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Historia de Sur (Provenza y Costa Azul)

Marsella, la ciudad griega más antigua de Francia

Marsella es la ciudad más antigua de Francia. Fue fundada hacia el año 600 a.C. por marinos griegos procedentes de Focea, en Asia Menor, que la llamaron Massalia y establecieron una colonia en torno a la caleta natural del Lacydon, el actual Puerto Viejo (Vieux-Port). La tradición conservó incluso el relato de su fundación: el jefe griego Protis habría sido elegido esposo por Gyptis, hija del rey de una tribu local, que le ofreció una copa en señal de unión, sellando la alianza entre griegos e indígenas de la que nació la ciudad.

Massalia se convirtió en una próspera república comercial griega, que difundió por la Galia el vino, el olivo, la vid, la moneda y el alfabeto, y fundó a su vez otras colonias a lo largo de la costa mediterránea, como Niza (Nikaia) y Antípolis (Antibes). Cuando en el siglo I a.C. apoyó al bando perdedor en la guerra civil romana entre César y Pompeyo, la ciudad fue sometida por César en el 49 a.C., pero conservó su carácter helénico y siguió siendo un importante puerto y centro cultural bajo Roma.

A lo largo de los siglos, Marsella mantuvo su vocación de gran puerto mediterráneo, puerta de Francia hacia Oriente, África y, más tarde, el imperio colonial. Ciudad cosmopolita y rebelde, fue escenario de episodios clave de la historia francesa: de aquí partieron en 1792 los voluntarios que llevaron a París el canto que se convertiría en la Marsellesa, el himno nacional. Con más de 2.600 años de historia, Marsella sigue siendo hoy una de las grandes ciudades del Mediterráneo, marcada por sucesivas oleadas de inmigración —italiana, armenia, magrebí, comorana— que han hecho de ella un crisol único en Francia.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Marseille_antiquehttps://fr.wikipedia.org/wiki/Massalia

La Provincia romana y su herencia

El propio nombre de Provenza (Provence) viene del latín Provincia: fue la primera provincia romana fuera de Italia, conquistada a partir del año 125 a.C. y organizada como Gallia Narbonensis, con capital en Narbona. Los romanos, atraídos por el clima mediterráneo y las rutas hacia Hispania, cubrieron la región de ciudades, calzadas y monumentos que se cuentan entre los mejor conservados del mundo romano. Provenza fue una de las regiones más romanizadas y prósperas de todo el imperio.

La herencia romana está por todas partes en el sur. En Nîmes se alzan un anfiteatro (las Arènes) casi intacto y el templo llamado Maison Carrée; cerca, el Pont du Gard, un acueducto de tres niveles de arcos sobre el río Gardon, es una de las obras maestras de la ingeniería romana y Patrimonio Mundial. Arlés conserva su anfiteatro, su teatro y sus necrópolis; Orange, un teatro romano monumental y un arco de triunfo; Vaison-la-Romaine, todo un yacimiento urbano. Estos monumentos atestiguan el esplendor de la Provincia y siguen acogiendo espectáculos veinte siglos después.

Tras la caída de Roma, Provenza vivió siglos de historia agitada —invasiones, incursiones sarracenas, feudalismo— y estuvo largo tiempo ligada al Sacro Imperio y a la casa de los condes de Provenza y de Barcelona, más que al reino de Francia. No se incorporó definitivamente a la corona francesa hasta 1481, cuando el último conde, el «buen rey René», legó sus Estados a Luis XI. Su cultura propia, ligada a la lengua occitana (el provenzal), sus tradiciones, su luz y sus paisajes —celebrados después por pintores como Cézanne o Van Gogh— hacen de Provenza una de las regiones de más fuerte personalidad de Francia.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Provencehttps://fr.wikipedia.org/wiki/Gaule_narbonnaise

Los papas de Aviñón

Durante buena parte del siglo XIV, la capital de la cristiandad occidental no estuvo en Roma, sino en Provenza: en Aviñón. En 1309, en un contexto de gran inestabilidad en Italia y bajo la fuerte influencia del rey de Francia Felipe el Hermoso, el papa Clemente V trasladó la sede pontificia a Aviñón, ciudad situada junto al Ródano y próxima a los territorios de la Iglesia. Comenzaba así el llamado «papado de Aviñón», que la tradición —siguiendo a Petrarca— comparó con el cautiverio de Babilonia.

Entre 1309 y 1377, siete papas sucesivos, todos franceses, residieron en Aviñón, que se convirtió en el centro político, religioso y artístico de Europa. Los pontífices levantaron el imponente Palacio de los Papas (Palais des Papes), enorme fortaleza-residencia gótica que es hoy uno de los mayores palacios medievales del mundo, y rodearon la ciudad de murallas. La corte pontificia atrajo a nobles, clérigos, artistas, banqueros y mercaderes, y Aviñón vivió una época de esplendor, aunque también de crítica por el lujo y la mundanización de la Iglesia.

En 1377, el papa Gregorio XI devolvió la sede a Roma, pero su muerte poco después desencadenó el Gran Cisma de Occidente (1378-1417), durante el cual dos —y luego hasta tres— papas rivales se disputaron la legitimidad, uno de ellos residiendo de nuevo en Aviñón. La ciudad y el pequeño territorio circundante (el Comtat Venaissin) siguieron siendo propiedad del papado hasta la Revolución francesa, que los incorporó a Francia en 1791. El Palacio de los Papas y el centro histórico de Aviñón, con su famoso puente de Saint-Bénézet —el «pont d'Avignon» de la canción—, fueron declarados Patrimonio Mundial en 1995.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Papes_d'Avignonhttps://whc.unesco.org/fr/list/228/

Los cátaros y Carcassonne: la cruzada albigense

En los siglos XII y XIII, buena parte del sur de la actual Francia —el Languedoc, tierra de lengua occitana— fue el corazón de una herejía cristiana: el catarismo. Los cátaros, llamados también albigenses (por la ciudad de Albi), predicaban una fe dualista que oponía radicalmente el mundo material, obra del mal, al mundo espiritual, y rechazaban la jerarquía, la riqueza y los sacramentos de la Iglesia católica. Su doctrina, difundida por predicadores austeros llamados «perfectos», arraigó con fuerza entre la población y contó con la tolerancia o la protección de numerosos señores occitanos.

Alarmada, la Iglesia respondió con la fuerza. Tras el asesinato de un legado papal, el papa Inocencio III proclamó en 1208 la cruzada contra los albigenses, que arrastró a la nobleza del norte de Francia hacia el sur con promesas espirituales y afán de conquista. La guerra, iniciada en 1209, fue de una violencia extrema: ese mismo año, la toma de Béziers acabó en una matanza indiscriminada de sus habitantes, y poco después cayó Carcassonne. Al frente de la cruzada se puso Simón de Montfort, que despojó de sus tierras a los señores locales, como los vizcondes Trencavel. La represión se prolongó durante dos décadas.

La cruzada albigense tuvo una consecuencia política decisiva: el sometimiento del Languedoc y su incorporación a la corona de Francia, que extendió así su poder hasta el Mediterráneo. Para perseguir a los últimos herejes se creó la Inquisición. La resistencia cátara se refugió en fortalezas de montaña como Montségur, cuya caída en 1244 terminó con la hoguera colectiva de más de doscientos «perfectos» que se negaron a abjurar. La imponente ciudadela medieval de Carcassonne, con su doble muralla y sus torres, restaurada en el siglo XIX y hoy Patrimonio Mundial, es el gran símbolo de aquel mundo occitano y de la tragedia que lo sometió.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Croisade_des_albigeoishttps://whc.unesco.org/fr/list/345/

La invención de la Costa Azul: Niza y Cannes

La franja costera del sureste, la Costa Azul (Côte d'Azur), tuvo durante siglos una historia distinta de la de Provenza. Niza y su condado, fundados por los griegos de Marsella, pasaron en la Edad Media a depender de la casa de Saboya, y durante más de cuatro siglos Niza fue una ciudad saboyana y luego del reino de Cerdeña, orientada hacia Italia. No se incorporó a Francia hasta 1860, cuando, en compensación por el apoyo francés a la unificación italiana, el condado de Niza y Saboya fueron cedidos a Napoleón III y ratificados por plebiscito. Por eso Niza conserva un fuerte carácter propio, con su lengua nizarda, su casco antiguo de aire italiano y una identidad singular.

Fue en el siglo XIX cuando nació el mito de la Riviera. La aristocracia británica y rusa, atraída por la suavidad del invierno mediterráneo, empezó a pasar la estación fría en Niza —donde los ingleses financiaron el paseo marítimo que aún se llama Promenade des Anglais—, en Cannes, en Menton. Aquel turismo de invierno de las élites europeas inventó literalmente la Costa Azul como destino de lujo, con sus grandes hoteles, sus villas, sus casinos y sus jardines exóticos. Cannes debió su despegue al descubrimiento casual del lugar por un aristócrata inglés en 1834.

En el siglo XX, la Costa Azul se convirtió en sinónimo de glamour internacional. En 1946 se celebró la primera edición del Festival de Cannes, que haría de la pequeña ciudad la capital mundial del cine cada mes de mayo. El principado de Mónaco, enclavado en la costa, sumó su leyenda de casino y de realeza mediática. Pintores como Matisse, Chagall o Picasso se instalaron en la región, atraídos por su luz. De condado saboyano a paraíso del jet set, la Costa Azul —de Niza a Cannes, de Antibes a Saint-Tropez— es hoy uno de los litorales más célebres y codiciados del planeta.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Histoire_de_Nicehttps://fr.wikipedia.org/wiki/C%C3%B4te_d'Azur

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📚 Bibliografía

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