La provincia toma su nombre del Chimborazo, con 6.263 metros la montaña más alta del Ecuador y, por el abultamiento de la Tierra en la línea ecuatorial, el punto de la superficie terrestre más alejado del centro del planeta y, por tanto, el «más cercano al Sol». Sus páramos guardan una de las huellas humanas más antiguas del país: el «Hombre de Punín», un cráneo hallado en 1923 cerca de Riobamba y atribuido a varios miles de años de antigüedad.
La región fue el corazón del pueblo puruhá, agricultores y pastores de los Andes centrales cuya capital, Liribamba, se alzaba en la actual llanura de Colta. Los puruhaes fueron incorporados al Imperio inca hacia fines del siglo XV, y la leyenda de la dinastía Duchicela teje el enlace entre los señores puruhaes y la casa cuzqueña. Hoy sus páramos de altura son refugio de la vicuña, reintroducida con éxito en la Reserva de Producción de Fauna Chimborazo, donde también se ven llamas, alpacas y cóndores en un paisaje de puna que evoca el altiplano.
La antigua Riobamba se fundó junto a la laguna de Colta, sobre la vieja Liribamba, en los primeros tiempos de la conquista, y fue una de las primeras ciudades españolas asentadas en el actual Ecuador; muy cerca, la iglesia de Balbanera es venerada como el primer templo católico levantado en el país. El devastador terremoto del 4 de febrero de 1797 arrasó por completo la ciudad y obligó a trasladarla a la llanura de Tapi, su emplazamiento actual, convirtiéndola en una urbe planificada de amplias calles y plazas.
Allí, entre agosto y septiembre de 1830, se reunió la primera Asamblea Constituyente del Ecuador y se redactó la primera Constitución de la República, que designó presidente al general Juan José Flores. Aquel acto fundacional le valió a Riobamba el título de «cuna de la nacionalidad ecuatoriana»; señorial, de arquitectura republicana, también se la conoce como la «Sultana de los Andes» y «Ciudad de las Primicias».
Desde Chimborazo parte una de las hazañas de ingeniería más célebres de América: el tramo del ferrocarril transandino conocido como la Nariz del Diablo, cerca de Alausí, donde las vías trepan una pared casi vertical de la montaña mediante un vertiginoso sistema de zigzags que permite ganar altura en un espacio mínimo. La obra, impulsada por Eloy Alfaro y culminada a comienzos del siglo XX, costó incontables vidas de peones —muchos de ellos jornaleros jamaiquinos traídos para la faena— y se convirtió en símbolo de la unión física entre la Costa y la Sierra.
Durante décadas el ramal fue una de las grandes atracciones ferroviarias del continente, con sus vagones descendiendo entre precipicios sobre el cañón del río Chanchán. Alausí, coqueto pueblo ferroviario coronado por la estatua de San Pedro, sigue siendo la puerta de entrada a este recorrido legendario en el sur de la provincia.
El Chimborazo es un destino de montañismo por excelencia y un hito de la historia de la ciencia. En 1802, el naturalista alemán Alexander von Humboldt, acompañado por Aimé Bonpland y el quiteño Carlos Montúfar, alcanzó en sus laderas una altura récord para la época y describió por primera vez los pisos de vegetación de un volcán ecuatorial, en una lámina célebre en toda Europa. Durante mucho tiempo, la cumbre nevada fue considerada por muchos la montaña más alta del mundo.
En 1880, el alpinista británico Edward Whymper, junto a los guías italianos Jean-Antoine y Louis Carrel, logró la primera ascensión documentada a la cima. Hoy sus refugios y las caminatas por la reserva de fauna hacen del Chimborazo un imán para el andinismo, en un paisaje de nieves perpetuas, arenales y páramo.
Chimborazo conserva una de las poblaciones indígenas más numerosas del Ecuador —cerca de cuatro de cada diez habitantes se reconocen indígenas— y una intensa vida agrícola andina. Sus coloridos mercados, como el multitudinario tianguez de Guamote los jueves, y las comunidades de sus diez cantones mantienen vivas la lengua kichwa, la vestimenta y las fiestas del calendario agrícola. Guano, al norte de Riobamba, es célebre por su artesanía de cuero, alfombras y tejidos de lana.
La provincia comparte además con sus vecinas el vasto Parque Nacional Sangay, Patrimonio Natural de la Humanidad de la Unesco, que enlaza los páramos y glaciares andinos con la selva amazónica y protege, entre otros tesoros, el sistema lacustre de Ozogoche. Entre el turismo de montaña, la agricultura de altura y una cultura indígena vibrante, Chimborazo se proyecta como uno de los corazones andinos del país.