo XVIII, quedó unida al reino de Nápoles bajo los Borbones, formando el Reino de las Dos Sicilias. Fue una época de dominio feudal, de grandes latifundios y de una nobleza terrateniente poderosa, con una capital brillante y un campo empobrecido, tensión que recorrería la historia de la isla hasta el siglo XX.

El fin del viejo orden llegó con Garibaldi. El 11 de mayo de 1860, con sus mil voluntarios de camisa roja, desembarcó en Marsala; en pocas semanas, con el apoyo de los campesinos sicilianos, derrotó al ejército borbónico —victoria decisiva en Calatafimi— y tomó Palermo. Desde Sicilia, la expedición de los Mil cruzó a Nápoles y derribó el Reino de las Dos Sicilias, incorporando todo el sur al nuevo reino de Italia. Pero la unificación defraudó pronto las esperanzas campesinas: las tierras no se repartieron, y la vieja cuestión social del latifundio, sumada a la debilidad del nuevo Estado, abonó el terreno para el nacimiento de la mafia.

https://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADsperas_sicilianashttps://es.wikipedia.org/wiki/Expedici%C3%B3n_de_los_Mil

La mafia y el antimafia: Falcone y Borsellino

La Cosa Nostra, la mafia siciliana, nació en el siglo XIX en el vacío de poder del campo latifundista, como una red de "hombres de honor" que mediaban entre los grandes propietarios y los campesinos ejerciendo la violencia y la extorsión. Con el tiempo se transformó en una organización criminal jerárquica y secreta, ligada por el vínculo de la omertà —la ley del silencio—, que se infiltró en la economía, la construcción, la política y las instituciones, primero en Sicilia y luego, a través de la emigración, en Estados Unidos. El fascismo la reprimió con dureza, pero resurgió tras la Segunda Guerra Mundial con más fuerza aún.

En las décadas de 1970 y 1980, la mafia alcanzó un poder inmenso con el tráfico de heroína y desató una guerra sangrienta, matando a policías, magistrados, políticos y periodistas que se le enfrentaban. La respuesta del Estado tuvo nombres heroicos: los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, que con el llamado "maxiproceso" de Palermo (1986-1987) lograron condenar a cientos de mafiosos. La venganza fue atroz: el 23 de mayo de 1992, la Cosa Nostra asesinó a Falcone, a su esposa y a su escolta con una brutal bomba en la autopista, en la masacre de Capaci; apenas 57 días después, el 19 de julio de 1992, un coche bomba mató a Borsellino y a cinco de sus escoltas en la via d'Amelio de Palermo.

Aquellos atentados, lejos de doblegar a la sociedad, provocaron una reacción cívica sin precedentes contra la mafia. El Estado endureció la ley, detuvo a los grandes capos —el jefe Salvatore Riina cayó en 1993— y nació un movimiento antimafia que reivindica la memoria de las víctimas y la cultura de la legalidad. Falcone y Borsellino se convirtieron en símbolos nacionales; el aeropuerto de Palermo lleva sus nombres. La lucha contra la mafia, lejos de haber terminado, sigue siendo uno de los grandes desafíos de Sicilia y de toda Italia, y se cuenta hoy con el orgullo de una sociedad que decidió no callar.

https://es.wikipedia.org/wiki/Cosa_Nostrahttps://es.wikipedia.org/wiki/Atentado_en_la_via_d'Amel

Cerdeña: nuraghi, judicados, Aragón y Saboya

Cerdeña, la segunda isla del Mediterráneo, tuvo una historia muy distinta de la de Sicilia y una identidad fuertemente propia. Su época más original y misteriosa es la prehistórica: entre el 1800 y el 500 a.C. floreció la civilización nurágica, que cubrió la isla de miles de nuraghi, imponentes torres tronco-cónicas de piedra seca —se conservan unos siete mil— que no tienen equivalente en el mundo. El conjunto de Su Nuraxi de Barumini es Patrimonio de la Humanidad y testimonio de aquel pueblo enigmático de pastores y guerreros. Después llegaron fenicios, cartagineses, romanos, vándalos y bizantinos.

En la Edad Media, aislada y difícil de gobernar desde fuera, Cerdeña se organizó en cuatro reinos autónomos propios, los judicados (giudicati) —Cagliari, Arborea, Torres y Gallura—, gobernados por jueces soberanos, caso único en Europa. El más resistente fue el de Arborea, cuya juezesa Leonor promulgó a fines del siglo XIV la Carta de Logu, un célebre código de leyes. En 1297, el papa concedió Cerdeña a la Corona de Aragón, que a partir de 1323 fue conquistando la isla; el reino de Arborea resistió durante décadas antes de sucumbir, y Cerdeña quedó incorporada al mundo catalano-aragonés y luego español, del que conserva huellas en la lengua —en Alguer todavía se habla catalán— y en la arquitectura.

En 1720, tras la Guerra de Sucesión española, Cerdeña pasó a la Casa de Saboya, que unió la isla a sus territorios del Piamonte formando el Reino de Cerdeña. Ese reino, con capital efectiva en Turín, sería precisamente el Estado que en el siglo XIX encabezaría el Risorgimento y unificaría Italia bajo Víctor Manuel II. La isla, con su lengua propia —el sardo, la lengua romance más conservadora— y su fuerte sentido identitario, conserva hasta hoy playas de aguas turquesas y calas vírgenes que, junto a la glamorosa Costa Esmeralda desarrollada desde los años sesenta, la han convertido en uno de los destinos más deseados del Mediterráneo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Cerde%C3%B1ahttps://es.wikipedia.org/wiki/Reino_de_Cerde%C3%B1a

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📚 Bibliografía

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