Boyacá, en el altiplano cundiboyacense, fue uno de los grandes centros de la civilización muisca. Allí gobernaba el Zaque, señor de Hunza —hoy Tunja—, rival del Zipa de Bacatá, y allí se hallaban santuarios sagrados como la laguna de Iguaque, considerada por los muiscas la cuna de la humanidad, de donde según su mito emergió la diosa Bachué. La región era rica en agricultura, sal, textiles y esmeraldas.
Tras la conquista, el capitán Gonzalo Suárez Rendón fundó Tunja en 1539 sobre la antigua Hunza. La ciudad se convirtió en un importante y aristocrático centro colonial, con iglesias, conventos y casonas de gran riqueza artística —como la casa del fundador y las de célebres artesonados mudéjares—, testimonio de su papel en el Nuevo Reino de Granada.
Boyacá tiene un lugar único en la historia de Colombia: fue en su suelo donde se decidió la independencia. El 7 de agosto de 1819, tras la extenuante Campaña Libertadora que había cruzado los Andes desde los llanos por el gélido páramo de Pisba, el ejército de Simón Bolívar derrotó a las fuerzas realistas en la batalla del Puente de Boyacá, capturando a su comandante José María Barreiro.
Aquella victoria abrió el camino a Bogotá y selló la liberación de la Nueva Granada, dando nacimiento a la Gran Colombia. Días antes, la batalla del Pantano de Vargas, también en Boyacá, había sido decisiva, con la célebre carga de los catorce lanceros de Juan José Rondón. Hoy el Puente de Boyacá es un santuario patrio con su monumento a Bolívar, y el 7 de agosto es una de las fechas más importantes del calendario nacional.
Boyacá conserva algunos de los pueblos coloniales más hermosos de Colombia. El mayor es Villa de Leyva, fundada en 1572, con su enorme plaza empedrada —una de las más grandes de América— y sus casas blancas de portones de madera, hoy Monumento Nacional y destino turístico por excelencia, rodeado además de yacimientos de fósiles marinos del Cretácico, como el kronosaurio, y de paisajes desérticos.
El departamento, de clima frío y paisajes de páramo, es tierra de campesinos boyacenses trabajadores, de artesanías de lana en Nobsa, de cerámica en Ráquira y de una gastronomía de tubérculos andinos, mazamorra y cocido boyacense. Pueblos como Monguí, Iza, Tenza o Sáchica y santuarios como el de Chiquinquirá, patrona de Colombia, completan un rico patrimonio.
Boyacá reúne una naturaleza andina excepcional. En el oriente se alza la Sierra Nevada del Cocuy, la mayor masa glaciar de Colombia, con sus picos nevados, lagunas y frailejones dentro del Parque Nacional Natural El Cocuy, un paraíso del montañismo y territorio del pueblo indígena u'wa. El Lago de Tota, el mayor del país, y numerosos páramos completan su geografía de alta montaña.
En el occidente del departamento se encuentran las famosas minas de esmeraldas de Muzo, Coscuez y Chivor, de las que sale buena parte de las esmeraldas más finas del mundo, en una región de larga y a veces violenta tradición minera. Entre la historia patria, la cultura muisca, los pueblos coloniales y la naturaleza andina, Boyacá es uno de los departamentos más ricos en patrimonio de Colombia.