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Historia · Colombia

Historia de Caquetá

Pueblos amazónicos y la búsqueda de El Dorado

El Caquetá, en el sur del país, se extiende desde el piedemonte de la Cordillera Oriental hacia las selvas de la Amazonía occidental, en un descenso desde los bosques andinos hasta la gran llanura tropical. Fue habitado por numerosos pueblos indígenas amazónicos —andaquíes, coreguajes, tamas, macaguajes, uitoto o murui, andoques— y, en el piedemonte, por comunidades de raíz andina como los nasa (páez) e ingas. Hoy los pueblos indígenas representan apenas alrededor del 1,5 % de la población, tras siglos de despojo y colonización.

Los primeros contactos europeos estuvieron ligados al mito de El Dorado: en 1542, Hernán Pérez de Quesada exploró la región en su busca. Durante la colonia, la evangelización avanzó a tientas por estas selvas: en 1590 se fundó Espíritu Santo del Caguán, que desapareció hacia 1690, y en 1728 se estableció San Bernardino de los Caguanes. Fue, en todo caso, una tierra apenas rozada por el poder colonial, cuya conquista efectiva quedó para mucho después.

La fiebre del caucho y la colonización campesina

A comienzos del siglo XX, la fiebre del caucho llevó al Caquetá, como al vecino Putumayo, una de las páginas más oscuras de la historia amazónica: la explotación de las caucherías sometió a los pueblos indígenas a un régimen de trabajo forzado, violencia y atrocidades que diezmó comunidades enteras. En ese contexto surgieron los primeros poblados de colonos, como Puerto Rico (1884) y San Vicente del Caguán (1896).

La capital, Florencia, fue fundada en 1902 por misioneros capuchinos y se convirtió en la 'puerta de oro de la Amazonía' colombiana. En 1905 se creó la Intendencia del Caquetá, con Florencia como capital. A lo largo del siglo XX, oleada tras oleada de colonización campesina —empujada por la violencia partidista, la búsqueda de tierra y la ganadería— avanzó sobre la selva, tumbando bosque para abrir potreros. El territorio fue elevado a departamento el 15 de diciembre de 1981, mediante la Ley 78. Con casi 89.000 km², es hoy el tercer departamento más extenso del país.

Conflicto armado y la zona de distensión del Caguán

El Caquetá fue una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado colombiano. Zona de colonización, de extensos cultivos de coca y de fuerte presencia histórica de las FARC, quedó en el centro del proceso de paz más recordado y traumático de finales del siglo XX: la fallida negociación del Caguán entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC-EP.

El 7 de enero de 1999 se instaló en San Vicente del Caguán la mesa de diálogo —con la sonada ausencia del jefe guerrillero Manuel Marulanda—, y en octubre de 1999 se estableció una amplia 'zona de distensión' o de despeje de unos 42.000 km², repartida entre municipios de Caquetá y Meta (San Vicente del Caguán, Mesetas, La Uribe, La Macarena y Vista Hermosa), un área mayor que Suiza. El proceso naufragó y se rompió definitivamente el 20 de febrero de 2002, tras el secuestro de un senador en un avión desviado por las FARC. El fracaso del Caguán marcó a fuego la historia reciente del país y precedió a la ofensiva militar de los años siguientes.

Ríos, selva y arte rupestre

El Caquetá ofrece paisajes amazónicos de gran belleza: grandes ríos como el Caquetá —que da nombre al departamento— y el Orteguaza, cascadas, selvas espesas y una fauna abundante de dantas, monos, jaguares y aves. En su territorio se levantan formaciones espectaculares del complejo Araracuara y se acerca la Serranía de Chiribiquete, el mayor parque nacional del país y Patrimonio de la Humanidad, célebre por sus tepuyes y sus pinturas rupestres.

En el gran arco de arte rupestre que conecta esta región con la Serranía de la Lindosa, en el vecino Guaviare, han ganado fama mundial impresionantes conjuntos de pinturas milenarias sobre paredones de roca —figuras de animales, cazadores y seres míticos— que atestiguan una ocupación humana antiquísima de la Amazonía. Entre el piedemonte andino y la gran selva, con sus ríos, su fauna y su arte prehistórico, el Caquetá es una de las grandes puertas de entrada a la Amazonía colombiana.

Ganadería, paz y futuro amazónico

Tras el acuerdo de paz de 2016 con las FARC, el Caquetá busca reinventarse. Su economía se apoya sobre todo en la ganadería extensiva —con más de un millón de cabezas de ganado—, en la agricultura y en proyectos de sustitución de cultivos ilícitos, en una difícil transición hacia la economía legal y la reconciliación. La deforestación, alimentada por la expansión ganadera y la colonización, es uno de sus mayores desafíos ambientales.

Con cerca de 430.000 habitantes, altos índices de pobreza y una biodiversidad de valor incalculable, el departamento apuesta por convertir su naturaleza en fuente de desarrollo: crecen el turismo de naturaleza, el avistamiento de fauna y los proyectos comunitarios en torno a sus ríos, sus selvas y su arte rupestre. Entre las heridas del pasado y las promesas del posconflicto, el Caquetá encarna los dilemas de toda la Amazonía colombiana.

📚 Bibliografía

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