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Historia · Colombia

Historia de Vichada

Pueblos originarios del gran territorio del Orinoco

El Vichada es uno de los departamentos más extensos y a la vez menos poblados de Colombia: unos 100.242 km² —el segundo más grande del país— habitados por apenas algo más de 127.000 personas, con una densidad cercana a un habitante por kilómetro cuadrado. Se extiende por el extremo oriental del país, en la Orinoquía, sobre el gran río Orinoco, que lo separa de Venezuela, y está atravesado por otros grandes ríos como el Meta, el Tomo, el Tuparro y el Vichada, que le da nombre.

Sus vastas sabanas y selvas de galería fueron habitadas por numerosos pueblos indígenas —los sikuani o guahibo, los sáliba, los piaroa, los curripaco, los puinave, los cuiba y los desano, entre otros—, cazadores, pescadores y recolectores que aún mantienen una fuerte presencia y territorios propios, y que a lo largo de la historia debieron soportar toda suerte de hostigamientos, desde las 'guahibiadas' o cacerías de indígenas hasta los abusos de la colonización.

De comisaría a departamento en la última frontera

Durante siglos, el Vichada fue una tierra remota, apenas tocada por las misiones y por colonos y comerciantes aislados, una de las últimas fronteras de la Orinoquía y de todo el país. Su organización político-administrativa refleja esa lejanía: fue creado como Comisaría del Vichada el 3 de junio de 1913, mediante decreto; su capital se trasladó varias veces —de San José de Maipures a Puerto Nariño en 1924— hasta fijarse definitivamente en Puerto Carreño el 5 de junio de 1974.

Con la Constitución de 1991, el 4 de julio de ese año, el Vichada fue elevado a la categoría de departamento, y en 1995 adquirió plenas competencias departamentales. Aun así, sigue siendo un territorio de horizontes sin fin, con muy pocas carreteras, en el que los grandes ríos son las verdaderas vías de comunicación y en el que la densidad de población es la más baja o de las más bajas del país.

Puerto Carreño y los raudales de Maipures

La capital, Puerto Carreño, se levanta en la confluencia de los ríos Meta y Orinoco, en un rincón donde se encuentran Colombia y Venezuela. Es una pequeña y cálida ciudad fluvial, de temperaturas extremas, base para explorar afloramientos rocosos como el cerro de Barranco Colorado y los inabarcables paisajes de sabana y río del departamento.

Más al sur, sobre el Orinoco, los Raudales de Maipures —que el naturalista Alexander von Humboldt calificó, según la tradición, como la 'octava maravilla del mundo'— y el Parque Nacional Natural El Tuparro protegen un espectáculo natural de sabana, selva de galería, morichales y rápidos de aguas caudalosas que rugen entre las rocas del antiquísimo escudo guayanés. El territorio guarda además la presunta estructura de impacto del Vichada, un enorme cráter de meteorito que podría ser el mayor de Suramérica.

Naturaleza en estado puro

El Vichada es un santuario de naturaleza casi virgen. En el Parque El Tuparro y en el conjunto de sus sabanas, selvas y ríos habita una biodiversidad extraordinaria: delfines rosados de río o toninas, caimanes llaneros, chigüiros, jaguares, nutrias gigantes, y una riquísima avifauna. Los ríos de aguas cristalinas o negras, los morichales, las dunas de arena y los raudales componen paisajes de una belleza sobrecogedora y todavía muy poco alterada por el ser humano.

Su lejanía, la ausencia de carreteras en gran parte del territorio y su bajísima población lo convierten en uno de los grandes destinos, aún poco explorados, del turismo de naturaleza y aventura de la Colombia profunda, en pleno corazón de la Orinoquía, junto a las aguas del gran río Orinoco y a la frontera con Venezuela.

Frontera, colonización y desafíos del presente

Poblado por una mezcla de comunidades indígenas, colonos llaneros y migrantes, el Vichada comparte la cultura del joropo y del llano con el resto de la Orinoquía, aunque con una impronta más aislada y fronteriza. Su economía se basa en la ganadería extensiva y en una incipiente agroindustria en las altillanuras, donde se ensayan cultivos de gran escala, además de la explotación forestal.

Como otras regiones de frontera y de difícil control estatal, el departamento enfrenta desafíos como los cultivos ilegales de coca y la extracción informal de coltán, un mineral estratégico. Inmenso, remoto y salvaje, el Vichada representa una de las últimas grandes fronteras naturales de Colombia, un territorio donde los ríos son los caminos y donde la sabana y la selva de la Orinoquía se extienden hasta el horizonte, guardando una biodiversidad y unos paisajes de valor incalculable.

📚 Bibliografía

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