Esmeraldas, en el extremo noroeste, es la «provincia verde», cubierta por la selva húmeda del Chocó, una de las regiones más lluviosas y biodiversas del planeta, que se extiende hacia el sur de Colombia. Antes de la llegada de los españoles, sus costas estuvieron habitadas por pueblos como los indios de La Tolita, que dejaron una notable orfebrería de oro y platino.
Esa herencia prehispánica, sumada a la exuberancia de sus bosques y ríos, hizo de Esmeraldas una tierra rica y aislada, apenas tocada durante siglos por el poder colonial, que apenas logró establecerse en la región.
El rasgo más singular de Esmeraldas es su origen afroecuatoriano. En octubre de 1553 naufragó frente a sus costas un barco negrero que iba de Panamá al Perú, y los africanos que lograron liberarse se internaron en la selva. Junto a los indígenas formaron comunidades libres de cimarrones que los españoles llamaron «Reino de los Zambos».
Su líder más célebre fue Alonso de Illescas, un africano que consolidó ese territorio autónomo —quizás el primer espacio de libertad fundado en el continente por sobrevivientes de la trata— hasta lograr que la corona lo reconociera. En 1997, el Congreso ecuatoriano declaró a Illescas Héroe Nacional, defensor de la libertad de los pueblos afro e indígena.
De esa raíz africana nació una cultura riquísima: la música de marimba, los arrullos y chigualos, las décimas y una gastronomía única a base de coco, plátano, pescado y mariscos, como el célebre encocado.
La música de marimba y los cantos tradicionales de Esmeraldas y del sur del Pacífico colombiano fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2015. Esmeraldas es hoy el gran corazón afrodescendiente del Ecuador, con una identidad cultural vibrante y orgullosa.
La ciudad de Esmeraldas es un importante puerto y sede de la principal refinería estatal del país, punto final del oleoducto transecuatoriano que trae el crudo desde la Amazonía a través de los Andes.
La provincia es también un destino de playas muy popular, sobre todo para los serranos: Atacames, con su animada vida nocturna; Súa, Same y Tonsupa; y, más al sur, la tranquila Mompiche, con su ola de surf y sus manglares. Sus reservas del Chocó y de manglares, como Mataje-Cayapas, protegen algunos de los ecosistemas más ricos del país.
En el extremo norte de la provincia, la Reserva Ecológica Manglares Cayapas-Mataje protege los manglares más altos del mundo, con árboles que superan los sesenta metros, y un ecosistema costero de enorme riqueza compartido con el pueblo afro y con comunidades indígenas chachi y épera.
Esmeraldas afronta hoy grandes desafíos: la deforestación del Chocó, la contaminación petrolera del puerto, la pobreza estructural y, en años recientes, el fuerte impacto de la violencia ligada al narcotráfico en la frontera norte. Aun así, su cultura afroecuatoriana vibrante, su naturaleza exuberante y sus playas la mantienen como una de las provincias más singulares y llenas de vida del Ecuador.