El territorio del Azuay fue el corazón del pueblo cañari, una de las culturas más importantes y aguerridas de los Andes ecuatorianos, cuyo asentamiento principal en el valle se llamaba Guapondélig. Los cañaris resistieron con tenacidad la expansión inca, pero hacia fines del siglo XV fueron incorporados al Tahuantinsuyo.
El inca Túpac Yupanqui, y luego su hijo Huayna Cápac, levantaron allí Tomebamba, una espléndida ciudad que aspiraba a rivalizar con el Cuzco y donde, según la tradición, nació el propio Huayna Cápac. Sus ruinas, hoy en el complejo de Pumapungo —«la puerta del puma»—, en plena Cuenca, atestiguan aquel esplendor imperial en el norte del mundo andino.
Sobre el sitio de la antigua Tomebamba, el 12 de abril de 1557, Gil Ramírez Dávalos fundó Santa Ana de los Ríos de Cuenca, siguiendo las estrictas normas de trazado ortogonal dictadas por Carlos V. Atravesada por cuatro ríos —el Tomebamba, el Yanuncay, el Tarqui y el Machángara—, la ciudad creció con una armonía arquitectónica notable, de casas de fachadas coloreadas, patios floridos, cúpulas e iglesias.
Ese conjunto urbano, que conserva su plano fundacional tras cuatro siglos, le valió en 1999 la declaración de su centro histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco. Cuenca es hoy la tercera ciudad del país y un referente cultural, universitario y de bellas artes del Ecuador.
El Azuay y su vecina Cañar son la cuna del genuino sombrero de paja toquilla, tejido a mano con una fina fibra vegetal y conocido en el mundo —erróneamente— como «Panama hat», porque se popularizó entre los obreros y viajeros del Canal de Panamá a comienzos del siglo XX, cuando fue una de las grandes exportaciones ecuatorianas.
El tejido tradicional del sombrero fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2012. La provincia es también célebre por su orfebrería, su cerámica, su producción de muebles y una rica tradición de artesanías que sostiene a numerosas comunidades del austro.
Al oeste de Cuenca, el Parque Nacional Cajas protege un páramo de altura sembrado de más de doscientas lagunas glaciares, bosques enanos de polylepis (los «árboles de papel») y una fauna singular de cóndores, llamas y venados. Además de su valor natural, el Cajas abastece de agua a la ciudad y es un paraíso para el senderismo y la pesca de trucha.
El parque forma parte, junto con el centro histórico de Cuenca, de un territorio que combina naturaleza y cultura, y por él pasaba el antiguo Qhapaq Ñan, el gran camino inca que unía el imperio de norte a sur.
Hoy el Azuay combina su patrimonio colonial, su fuerte identidad cultural y una economía diversificada de artesanía, industria, servicios y comercio. Cuenca se ha convertido, además, en uno de los destinos preferidos por jubilados extranjeros —sobre todo estadounidenses— por su clima templado, su patrimonio y su calidad de vida.
La provincia arrastra también una honda historia migratoria: desde fines del siglo XX, miles de azuayos y cañarejos emigraron a Estados Unidos y a España, y las remesas transformaron pueblos enteros del austro, dejando una marca visible en su economía, su arquitectura y su vida social.