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Historia · Islandia

Historia de Oeste y Snæfellsnes

La tierra de las sagas y de Snorri Sturluson

El oeste de Islandia es, más que ninguna otra región, la tierra de las sagas. En los valles de Borgarfjörður y en la península de Snæfellsnes transcurren algunas de las grandes narraciones medievales islandesas: la Saga de Egil Skallagrímsson, protagonizada por el guerrero-poeta Egil, cuya familia se asentó en Borg; o la Saga de los habitantes del valle de Laxárdalur (Laxdæla saga), una de las más admiradas, con su heroína Guðrún Ósvífursdóttir y su trágica historia de amor y venganza, ambientada en los alrededores del fiordo de Breiðafjörður.

Pero el nombre mayor del oeste es Snorri Sturluson (1179-1241), el más grande escritor de la Islandia medieval, que vivió y gobernó desde Reykholt, en Borgarfjörður. Historiador, poeta y político poderosísimo, Snorri compuso la Edda prosaica —el manual de mitología y poesía nórdica sin el cual apenas conoceríamos a los dioses vikingos— y la Heimskringla, la gran historia de los reyes de Noruega. En Reykholt aún puede verse Snorralaug, la antigua piscina termal circular vinculada a su nombre, y los restos de su granja.

Snorri encarnó también la tragedia de su época. Enredado en las luchas de poder de la Edad de los Sturlungos y en su compleja relación con la corona noruega, fue finalmente asesinado en el sótano de su casa de Reykholt en septiembre de 1241, por orden indirecta del rey Haakon de Noruega. Sus últimas palabras, según la tradición —"Eigi skal höggva", "no hay que golpear"—, quedaron grabadas en la memoria islandesa. Que la mayor obra literaria de la Edad Media escandinava saliera de aquellas granjas del oeste islandés es uno de los grandes orgullos de la región.

https://en.wikipedia.org/wiki/Snorri_Sturlusonhttps://en.wikipedia.org/wiki/Laxd%C3%A6la_saga

El bacalao y la vida del mar

El oeste, con sus fiordos abiertos al Atlántico y sus caladeros abundantes, fue durante siglos una de las grandes despensas pesqueras de Islandia. El bacalao seco fue, desde la Edad Media, el principal producto de exportación del país: se pescaba en botes de remos durante el invierno y la primavera, se secaba al aire en las playas y se enviaba a Europa, donde la demanda de pescado para los días de ayuno cristiano lo convertía en una mercancía valiosa. Buena parte de la economía islandesa dependió del bacalao mucho antes de que existiera cualquier industria.

Esa riqueza atrajo a flotas extranjeras. Desde el siglo XV, barcos ingleses, alemanes de la Liga Hanseática y, más tarde, franceses y de otras naciones frecuentaron estas aguas, a veces comerciando y a veces en conflicto con los islandeses y con la corona danesa que reclamaba el monopolio. Los fiordos del oeste y de los Westfjords fueron escenario de esa competencia, con estaciones pesqueras temporales donde convivían y chocaban gentes de distintos países.

La dependencia del bacalao marcó el destino del país hasta el siglo XX. La modernización de la flota, con los primeros arrastreros a vapor a comienzos del novecientos, disparó la producción y sentó las bases de la Islandia moderna; y la defensa de esos caladeros frente a las flotas británicas desembocaría, ya en la segunda mitad del siglo, en las Guerras del Bacalao. Todavía hoy, la pesca sigue siendo uno de los pilares de la economía islandesa, y los pueblos del oeste conservan su carácter marinero.

https://en.wikipedia.org/wiki/Economy_of_Icelandhttps://en.wikipedia.org/wiki/Fishing_industry_in_Iceland

Julio Verne y el Snæfellsjökull

En el extremo occidental de la península de Snæfellsnes se alza el Snæfellsjökull, un volcán cónico coronado por un glaciar que domina el paisaje y que se ve, en los días claros, desde la lejana Reikiavik al otro lado de la bahía. Su silueta perfecta y su aire misterioso lo cargaron de leyendas, y le dieron un lugar inesperado en la literatura universal.

Fue el escritor francés Julio Verne quien lo hizo famoso en el mundo entero. En su novela Viaje al centro de la Tierra (1864), el profesor Lidenbrock y sus acompañantes descienden precisamente por el cráter del Snæfellsjökull para emprender su expedición hacia las entrañas del planeta. Verne nunca estuvo en Islandia, pero eligió este volcán real como puerta de entrada a su mundo subterráneo, y con ello ató para siempre el nombre de la montaña a la imaginación de generaciones de lectores.

La península de Snæfellsnes, a veces llamada "Islandia en miniatura" porque reúne en poco espacio glaciares, campos de lava, playas, acantilados y pueblos pesqueros, es hoy Parque Nacional en torno al glaciar. Sus pueblos —como Arnarstapi o Hellnar— conservan la memoria de la vieja Islandia marinera, y muchos visitantes llegan atraídos tanto por la naturaleza como por el eco de la novela de Verne. El Snæfellsjökull sigue siendo, para muchos, la montaña más literaria de Islandia.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sn%C3%A6fellsj%C3%B6kullhttps://en.wikipedia.org/wiki/Journey_to_the_Center_of_the_E

Los Westfjords y la matanza de balleneros vascos de 1615

Al noroeste, los Westfjords o Fiordos del Oeste son la región más remota, montañosa y despoblada de Islandia: una península recortada por fiordos profundos, unida al resto del país por un istmo estrecho, con acantilados donde anidan millones de aves marinas. Su aislamiento hizo de ella un escenario de historias extraordinarias, y una de las más oscuras ocurrió en el otoño de 1615.

Ese año, varios barcos balleneros vascos —entonces llamados "españoles"— faenaban en los Westfjords tras un acuerdo con los islandeses para cazar ballenas. Cuando ya se disponían a partir, una tempestad destrozó sus naves contra las rocas; unos ochenta marinos sobrevivieron, pero quedaron varados y sin recursos, y estallaron los conflictos con la población local por comida y víveres. El sheriff de la comarca, Ari Magnússon, dictó una sentencia declarándolos fuera de la ley, y en las semanas siguientes grupos de islandeses dieron muerte a unos treinta y dos balleneros vascos. Fue la última matanza documentada de la historia de Islandia, conocida como la "Matanza de los españoles" (Spánverjavígin).

Aquella sentencia que autorizaba a matar a los vascos a la vista quedó, increíblemente, sin derogar durante siglos. Solo el 22 de abril de 2015, cuatrocientos años después, el comisario de distrito de los Westfjords, Jónas Guðmundsson, la revocó oficialmente durante la inauguración de un monumento en Hólmavík en memoria de los balleneros asesinados, en un acto de reconciliación con el País Vasco. La historia dejó además un legado curioso: del contacto entre balleneros vascos e islandeses nació un pidgin vasco-islandés, del que se conservan glosarios, uno de los pocos testimonios de aquella convivencia trágica.

https://en.wikipedia.org/wiki/Slaying_of_the_Spaniardshttps://blogs.loc.gov/law/2015/06/its-no-longer-open-season-

Las avalanchas de 1995

Los mismos fiordos escarpados que dan a los Westfjords su belleza los hacen mortalmente peligrosos en invierno. Muchos pueblos pesqueros se apiñan en una estrecha franja de tierra entre el mar y montañas empinadas cubiertas de nieve, expuestos a las avalanchas. En 1995, dos catástrofes seguidas conmovieron a todo el país.

La primera ocurrió en la madrugada del 16 de enero de 1995, cuando una avalancha de 400 metros de ancho cayó sobre el pueblo de Súðavík en plena tormenta, destruyó quince casas y mató a catorce personas, entre ellas ocho niños. Apenas nueve meses después, el 26 de octubre de 1995, otra avalancha se desprendió de la ladera de Skollahvilft sobre el pueblo de Flateyri, arrasó diecisiete viviendas y causó veinte muertos. En total, las dos avalanchas de aquel año se cobraron treinta y cuatro vidas en comunidades pequeñas donde todos se conocían.

El impacto en la conciencia nacional fue enorme. Islandia comprendió que un número considerable de sus pueblos estaba construido en zonas de riesgo inaceptable, y las tragedias de 1995 desencadenaron un cambio radical en la política de seguridad: se levantaron grandes diques y barreras deflectoras para proteger las localidades amenazadas, se elaboraron mapas de peligro y se reubicaron viviendas. Aquellos muros de contención que hoy se ven sobre Flateyri, Súðavík o Ísafjörður son el legado silencioso de una de las mayores tragedias de la Islandia moderna, y un recordatorio de que en los Westfjords la montaña también manda.

https://en.wikipedia.org/wiki/1995_Flateyri_avalanchehttps://en.wikipedia.org/wiki/1995_S%C3%BA%C3%B0av%C3%ADk_av

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📚 Bibliografía

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