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Historia · Islandia

Historia de Norte y este

Akureyri, la capital del norte

En el fondo del Eyjafjörður, el fiordo más largo de Islandia, se asienta Akureyri, la mayor ciudad del norte y la segunda del país fuera del área de Reikiavik. Poblada desde la Edad del Asentamiento, fue durante siglos un puñado de granjas y un pequeño puesto comercial danés; recibió derechos de mercado en 1786, al abolirse el monopolio, aunque su crecimiento real llegó en el siglo XIX y XX con el comercio, la pesca y la agricultura del fértil valle circundante.

Protegida de los vientos del norte por las montañas y beneficiada por un microclima relativamente suave, Akureyri es sorprendentemente verde para su latitud —está a apenas un centenar de kilómetros del Círculo Polar Ártico— y presume de uno de los jardines botánicos más septentrionales del mundo. Se convirtió en un centro cultural e intelectual del norte, con escuelas, teatro y una vida propia que la hizo contrapeso natural de la capital.

Hoy Akureyri funciona como capital regional de todo el norte de Islandia: puerto pesquero, sede universitaria, nudo de comunicaciones y base desde la que se accede a las grandes maravillas naturales de la región, del lago Mývatn a la cascada de Goðafoss —la "cascada de los dioses", donde, según la tradición, el recitador de la ley Þorgeir habría arrojado sus ídolos paganos tras la conversión del año 1000—. Es una ciudad pequeña y acogedora que concentra la vida de un vasto territorio de fiordos y valles.

https://en.wikipedia.org/wiki/Akureyrihttps://www.britannica.com/place/Iceland/History

El lago Mývatn y los Fuegos de Krafla

Al este de Akureyri, la zona del lago Mývatn es uno de los grandes escaparates del volcanismo islandés. El lago, poco profundo y salpicado de islotes, se formó por erupciones antiguas, y todo su entorno es un paisaje surrealista de cráteres, campos de lava retorcida, pseudocráteres, fumarolas y pozas de barro hirviente. Bajo tierra, el calor geotérmico alimenta baños termales y una central eléctrica. La riqueza de insectos del lago —de la que toma su nombre, "lago de los mosquitos"— sostiene además una extraordinaria población de aves acuáticas, única en Europa.

El gran episodio histórico de la zona son los Fuegos de Krafla (Kröflueldar), una serie de erupciones y episodios volcánicos que sacudieron el sistema del volcán Krafla entre 1975 y 1984. Durante casi una década, la tierra se abrió repetidamente en fisuras, el suelo se hinchó y se hundió, y ríos de lava brotaron de las grietas, en un fenómeno que los científicos pudieron estudiar de cerca y que ilustró de manera espectacular cómo se separan las placas tectónicas a lo largo de la dorsal. Las erupciones amenazaron incluso la central geotérmica que se estaba construyendo entonces en Krafla.

Esa actividad no es un accidente: Mývatn y Krafla se sitúan justo sobre la zona de rift, la fractura por la que Islandia se desgarra en dos. Antes de los Fuegos de Krafla, la región había vivido otra gran crisis volcánica en el siglo XVIII, los llamados Fuegos de Mývatn (1724-1729). Vivir aquí ha significado siempre habitar sobre una tierra que se agrieta; hoy esa misma energía se aprovecha en la central de Krafla, y el paisaje volcánico es uno de los mayores atractivos del norte.

https://en.wikipedia.org/wiki/Kraflahttps://en.wikipedia.org/wiki/M%C3%BDvatn

Húsavík y las ballenas: avistamiento y caza

Húsavík, un pequeño puerto en la bahía de Skjálfandi, al norte, se ha convertido en la "capital de las ballenas" de Islandia. Sus aguas, ricas en alimento, atraen en verano a numerosas especies —ballenas jorobadas, minke, y con suerte la enorme ballena azul—, y desde mediados de los años noventa la localidad hizo del avistamiento de cetáceos su gran actividad económica. El turismo de ballenas transformó Húsavík: barcos de madera zarpan cada día en busca de los gigantes del mar, y el pueblo alberga un notable Museo de las Ballenas que explica su biología e historia. Curiosamente, Húsavík reclama además ser el lugar donde se habría instalado Garðar Svavarsson, un colono nórdico que invernó allí antes incluso que Ingólfur.

Ese auge del avistamiento convive con una realidad incómoda: Islandia es uno de los pocos países del mundo que todavía permite la caza comercial de ballenas. Tras la moratoria internacional, Islandia reanudó la caza a comienzos del siglo XXI, y sigue concediendo licencias para capturar rorcuales comunes (fin whales), la segunda especie más grande del planeta, considerada vulnerable. En 2024, el gobierno otorgó a la empresa ballenera Hvalur una nueva licencia para cazar más de un centenar de rorcuales, pese a la caída de la demanda —la carne se exporta sobre todo a Japón— y a la presión internacional.

La cuestión divide a la sociedad islandesa. Muchos defienden la caza como una tradición y un derecho soberano sobre sus recursos; otros la consideran cruel, económicamente marginal y contradictoria con la imagen de un país que gana mucho más dinero mostrando ballenas vivas a los turistas que matándolas. El debate sobre el futuro de la caza —con propuestas de prohibirla definitivamente— sigue abierto, y Húsavík, con sus barcos de avistamiento, encarna como ningún otro lugar esa tensión entre las dos maneras de relacionarse con los cetáceos.

https://en.wikipedia.org/wiki/Whaling_in_Icelandhttps://news.mongabay.com/2024/06/icelandic-government-grant

Seyðisfjörður y el cable telegráfico de 1906

Seyðisfjörður, un pueblo encajado en el fondo de un fiordo estrecho del este, con casas de madera de colores traídas por comerciantes noruegos a finales del siglo XIX, tuvo un papel decisivo en la conexión de Islandia con el mundo. Durante siglos, la isla había estado casi incomunicada: las noticias tardaban semanas en llegar de Europa, transportadas por barco, y esa lejanía reforzaba su aislamiento político y económico bajo el dominio danés.

Eso cambió en 1906. Ese año, la Gran Compañía Telegráfica del Norte (Store Nordiske) tendió un cable submarino que, partiendo de Escocia y las islas Feroe, tocaba tierra islandesa precisamente en Seyðisfjörður. El servicio se inauguró el 25 de agosto de 1906, y desde el fiordo del este una línea terrestre —sostenida por miles de postes a lo largo de cientos de kilómetros— llevó por fin el telégrafo hasta Reikiavik. Por primera vez, Islandia podía comunicarse con el resto del mundo en cuestión de minutos en lugar de semanas.

Aquel cable fue una revolución. Aceleró el comercio, la prensa y la vida política justo cuando el país avanzaba hacia el autogobierno, y colocó a Seyðisfjörður en el mapa como la puerta de entrada de las telecomunicaciones a Islandia. El pueblo conserva hoy ese legado en su Museo Técnico del Este de Islandia, y sigue siendo, además, el único puerto islandés con conexión regular de ferry hacia el continente europeo, manteniendo su viejo papel de nexo entre la isla y el mundo. Su iglesia azul y su calle adoquinada lo han convertido, con los años, en uno de los pueblos más fotografiados del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sey%C3%B0isfj%C3%B6r%C3%B0urhttps://en.wikipedia.org/wiki/Telecommunications_in_Iceland

El Askja y la emigración a Canadá

El norte y el este cargan también con la memoria de la gran emigración. En marzo de 1875, el volcán Askja, en las tierras altas del interior nororiental, entró en una violenta erupción que arrojó enormes cantidades de ceniza sobre los valles del este de Islandia. La ceniza envenenó los pastos, mató al ganado y arruinó las granjas de comarcas enteras, en un momento en que el país ya sufría inviernos duros, pobreza y falta de tierras.

Aquella catástrofe fue uno de los detonantes de una oleada migratoria sin precedentes. Entre las décadas de 1870 y 1900, decenas de miles de islandeses —muchos de ellos del norte y el este— abandonaron la isla rumbo a América del Norte. Un gran número se estableció en Canadá, en la provincia de Manitoba, a orillas del lago Winnipeg, donde en 1875 fundaron la colonia de "Nueva Islandia" en torno al pueblo de Gimli. Allí conservaron durante generaciones la lengua, las tradiciones y hasta un periódico en islandés, y todavía hoy la comunidad de descendientes celebra cada año el Íslendingadagurinn, el "Día de los Islandeses".

Se calcula que emigró alrededor de una quinta parte de la población del país, una sangría demográfica enorme para una nación tan pequeña. Esa diáspora tejió un vínculo duradero entre Islandia y Canadá, y dejó en el norte y el este el recuerdo de las familias que partieron cuando la tierra —el volcán, el frío, el hambre— se volvió imposible de habitar. La historia de la región no se entiende sin esos barcos que zarparon hacia el oeste llevándose a tantos de sus hijos.

https://en.wikipedia.org/wiki/Askjahttps://en.wikipedia.org/wiki/New_Iceland

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📚 Bibliografía

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