El departamento del Cesar se extiende por el valle del río del mismo nombre, entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la serranía del Perijá, en la frontera con Venezuela. La región fue habitada por pueblos indígenas como los chimila en las llanuras y, en las montañas, los yukpa del Perijá y los kankuamos de la sierra; su nombre evoca al legendario cacique Upar, que da nombre a la capital, Valledupar ('valle de Upar').
Durante la colonia, Valledupar —fundada en 1550— fue un centro ganadero y de haciendas del Caribe interior, en una encrucijada de caminos entre la costa, la sierra y Venezuela. Las extensas llanuras y el clima cálido definieron una economía de ganado y agricultura y una cultura de raíz mestiza y campesina, marcada por la vida del hato y del río.
El Cesar es, ante todo, la cuna del vallenato, el género musical más representativo del Caribe colombiano y uno de los grandes símbolos culturales del país. Nacido del encuentro del acordeón europeo con los tambores africanos, la guacharaca indígena y la tradición de los juglares que iban de pueblo en pueblo contando historias cantadas, el vallenato —con sus aires de paseo, merengue, son y puya— conquistó a toda Colombia y al mundo.
Cada abril, Valledupar celebra el Festival de la Leyenda Vallenata, la mayor fiesta del género, donde se corona al Rey Vallenato en un exigente concurso de acordeoneros. La música vallenata, con figuras legendarias como Rafael Escalona, Alejo Durán y Diomedes Díaz, fue inscrita por la Unesco en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia, en reconocimiento a su valor y a las amenazas que enfrenta.
El Cesar combina el valle ganadero con dos grandes macizos: la Sierra Nevada de Santa Marta, hogar de los pueblos indígenas kogui, arhuaco y kankuamo, y la serranía del Perijá, territorio yukpa y frontera con Venezuela. En sus tierras se explotan además algunas de las mayores minas de carbón a cielo abierto de América Latina, en la zona de La Loma y La Jagua, que marcan buena parte de su economía y alimentan intensos debates ambientales y sociales.
Con su música, sus haciendas, sus festivales, sus ríos que bajan de la sierra y sus paisajes de valle y montaña, el Cesar es un departamento de honda identidad caribeña y campesina, donde el acordeón sigue siendo el corazón de la cultura popular y donde conviven la tradición ganadera, la minería y la riqueza cultural indígena.
El Cesar guarda rincones naturales de gran belleza y valor cultural. Los balnearios del río Guatapurí, que baja cristalino de la Sierra Nevada hasta Valledupar, son parte de la vida y la mitología local, ligada a leyendas como la de la Sirena del Guatapurí y a la piedra de La Sirena. Los pueblos de la sierra y del Perijá abren las puertas a un incipiente ecoturismo y etnoturismo.
Entre el folclor vallenato, los ríos, las leyendas y los grandes paisajes de sierra y llanura, el Cesar ofrece una experiencia profundamente arraigada en la cultura del Caribe interior colombiano, donde la música y la palabra cantada son el alma de la región.