La provincia lleva el nombre de Francisco de Orellana, el conquistador extremeño que en 1542, tras partir desde el Oriente ecuatoriano con la expedición de Gonzalo Pizarro en busca del País de la Canela, realizó por accidente el primer descenso europeo completo del río Amazonas, al que dio nombre —según la crónica de fray Gaspar de Carvajal— tras un supuesto encuentro con mujeres guerreras que evocaban a las amazonas de la mitología griega.
La región, en la cuenca del río Napo, fue durante siglos territorio de pueblos amazónicos como los waorani (huaorani), célebres por su aislamiento y su bravura, y los kichwa, apenas rozados por las misiones y por la débil presencia colonial. Hasta bien entrado el siglo XX fue una de las zonas más remotas e inaccesibles del país, un mundo de selva surcado por grandes ríos.
Puerto Francisco de Orellana, conocida popularmente como Coca, en la confluencia de los ríos Napo, Coca y Payamino, creció como centro de la explotación petrolera amazónica a partir de los años setenta, transformándose de caserío selvático en pujante ciudad petrolera y en uno de los principales polos administrativos y comerciales del Oriente.
En 1998, la región se separó de Napo para constituir la provincia de Orellana, la vigésimo segunda del país, integrada por cuatro cantones —Orellana, La Joya de los Sachas, Loreto y el remoto Aguarico— y con cerca de 180.000 habitantes. Es hoy uno de los principales distritos petroleros del Ecuador y, a la vez, puerta de entrada a la selva más profunda, punto de partida de cruceros fluviales y expediciones al Yasuní.
Orellana alberga el corazón del Parque Nacional Yasuní, Reserva de la Biosfera de la Unesco desde 1989 y una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta: se han registrado en él cerca de 600 especies de aves, más de 150 de anfibios, un centenar de reptiles y más de 2.000 especies de plantas, de modo que en una sola hectárea puede haber más especies de árboles que en toda Norteamérica.
Es también territorio de pueblos indígenas en aislamiento voluntario, los tagaeri y taromenane, parientes de los waorani que rechazan todo contacto con el mundo exterior y cuya supervivencia depende de la protección de su selva. Para resguardarlos se creó dentro del parque una «Zona Intangible» vedada a toda actividad extractiva, aunque los choques con colonos y madereros han cobrado vidas por ambos lados.
El Yasuní encarna el gran dilema ecuatoriano entre la riqueza petrolera y la conservación. En 2007, el gobierno de Rafael Correa propuso al mundo la Iniciativa Yasuní-ITT: dejar bajo tierra el crudo del bloque ITT (Ishpingo-Tambococha-Tiputini) a cambio de una compensación internacional que cubriera parte de los ingresos que el país dejaría de percibir. La iniciativa no logró reunir los fondos y en 2013 se canceló, autorizándose la explotación de una fracción del parque.
Una década después, en agosto de 2023, una histórica consulta popular a nivel nacional decidió que el crudo del bloque ITT debía quedar bajo la selva y ordenó el desmonte progresivo de la explotación. Fue una de las primeras veces en el mundo en que una ciudadanía votó por renunciar a extraer petróleo para proteger la naturaleza y a los pueblos aislados, un hito mundial en la defensa de la Amazonía nacido precisamente en Orellana.
Desde Coca parten los cruceros y expediciones que descienden por el gran río Napo hacia la selva profunda, hacia lodges y reservas como la laguna de Limoncocha, Pañacocha o el propio Yasuní, en algunos de los recorridos de naturaleza más impresionantes de la Amazonía ecuatoriana; el remoto Nuevo Rocafuerte, en la frontera con el Perú, marca el confín oriental de la provincia y del país.
Orellana combina esa vocación de ecoturismo con el peso de una economía petrolera que sigue siendo su motor y su conflicto, y con las heridas ambientales que arrastra la explotación, como el gran derrame del río Coca de 2020. El pueblo waorani, célebre por su historia de aislamiento y por su papel en la defensa del Yasuní, se ha convertido en un símbolo mundial de la resistencia indígena frente a la expansión de la frontera extractiva, y la provincia, en el escenario donde se juega buena parte del futuro ambiental del Ecuador.