El Guaviare es un departamento de transición entre la Orinoquía y la Amazonía, en el centro-sur de Colombia. Su territorio combina sabanas, selvas y antiquísimos afloramientos rocosos del escudo guayanés, atravesado por el gran río Guaviare. Fue habitado por pueblos indígenas amazónicos, entre ellos los nukak, uno de los últimos pueblos nómadas cazadores-recolectores del continente, contactados apenas en las últimas décadas y hoy en grave riesgo.
Durante el siglo XX, la región vivió sucesivas oleadas de colonización, el auge de la coca y un conflicto armado especialmente duro, que la mantuvieron aislada, estigmatizada y golpeada. San José del Guaviare, la capital, es la puerta de entrada a este territorio de frontera selvática, hoy en plena reinvención turística.
El gran tesoro del Guaviare es la Serranía de la Lindosa, cuyos paredones de roca guardan uno de los mayores conjuntos de pinturas rupestres del mundo: kilómetros de figuras ocres de animales, plantas, manos y escenas humanas pintadas hace miles de años, en sitios como Cerro Azul, a veces llamados la 'Capilla Sixtina de los antiguos'. Estos yacimientos, ligados al vecino Parque Nacional Serranía de Chiribiquete —Patrimonio Mixto de la Humanidad y el mayor parque nacional del país—, revelan la antiquísima ocupación humana de la Amazonía.
Junto a las pinturas, formaciones geológicas como Ciudad de Piedra, pozos naturales, túneles de selva y los famosos 'túneles verdes' hacen del Guaviare un destino arqueológico y natural sin igual, donde la historia humana y la geológica se remontan a millones de años.
Tras el acuerdo de paz de 2016, el Guaviare se ha convertido en uno de los destinos emblemáticos del ecoturismo de la Colombia posconflicto, un símbolo de cómo una región golpeada por la guerra puede reinventarse desde su naturaleza. Sus ríos de aguas cristalinas, sus 'caños' teñidos de rojo por plantas acuáticas —como en el Meta—, su fauna de delfines rosados y su selva profunda atraen a viajeros en busca de naturaleza y arqueología.
Muchos de los guías y emprendedores turísticos son antiguos colonos o excombatientes reconvertidos, que encuentran en la conservación y el turismo una alternativa de vida. Entre la sabana y la Amazonía, con su arte rupestre milenario y su biodiversidad, el Guaviare es un poderoso símbolo de la reconciliación de una región largamente marcada por el conflicto.
El Guaviare es tierra de grandes ríos —el Guaviare, el Inírida en su nacimiento— que sirven de caminos y de refugio de fauna, con delfines rosados, nutrias, caimanes y una avifauna espectacular. Sus reservas y comunidades ofrecen avistamiento de fauna, navegación y encuentros con la cultura de colonos e indígenas.
La frágil situación del pueblo nómada nukak, afectado por el desplazamiento y el contacto, recuerda la vulnerabilidad de los pueblos originarios de esta región de frontera. Naturaleza deslumbrante, arte prehistórico y culturas amazónicas hacen del Guaviare uno de los destinos más fascinantes y prometedores de la nueva Colombia.