La ciudad de Heredia nació a comienzos del siglo XVIII, cuando emigrantes de Cartago fundaron en 1706 una ermita en el paraje de Elvirilla. Hacia 1716-1717 el poblado se trasladó a un sitio que los nativos llamaban Cubujuquí, y en 1736 se erigió allí la parroquia de la Inmaculada Concepción, cuya iglesia sigue presidiendo el parque central junto al peculiar fortín, uno de los pocos de su tipo en el país.
Conocida como la 'Ciudad de las Flores', Heredia es una de las poblaciones que mejor conserva el ambiente de la Costa Rica colonial y cafetalera. Los pueblos de sus alrededores —Barva, Santo Domingo, San Isidro, San Rafael— mantienen la fisonomía tranquila de aquellas villas de labriegos del Valle Central.
Heredia creció como centro de una rica región cafetalera y todavía conserva plantaciones de café en sus laderas, junto a cultivos de fresa y plantas ornamentales. El 'grano de oro' dio a la provincia prosperidad y una identidad ligada a la tierra que aún se percibe en sus fincas y beneficios.
Pero si algo distingue a Heredia es su vocación educativa. Ya en 1751 el obispo Pedro Agustín Morel de Santa Cruz fundó allí una de las primeras escuelas de la provincia; con el tiempo, el antiguo colegio de San Agustín dio origen a la Escuela Normal de Costa Rica, la gran formadora de maestros del país, y de esa raíz nació en 1973 la Universidad Nacional (UNA), que da a la ciudad un carácter joven y universitario.
La provincia trepa desde el valle hacia el Volcán Barva —cuyo nombre recuerda al cacique indígena Barvak que gobernaba la zona antes de la conquista—, integrado al gran Parque Nacional Braulio Carrillo. Este parque, uno de los más importantes y cercanos a la capital, protege una de las mayores extensiones de bosque nuboso y lluvioso del país, atravesada por la espectacular carretera que baja hacia el Caribe.
Sus laderas de café dan paso a montañas cubiertas de selva, cascadas y una biodiversidad notable a pocos kilómetros de la ciudad. Esa franja de altura ha hecho de Heredia una provincia de contrastes, entre la vida urbana del Valle Central y la naturaleza exuberante de sus cumbres.
Al norte, la provincia desciende abruptamente a las Llanuras del Norte, en el cantón de Sarapiquí, un mundo de selva tropical húmeda surcado por ríos caudalosos. La región fue pionera en el estudio y la conservación de la selva costarricense: allí se encuentra la célebre Estación Biológica La Selva, de la Organización para Estudios Tropicales, uno de los principales centros de investigación de bosque tropical del mundo, junto a reservas que atraen a científicos y ecoturistas de todo el planeta.
Sarapiquí es hoy un destino de rafting, canopy, observación de aves y turismo rural, que muestra la cara más selvática y biodiversa de la provincia, muy distinta del apacible Valle Central. Sus ríos, que antaño fueron rutas de comercio hacia el interior, son ahora escenario de aventura y naturaleza.
En las últimas décadas, Heredia ha vivido una notable transformación económica. Cantones como Belén, Barreal, Flores y San Rafael, en pleno Valle Central, se convirtieron en un polo de zonas francas, parques industriales y empresas de servicios y alta tecnología que atrajeron inversión extranjera al país. El hito más recordado fue la instalación, hacia 1997-1998, de una gran planta de Intel en Belén, que impulsó la exportación de microprocesadores y marcó el giro de Costa Rica hacia una economía de conocimiento.
Este desarrollo convirtió a la pequeña provincia en uno de los motores modernos de la Gran Área Metropolitana, con altos niveles de empleo calificado y una fuerte presencia de multinacionales tecnológicas y de dispositivos médicos. Heredia combina así, en pocos kilómetros, la memoria de la Costa Rica cafetalera con la cara más globalizada y contemporánea del país.