Los Ríos, en el interior de la región Costa, debe su nombre a la densa red de ríos que la atraviesan —afluentes del gran sistema del Guayas, como el Babahoyo, el Vinces, el Quevedo y el Zapotal— y que históricamente fueron sus vías de comunicación y comercio, recorridas por balsas y por los vapores fluviales que llevaban los productos hacia el puerto de Guayaquil. Antes de ser tierra de haciendas, la habitaron pueblos costeros vinculados a la vieja tradición manteño-huancavilca.
Es, por excelencia, tierra del montubio: el campesino mestizo de la costa, jinete y hombre de a caballo, con su cultura de amorfinos, rodeos, décimas y contrapuntos, reconocida oficialmente como parte del patrimonio del país. Sus suelos aluviales y su clima cálido y húmedo la convirtieron en una de las zonas agrícolas más fértiles y productivas del Ecuador.
La provincia fue uno de los epicentros del gran auge del cacao que enriqueció al Ecuador entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la «pepa de oro» fue la principal exportación del país y sus enormes haciendas cacaoteras dominaban la economía nacional. Los grandes hacendados —los «gran cacao»— amasaron fortunas colosales que gastaban en París, y su vida afrancesada dejó una huella arquitectónica sorprendente.
El mejor ejemplo es Vinces, apodado «París chiquito» por sus edificios de estilo europeo, sus balcones de hierro y su réplica de la Torre Eiffel, testimonio de aquel esplendor. La caída de los precios y las plagas del cacao en los años veinte terminaron con la bonanza y sumieron a la región en una honda crisis social, retratada por la literatura del realismo ecuatoriano, antes de que nuevos cultivos tomaran el relevo.
Tras la crisis del cacao, a mediados del siglo XX llegó el banano, del que el Ecuador se convirtió en primer exportador mundial, y Los Ríos pasó a ser uno de sus grandes productores, con inmensas plantaciones que se extienden hasta el horizonte. A ellos se sumó el arroz, del que la provincia es la principal despensa del país, junto al maíz, la soya y otros cultivos que hacen de ella un motor de la agroexportación de la Costa.
Ciudades como Quevedo, importante nudo comercial y de gran diversidad poblacional —con una notable comunidad de origen chino que dejó su marca en el comercio y la gastronomía—, y la capital, Babahoyo, crecieron al calor de esta economía agrícola. Hoy Los Ríos, con trece cantones y cerca de un millón de habitantes, es una de las provincias más pobladas del país.
Babahoyo, la capital provincial, se levanta a orillas del río homónimo, en un territorio de tierras bajas que cada invierno se inunda con las crecidas de los ríos, hasta el punto de que buena parte de la ciudad y sus alrededores convive históricamente con el agua y con las casas sobre pilotes, en los llamados «pueblos flotantes». Antaño se llamó «Bodegas», por su papel de gran depósito y aduana donde se acopiaban las mercancías que subían y bajaban por la cuenca del Guayas.
La provincia de Los Ríos fue creada oficialmente el 6 de octubre de 1860, con Babahoyo como capital. La ciudad, arrasada por un incendio en 1867 y reconstruida en la margen del río, ha sido siempre un puerto fluvial y un centro de acopio de la producción agrícola que baja hacia Guayaquil, corazón logístico de la gran cuenca del Guayas.
Los Ríos es cuna de una rica cultura montubia, con el rodeo montubio, los amorfinos, el galope, la música y las tradiciones del campo costero, reconocidas oficialmente como parte del patrimonio cultural del país. La región y su gente inspiraron a los escritores del realismo social ecuatoriano de la Generación de los 30 —José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert y el «Grupo de Guayaquil»—, que retrataron la dura vida del campesino de la costa en obras como «Los que se van» y «Los Sangurimas».
Hoy Los Ríos sigue siendo una de las grandes despensas agrícolas del Ecuador y un motor de la agroexportación de la Costa, entre plantaciones de banano, arroz, cacao y maíz. Entre sus ríos, sus haciendas, su literatura y su cultura montubia viva, la provincia mantiene una identidad profundamente ligada a la tierra y al agua.