El Magdalena está dominado por la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña costera más alta del mundo, que en apenas cuarenta kilómetros pasa del mar Caribe a picos nevados de más de 5.700 metros (los picos Colón y Bolívar). En sus laderas floreció la civilización tairona, que construyó ciudades de piedra —la mayor es Teyuna, la Ciudad Perdida— unidas por caminos empedrados, terrazas agrícolas y complejos sistemas de canales, con una notable orfebrería y cerámica.
Los descendientes de aquellos pueblos —koguis, arhuacos, wiwas y kankuamos— siguen habitando la sierra, a la que consideran el 'corazón del mundo', y mantienen viva una cosmovisión ancestral guiada por sus sabios, los mamos. La Ciudad Perdida, hoy accesible tras un exigente trekking de varios días a través de la selva, es uno de los grandes tesoros arqueológicos de América y fue redescubierta por guaqueros en la década de 1970.
Rodrigo de Bastidas fundó Santa Marta en 1525, lo que la convierte en la ciudad sobreviviente más antigua de Colombia y una de las primeras del continente americano. Su bahía sirvió de puerta de entrada a la conquista del interior y de puerto de una región de haciendas, ganado y comercio, aunque quedó eclipsada por el auge de Cartagena.
En la vecina quinta de San Pedro Alejandrino, una hacienda azucarera a las afueras de la ciudad, murió Simón Bolívar el 17 de diciembre de 1830, arruinado, enfermo y desengañado tras la disolución de la Gran Colombia, camino de un exilio que nunca llegó a emprender. Ese hecho da a Santa Marta un lugar solemne en la memoria nacional. La ciudad es hoy un importante puerto —clave para la exportación de carbón y banano— y un animado destino turístico del Caribe.
Junto a Santa Marta, el Parque Nacional Natural Tayrona protege uno de los paisajes más bellos del país: playas de arena dorada, mar turquesa y selva que baja de la sierra sobre los vestigios de los antiguos poblados taironas, con playas emblemáticas como Cabo San Juan. Es uno de los parques más visitados de Colombia, con periodos de cierre para su recuperación ecológica y cultural.
En las estribaciones de la sierra, el pueblo de montaña de Minca —la 'capital ecológica'— ofrece cascadas, fincas de café y cacao, y avistamiento de aves entre bosque nublado. Hacia el sur, la zona bananera y el pueblo de Aracataca, cuna de Gabriel García Márquez, recuerdan que estas tierras del Magdalena, con su calor, sus haciendas y su historia de la Masacre de las Bananeras de 1928, inspiraron el Macondo del realismo mágico.
El departamento debe su nombre al gran río Magdalena, la principal arteria fluvial de Colombia, que corre por su llanura occidental antes de desembocar en el Caribe. En su valle se extiende la Ciénaga Grande de Santa Marta, el mayor complejo lagunar del país, un humedal de manglares reconocido por la Unesco como reserva de biosfera y sitio Ramsar, hogar de los pueblos palafíticos como Nueva Venecia, cuyas casas se levantan sobre el agua.
Entre la nieve de la sierra, la selva del Tayrona, el desierto que anuncia La Guajira, la ciénaga y el mar, el Magdalena reúne una diversidad de ecosistemas y de culturas —indígena, campesina, afrocaribeña— que lo hacen uno de los territorios más ricos y variados de toda Colombia.