Viajá con Gus
InicioFranciaHistoriaEste y centro
Historia · Francia

Historia de Este y centro

Estrasburgo y Alsacia, encrucijada del Rin

Alsacia, la llanura fértil situada entre el Rin y las montañas de los Vosgos, ha sido desde siempre una encrucijada de Europa, tierra de paso y de mestizaje entre el mundo germánico y el francés. Su capital, Estrasburgo —cuyo nombre significa «ciudad de las rutas»—, fue una importante ciudad romana y luego una próspera ciudad libre del Sacro Imperio Romano Germánico. Su magnífica catedral gótica de arenisca rosa, con su única aguja de 142 metros, fue durante siglos el edificio más alto de la cristiandad y domina un centro histórico de casas de entramado de madera, la Petite France, hoy Patrimonio Mundial.

Estrasburgo ocupa un lugar de honor en la historia de la cultura europea. Fue allí donde, hacia 1450, Johannes Gutenberg realizó parte de sus experimentos con la imprenta de tipos móviles antes de perfeccionarla en Maguncia, una revolución que cambiaría el mundo. La ciudad, de mayoría germanófona, se convirtió pronto en un gran foco del humanismo y de la Reforma protestante en el siglo XVI. Alsacia quedó unida a Francia en el siglo XVII, en el marco de los tratados de Westfalia (1648) y de las conquistas de Luis XIV, que incorporó Estrasburgo en 1681, aunque conservando durante mucho tiempo su lengua y sus particularidades.

Fue precisamente en Estrasburgo donde nació, en 1792, la que sería la Marsellesa: Rouget de Lisle compuso allí el «Canto de guerra para el ejército del Rin», que los voluntarios marselleses difundirían y que se convertiría en el himno nacional de Francia. Alsacia, con su lengua alsaciana (un dialecto germánico), su gastronomía particular, sus viñedos y sus tradiciones, encarna como pocas regiones esa doble herencia franco-germánica que ha marcado toda su historia.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Strasbourghttps://fr.wikipedia.org/wiki/Alsace

Alsacia-Lorena: la ida y vuelta entre Francia y Alemania

Ninguna región de Francia ha cambiado tantas veces de bandera como Alsacia y una parte de Lorena. Tras la derrota francesa en la Guerra franco-prusiana de 1870, el Tratado de Fráncfort de 1871 obligó a Francia a ceder Alsacia y el norte de Lorena (con la Mosela) al recién nacido Imperio alemán. Nació así el Reichsland Elsass-Lothringen, territorio anexado directamente por Alemania. Miles de alsacianos y loreneses «optaron» por Francia y emigraron; los que se quedaron pasaron a ser alemanes. La pérdida de las «provincias perdidas» se convirtió en una obsesión y en un motor del nacionalismo francés, alimentando el deseo de revancha durante casi medio siglo.

La Primera Guerra Mundial devolvió Alsacia y Lorena a Francia: el Tratado de Versalles de 1919 sancionó su reintegración, celebrada como una gran victoria nacional. Pero el reencuentro no fue sencillo: tras casi cincuenta años bajo administración alemana, la región conservaba particularidades —como el régimen concordatario de relaciones entre Iglesia y Estado, todavía vigente hoy— y una parte de la población hablaba alemán o alsaciano, lo que generó tensiones con el centralismo francés.

El drama se repitió en la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota de 1940, la Alemania nazi anexó de hecho Alsacia y la Mosela, las germanizó por la fuerza y sometió a su población a una política brutal. Su episodio más trágico fue el de los «malgré-nous» («a pesar nuestro»): más de 100.000 jóvenes alsacianos y loreneses fueron incorporados a la fuerza al ejército alemán y enviados en su mayoría al frente del Este, donde muchos murieron o cayeron prisioneros de los soviéticos. La Liberación de 1944-1945 devolvió definitivamente estas tierras a Francia. Aquella historia de anexiones sucesivas dejó en Alsacia-Lorena una identidad singular, hecha de memoria dolorosa y de doble pertenencia cultural.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Annexions_de_l'Alsace-Lorhttps://fr.wikipedia.org/wiki/Alsace-Lorraine

Estrasburgo, capital de Europa

Precisamente por su historia de tierra disputada y reconciliada entre Francia y Alemania, Estrasburgo fue elegida tras la Segunda Guerra Mundial como uno de los símbolos de la construcción europea y de la paz entre los antiguos enemigos. En 1949 se instaló allí el Consejo de Europa, la primera gran organización europea de posguerra, dedicada a la defensa de los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho, con su Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Estrasburgo es también sede del Parlamento Europeo, la asamblea elegida por los ciudadanos de la Unión Europea, que celebra allí sus sesiones plenarias. La ciudad alberga además otras instituciones europeas, y su barrio europeo, con los edificios del Parlamento y del Consejo de Europa a orillas del Ill, se ha convertido en un símbolo de la Europa unida. Que la capital parlamentaria de Europa sea una ciudad tantas veces arrancada entre Francia y Alemania no es casualidad: encarna la voluntad de convertir una frontera de guerras en un espacio de cooperación.

Hoy Estrasburgo combina ese papel europeo con un patrimonio excepcional —su catedral, la Grande Île clasificada por la Unesco, sus museos, su universidad de prestigio— y con la vitalidad de la cultura alsaciana. La región de Alsacia, integrada desde 2016 en la gran región del Este (Grand Est), sigue afirmando su personalidad, y en 2021 recuperó parte de su identidad institucional con la creación de la Colectividad Europea de Alsacia. De campo de batalla franco-alemán a corazón político de Europa, la trayectoria de Estrasburgo resume el sueño de reconciliación del continente.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Strasbourghttps://fr.wikipedia.org/wiki/Parlement_europ%C3%A9en

Lyon, de Lugdunum a capital de las Galias

En la confluencia de dos ríos, el Ródano y el Saona, se levanta Lyon, una de las ciudades más antiguas e importantes de Francia. Fue fundada por los romanos en el año 43 a.C. con el nombre de Lugdunum, y pronto se convirtió en la capital de las Galias, el gran centro administrativo, comercial y religioso del conjunto de las provincias galas. Desde la colina de Fourvière, donde se conservan un teatro y un odeón romanos, Lugdunum dominaba las rutas del imperio y llegó a acuñar moneda y a albergar el altar federal de las Galias. Fue cuna de emperadores, como Claudio, nacido allí en el año 10 a.C.

Lugdunum fue también un temprano y trágico escenario de la historia del cristianismo. En el año 177, bajo el emperador Marco Aurelio, la ciudad fue teatro de una feroz persecución que hizo célebres a los «mártires de Lyon», entre ellos la joven esclava Blandina, cuyo martirio quedó grabado en la memoria de la Iglesia antigua. Lyon se convertiría en una importante sede episcopal, con san Ireneo entre sus primeros obispos.

Tras la caída de Roma, Lyon conservó su rango de gran ciudad a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento, favorecida por su posición estratégica entre el norte y el sur, entre Francia e Italia. Sus ferias comerciales la convirtieron en el siglo XV y XVI en una de las plazas financieras y de imprenta más dinámicas de Europa, donde florecieron los banqueros italianos y una intensa vida cultural. Sobre esa base antigua y comercial, Lyon iba a construir en los siglos siguientes su gran especialidad: la seda.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Lugdunumhttps://fr.wikipedia.org/wiki/Lyon

La seda, los canuts y la capital de la Resistencia

Desde el siglo XVI, Lyon fue la capital europea de la seda. Los reyes de Francia concedieron a la ciudad el privilegio de la fabricación y el comercio de tejidos de seda, y durante siglos florecieron los talleres donde trabajaban los canuts, los obreros tejedores. En el barrio de la Croix-Rousse, sus altos edificios de amplias ventanas albergaban los telares, comunicados por los famosos traboules, pasajes que atraviesan las manzanas. En 1801, el lyonés Joseph-Marie Jacquard inventó un telar programable mediante tarjetas perforadas, antecedente remoto de la informática, que revolucionó la industria textil.

La condición de los canuts, sin embargo, era dura, y Lyon fue escenario de algunas de las primeras grandes revueltas obreras de la era industrial. En 1831 y 1834, los tejedores se sublevaron contra la miseria de los salarios bajo el lema «Vivir trabajando o morir combatiendo», en insurrecciones reprimidas por el ejército que anunciaron los conflictos sociales del siglo XIX. La historia de los canuts es una de las páginas fundadoras del movimiento obrero francés.

En el siglo XX, Lyon se ganó otro título de gloria: el de «capital de la Resistencia». Durante la Segunda Guerra Mundial, su posición, sus traboules —ideales para escapar de la policía— y su tradición cívica la convirtieron en uno de los principales focos de la Resistencia francesa. Allí operó Jean Moulin, el hombre que unificó los movimientos de la Resistencia por encargo de De Gaulle, y allí actuó también, con especial crueldad, el jefe de la Gestapo local Klaus Barbie, el «carnicero de Lyon», juzgado décadas después. La ciudad alberga hoy un Centro de Historia de la Resistencia y la Deportación. A esa herencia densa, Lyon suma su fama mundial de capital gastronómica, tierra de los «bouchons» y de grandes cocineros como Paul Bocuse, coronando una historia de más de dos mil años.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Canutshttps://fr.wikipedia.org/wiki/Lyon

📍 Destinos de Este y centro

EstrasburgoLyon

📚 Bibliografía

← Volver a la historia de Francia