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Historia · Colombia

Historia de Arauca

Pueblos del llano y misiones del piedemonte

Arauca se extiende por los Llanos Orientales del norte, a orillas del río Arauca, que marca buena parte de la frontera con Venezuela, y asciende al occidente hasta el piedemonte y las nieves de la Cordillera Oriental. Fue y sigue siendo hogar de varios pueblos indígenas: los u'wa o tunebo del piedemonte —guardianes de una honda cosmovisión ligada a la Sierra Nevada del Cocuy—, los betoye del río Cravo, los sikuani, los hitnü o macaguán y los kuiba de la llanura, cazadores y recolectores de las sabanas.

Desde 1659, las misiones jesuíticas comenzaron a organizar el territorio, con religiosos como Francisco Jimeno; tras la expulsión de los jesuitas en 1767, los recoletos agustinos fundaron varios centros de doctrina, entre ellos San Fernando de Arauca. De aquellas misiones nació, como en toda la Orinoquía, la ganadería extensiva y el ganado cimarrón que definieron la vida llanera. La región se pobló lentamente, en el aislamiento de una frontera lejana.

Independencia y frontera con Venezuela

Los llanos araucanos tuvieron un papel notable en la independencia. Tame se convirtió, desde 1812, en un centro revolucionario animado por el fraile Ignacio Mariño, y la propia ciudad de Arauca llegó a servir brevemente, en 1816, de capital de la Nueva Granada bajo el presidente Fernando Serrano, en los años de la resistencia patriota. Simón Bolívar entró en territorio araucano el 4 de junio de 1819, camino de Tame y de la gran campaña que cruzaría los Andes hacia Boyacá.

La condición fronteriza ha marcado siempre la historia de Arauca. La ciudad capital, a orillas del río homónimo y frente a la venezolana El Amparo, y pueblos como Tame y Saravena crecieron como centros ganaderos y de frontera, con una relación estrecha —y a veces tensa— con Venezuela, con la que se comparten cultura, comercio, familias y hasta el Torneo Internacional del Joropo, que se disputa a ambos lados de la raya.

De comisaría a departamento y el petróleo de Caño Limón

En su recorrido político-administrativo, Arauca fue creada como comisaría el 24 de marzo de 1911, elevada a intendencia el 20 de enero de 1955 y, finalmente, convertida en departamento el 5 de julio de 1991, con la nueva Constitución que integró plenamente a la vida nacional a los antiguos territorios de la periferia. Hoy es un departamento de siete municipios y cerca de 320.000 habitantes.

El acontecimiento que transformó su economía fue el descubrimiento, en 1983, del gigantesco yacimiento petrolero de Caño Limón, que convirtió a Arauca en uno de los grandes productores de crudo del país y lo conectó al mundo por el oleoducto Caño Limón-Coveñas. Ese oleoducto se volvió, sin embargo, blanco frecuente de atentados de la guerrilla, y el auge petrolero atrajo también el conflicto armado y las tensiones de una zona de frontera estratégica, con fuerte presencia histórica del ELN y las FARC. La economía se completa con la ganadería y cultivos como el cacao, el plátano y la palma.

Sabanas, ríos y el Cocuy

Arauca conserva los paisajes clásicos de la Orinoquía: sabanas inmensas, esteros, morichales, matas de monte y una rica fauna de llano —chigüiros, venados, caimanes, garzas y una gran variedad de aves acuáticas—. Sus ríos, el Arauca, el Casanare y el Cravo Norte, son a la vez fronteras, caminos y fuente de vida.

Hacia el occidente, el departamento trepa por el piedemonte hasta compartir con Boyacá el Parque Nacional Natural El Cocuy, con su sierra nevada de picos glaciares y páramos sagrados para el pueblo u'wa, aportando montaña y nieve a un territorio esencialmente llano. Esa combinación de sabana ardiente y cumbres heladas da a Arauca una insólita variedad de pisos térmicos y paisajes en el extremo nororiental de Colombia.

El alma del llano araucano

La cultura araucana es una de las expresiones más puras de la identidad llanera. El joropo, el arpa que imita el galope de los caballos, el cuatro, las maracas y, sobre todo, el contrapunteo —el duelo cantado e improvisado en que dos coplistas se responden en versos ingeniosos y veloces— alcanzan aquí una de sus cumbres, admiradas a ambos lados de la frontera. La gastronomía de la mamona o ternera a la llanera, y las fiestas de sabana, completan esa herencia.

Marcada por su condición de frontera, por el petróleo y por décadas de conflicto, Arauca busca hoy proyectarse también desde su riqueza cultural y natural, como una de las grandes puertas del oriente colombiano hacia la cuenca del Orinoco, guardando junto a Casanare, Meta y Vichada, y junto al vecino llano venezolano, un patrimonio compartido de joropo, coplas y sabanas doradas de enorme fuerza.

📚 Bibliografía

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