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Historia · España

Historia de Andalucía

Tartessos y la Bética romana

Andalucía, regada por el Guadalquivir, fue una de las primeras tierras civilizadas de Occidente. En el bajo valle del río floreció, en el primer milenio antes de Cristo, Tartessos, una cultura riquísima en metales que comerciaba con fenicios y griegos y que las fuentes antiguas envolvieron en un halo casi legendario. Los fenicios habían fundado en la costa Gadir (Cádiz), tenida por la ciudad más antigua de Europa occidental, y una red de factorías por todo el litoral.

Con la conquista romana, el sur se convirtió en la provincia Bética, una de las más ricas, pobladas y romanizadas de todo el Imperio. Exportaba a Roma aceite de oliva, vino, garum (salsa de pescado) y metales, y sus ciudades alcanzaron gran esplendor. De la Bética salieron algunos de los nombres mayores de Roma: los emperadores Trajano y Adriano nacieron en Itálica, junto a la actual Sevilla, cuyo anfiteatro y mosaicos aún se conservan; y de Córdoba era el filósofo Séneca.

Esa condición de tierra fértil, próspera y abierta al Mediterráneo, encrucijada entre Europa y África, marcaría toda la historia posterior de Andalucía. Sobre el sustrato ibérico, fenicio y romano se superpondrían después los visigodos y, sobre todo, los ocho siglos de al-Ándalus, que harían del sur peninsular el corazón de la civilización islámica en Europa.

https://es.wikipedia.org/wiki/Tartesoshttps://es.wikipedia.org/wiki/B%C3%A9tica

Córdoba, capital del califato

Ninguna ciudad encarna mejor el esplendor de al-Ándalus que Córdoba. Convertida en capital del emirato omeya independiente por Abderramán I en 756 y elevada a sede del califato por Abderramán III en 929, Córdoba fue durante los siglos X y XI la mayor, más rica y más culta ciudad de Europa occidental. Se ha calculado que llegó a superar el cuarto de millón de habitantes cuando las capitales cristianas eran aldeas; tenía calles pavimentadas, baños, mercados y bibliotecas con decenas de miles de volúmenes.

Su monumento supremo es la Mezquita, iniciada por Abderramán I en el siglo VIII y ampliada varias veces, un bosque de columnas y arcos bicolores de una belleza sobrecogedora. Tras la conquista cristiana de la ciudad por Fernando III en 1236 se levantó en su interior una catedral, de modo que hoy es la Mezquita-Catedral, símbolo de la superposición de culturas que define a Andalucía. A pocos kilómetros, las ruinas de Medina Azahara, la deslumbrante ciudad palatina construida por Abderramán III, atestiguan el lujo del califato.

Córdoba fue también un foco intelectual de primer orden, cuna de dos de los mayores pensadores de la Edad Media: el filósofo musulmán Averroes, comentarista de Aristóteles cuya obra influyó decisivamente en la Europa cristiana, y el sabio judío Maimónides, una de las cumbres del pensamiento hebreo. Aquel legado científico y filosófico, transmitido a través de traducciones, fue una de las grandes aportaciones de al-Ándalus a la cultura universal.

https://es.wikipedia.org/wiki/Mezquita-catedral_de_C%C3%B3rdhttps://whc.unesco.org/es/list/313/

Sevilla almohade y Granada nazarí

Tras la caída del califato, Andalucía fue escenario de los sucesivos imperios que trataron de reunificar al-Ándalus. Bajo los almohades, en el siglo XII, Sevilla vivió una época de gran esplendor como capital peninsular del imperio: de aquel tiempo data la Giralda, alminar de la gran mezquita almohade que después se convirtió en campanario de la catedral cristiana, hoy emblema de la ciudad y una de las torres más famosas del mundo. Sevilla fue conquistada por Fernando III de Castilla en 1248.

El último reducto del poder musulmán en la península fue el reino nazarí de Granada, que sobrevivió más de dos siglos y medio, desde mediados del siglo XIII hasta 1492, pagando tributos a Castilla y jugando hábilmente sus alianzas. En ese largo crepúsculo, la dinastía nazarí levantó sobre la colina de la Alhambra uno de los conjuntos palaciegos más bellos jamás construidos: un laberinto de patios, fuentes, jardines y salas cubiertas de yeserías, mocárabes e inscripciones, con el Patio de los Leones y el Generalife como joyas. La Alhambra es la obra cumbre del arte andalusí y uno de los monumentos más visitados de España.

La toma de Granada por los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492 puso fin al reino nazarí y a la presencia política del islam en la península. Las capitulaciones prometían respeto a la religión y las costumbres de los musulmanes granadinos, pero esas garantías se incumplieron pronto: las conversiones forzosas, las revueltas de las Alpujarras y, finalmente, la expulsión de los moriscos en 1609 cerraron trágicamente aquella larga historia. Bajo el Albaicín y la Alhambra late todavía la memoria de al-Ándalus.

https://whc.unesco.org/es/list/314/https://es.wikipedia.org/wiki/Reino_nazar%C3%AD_de_Granada

El oro de América y el monopolio de Sevilla

El descubrimiento de América abrió a Andalucía —y muy en particular a Sevilla— un capítulo de riqueza deslumbrante. En 1503, la Corona estableció en Sevilla la Casa de Contratación, el organismo que controlaba en régimen de monopolio todo el comercio con las Indias: por su puerto fluvial, único autorizado, debían pasar los barcos, las mercancías, los emigrantes y, sobre todo, los cargamentos de oro y plata que llegaban de América. Sevilla se convirtió así en el «puerto y puerta de Indias» y en una de las ciudades más ricas y cosmopolitas de Europa.

Durante el siglo XVI y buena parte del XVII, la ciudad vivió una edad de oro: se llenó de mercaderes de toda Europa, de banqueros, de artistas y de gentes venidas a buscar fortuna. La flota de Indias partía y regresaba cada año, y por el Guadalquivir subía la plata del Cerro Rico de Potosí y el oro de las Indias. Ese esplendor dejó una huella monumental y artística enorme, con pintores como Murillo y Zurbarán, y una arquitectura de iglesias, palacios y la propia catedral —la mayor gótica del mundo—, junto al Archivo de Indias, que aún hoy custodia la memoria documental del imperio.

Ese comercio tuvo también su cara oscura: fue parte de una economía global sostenida en el trabajo forzado indígena y en la trata de esclavos africanos, que pasaron igualmente por los puertos andaluces. Con el tiempo, el progresivo cegamiento del Guadalquivir y las conveniencias comerciales llevaron a trasladar el monopolio a Cádiz en 1717. La bahía gaditana tomó el relevo como gran puerto americano en el siglo XVIII, y de aquel cosmopolitismo salió, no por casualidad, la Constitución liberal de 1812.

https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Contrataci%C3%B3nhttps://whc.unesco.org/es/list/383/

El flamenco y su raíz gitana

El flamenco, la expresión artística más universal de Andalucía, nació del encuentro de las culturas que poblaron el sur. Su núcleo es la aportación del pueblo gitano, llegado a la península a comienzos del siglo XV, que a lo largo de los siglos fusionó su propia sensibilidad con las tradiciones musicales andaluzas —de raíces también árabes, judías, castellanas y, más tarde, americanas— en las zonas de Sevilla, Cádiz, Jerez y Granada. La palabra «flamenco» empezó a usarse en el siglo XVIII asociada precisamente a lo gitano-andaluz.

El flamenco se articula en torno a tres elementos: el cante (la voz), el toque (la guitarra) y el baile, organizados en «palos» o estilos —soleá, seguiriya, bulerías, tangos, fandangos— cada uno con su compás y su carácter. En su origen fue una música íntima, de fragua y de reunión, ligada a la marginación y al sufrimiento del pueblo gitano y de las clases populares andaluzas, y por eso muchos de sus cantes más hondos, el llamado «cante jondo», expresan el dolor, la pena y la muerte con una intensidad estremecedora.

En el siglo XIX el flamenco salió al escenario con los «cafés cantantes», locales donde los artistas se profesionalizaron y compitieron, como el que abrió el mítico Silverio Franconetti en Sevilla. En el siglo XX conoció figuras legendarias, del cantaor Camarón de la Isla al guitarrista Paco de Lucía, que lo llevaron a las cimas del arte y lo abrieron a la fusión con el jazz y otras músicas. En 2010, la Unesco declaró el flamenco Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo un arte que sigue siendo, ante todo, la voz viva de Andalucía.

https://es.wikipedia.org/wiki/Flamencohttps://ich.unesco.org/es/RL/el-flamenco-00363

Málaga, Ronda y los pueblos blancos

La Andalucía mediterránea tiene en Málaga una de sus ciudades más antiguas y vitales. Fundada por los fenicios como Malaka hacia el siglo VIII a.C., fue puerto fenicio, romano y andalusí —su Alcazaba y el castillo de Gibralfaro dominan la ciudad— antes de su conquista por los Reyes Católicos en 1487. En época moderna fue un puerto comercial e industrial pionero, y en el siglo XX se consagró como capital de la Costa del Sol y del turismo. Málaga es, además, la ciudad natal de Pablo Picasso, el pintor más influyente del siglo XX, a quien están dedicados un museo y su casa natal.

Tierra adentro, la serranía andaluza esconde los llamados «pueblos blancos», localidades de casas encaladas encaramadas a los montes, herencia del poblamiento de época andalusí y de la frontera entre el reino nazarí y Castilla. El más espectacular es Ronda, partida en dos por un tajo vertiginoso que salva el célebre Puente Nuevo, del siglo XVIII. Ronda fue una importante ciudad musulmana, cabeza de una taifa, y conserva su casco viejo de origen andalusí sobre el precipicio.

Ronda ocupa además un lugar especial en la historia de la tauromaquia: su plaza de toros, una de las más antiguas de España, se asocia a la escuela rondeña y a la saga de los Romero, que en el siglo XVIII contribuyeron a fijar las reglas del toreo moderno a pie. Su paisaje dramático y su ambiente romántico sedujeron a viajeros y escritores extranjeros, de los viajeros románticos del siglo XIX a Ernest Hemingway y Orson Welles, que amaron la ciudad y contribuyeron a difundir su leyenda por el mundo.

https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A1lagahttps://es.wikipedia.org/wiki/Ronda

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📚 Bibliografía

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