El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina se encuentra en el Caribe occidental, mucho más cerca de Nicaragua y Centroamérica que de la Colombia continental, a más de setecientos kilómetros de la costa. A diferencia del resto del país, su historia moderna comenzó en el mundo anglosajón: hacia 1629 llegaron colonos puritanos ingleses de la Providence Island Company, a los que siguieron esclavos africanos traídos para las plantaciones de algodón y aventureros de varias procedencias.
De esa raíz británica y africana nació el pueblo raizal, de habla creole (un criollo de base inglesa), religión protestante bautista y una cultura propia, muy distinta de la del interior colombiano. Providencia fue además refugio de piratas y corsarios: la tradición la asocia al célebre corsario galés Henry Morgan y a sus supuestos tesoros escondidos, y conserva topónimos y leyendas de aquella era bucanera.
El archipiélago fue objeto de disputas entre España e Inglaterra y, más tarde, entre Colombia y Nicaragua. En 1928, el tratado Esguerra-Bárcenas reconoció la soberanía colombiana sobre las islas, aunque los diferendos marítimos con Nicaragua se prolongaron durante décadas y desembocaron en fallos de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que en 2012 redefinieron los límites marítimos y generaron gran controversia en Colombia.
A lo largo del siglo XX, la declaración de puerto libre en 1953 y la llegada masiva de continentales y de turismo y comercio transformaron San Andrés, generando sobrepoblación y tensiones con la población raizal, que reivindica su identidad, su lengua, su religión y su derecho al territorio frente a la presión demográfica y a la pérdida de sus tradiciones.
El gran tesoro del archipiélago es su mar: aguas de un turquesa tan variado, según la profundidad y los fondos de arena, coral y algas, que se lo conoce como 'el mar de los siete colores'. Se asienta sobre uno de los mayores complejos de arrecifes de coral del hemisferio, protegido por la Reserva de Biosfera Seaflower, declarada por la Unesco, de enorme riqueza marina.
San Andrés, la isla mayor, es un animado destino de playas, buceo, comercio libre y música, con lugares como Johnny Cay, el Hoyo Soplador y la laguna interior. Providencia y su vecina Santa Catalina, más pequeñas, tranquilas y montañosas, unidas por el 'Puente de los Enamorados', conservan mejor la cultura raizal y una naturaleza casi virgen. Playas, corales, música de reggae, calypso y socca, y una cultura caribeña única hacen de estas islas un rincón singular de Colombia.
En noviembre de 2020, el huracán Iota, de categoría máxima, golpeó con extrema violencia Providencia y Santa Catalina, destruyendo alrededor del noventa por ciento de sus construcciones y su vegetación, en uno de los mayores desastres naturales recientes del país. La reconstrucción de la isla, respetando su arquitectura tradicional isleña y su cultura raizal, se convirtió en un reto nacional.
Providencia ha ido recuperando poco a poco su naturaleza, sus arrecifes y su vida, y sigue siendo uno de los destinos más auténticos del Caribe colombiano. Entre el mar de los siete colores, la cultura raizal, los corales de Seaflower y la resiliencia isleña, el archipiélago es un pedazo del Caribe anglófono en el corazón de Colombia.