Carchi, en el extremo norte de la Sierra, fue territorio del pueblo pasto y de los quillacingas, agricultores de altura emparentados con las comunidades del sur de la actual Colombia, con quienes compartían lengua, cultura y una intensa red de intercambio de productos entre pisos ecológicos. Su cerámica y sus tumbas de pozo con cámara son testimonio de una sociedad compleja y comercialmente activa.
La región fue una de las últimas incorporadas al Imperio inca antes de la llegada de los españoles, bajo Huayna Cápac, y quedó siempre marcada por su condición de frontera septentrional: primero del Tahuantinsuyo, luego de la Real Audiencia de Quito y finalmente de la República, en el límite con lo que hoy es Colombia. Esa vocación de frontera definiría para siempre el carácter comerciante y aguerrido de sus habitantes.
La capital, Tulcán, es la ciudad ecuatoriana más septentrional y una de las más altas del país, a más de 2.900 metros. Su cementerio es una obra única en América: desde 1936, el jardinero Manuel María Azael Franco y luego su familia esculpieron en los cipreses figuras geométricas, animales y motivos precolombinos, creando un extraordinario arte topiario declarado Patrimonio Cultural del Ecuador en 1984, «un cementerio tan bello que invita a morir».
Muy cerca, el puente natural de Rumichaca —«puente de piedra» en kichwa, ya descrito por el cronista Pedro Cieza de León en 1543— sobre el río Carchi es el histórico paso terrestre entre el Ecuador y Colombia, un punto neurálgico del comercio, la migración y las relaciones binacionales por donde circula buena parte del intercambio con el vecino departamento de Nariño y su ciudad de Ipiales.
El gran tesoro natural de Carchi es la Reserva Ecológica El Ángel, creada en 1992 sobre unas 16.000 hectáreas de páramo de altura cubierto por bosques de frailejones —plantas peludas de hojas aterciopeladas y aspecto casi extraterrestre, que pueden superar los cinco metros— que forman uno de los paisajes más singulares y sobrecogedores de los Andes ecuatorianos.
Estos páramos son además grandes esponjas de agua que alimentan ríos y comunidades, y su conservación es vital para toda la región. A ellos se suman santuarios como la Gruta de la Paz, una cueva natural con una imagen de la Virgen tallada por el escultor Daniel Reyes, importante centro de peregrinación del norte del país. La provincia es también una fértil zona agrícola y ganadera, célebre por su producción de papa —de la que aporta una parte muy destacada del abasto nacional— y por su industria de lácteos.
Carchi fue durante el siglo XIX escenario de choques fronterizos con la vecina Colombia (entonces la Confederación Granadina): el 31 de julio de 1862 se libró en sus cercanías la batalla de Tulcán, uno de los episodios de las tensiones limítrofes de la época de García Moreno. Como territorio propio, la provincia fue creada el 19 de noviembre de 1880 —al desprenderse de Imbabura, inicialmente con el nombre de «Veintemilla»— y rebautizada Carchi en 1884, por el río que la recorre.
Su condición de frontera ha definido su economía: por Rumichaca y sus pasos circula un intenso comercio binacional, con épocas de auge y de contrabando según el vaivén de las monedas y los precios del Ecuador y de Colombia, lo que ha hecho de los carchenses un pueblo comerciante, viajero y de fuerte identidad fronteriza. San Gabriel, cabecera del cantón Montúfar, es reconocida por su bien conservada arquitectura de piedra.
En el límite sur de la provincia, compartido con Imbabura, se abre el cálido valle del Chota, poblado por comunidades afroecuatorianas descendientes de los africanos esclavizados que los jesuitas trajeron en la colonia para trabajar sus haciendas de caña de azúcar, un enclave negro insólito enclavado entre las montañas de la Sierra.
El valle es hoy célebre por su música de «bomba del Chota», sus tradiciones y su gastronomía, y sobre todo por haber dado al Ecuador una extraordinaria cantidad de futbolistas de élite, muchos de ellos seleccionados nacionales, en una de las canteras deportivas más notables del país. Entre su cultura afro, su páramo de frailejones y su vibrante frontera, Carchi —con seis cantones y cerca de 180.000 habitantes— combina naturaleza, comercio e identidad en el confín norte del Ecuador andino.