Las montañas de Antioquia estuvieron habitadas por pueblos como los nutabes, los tahamíes y los catíos (emberá), y por los orfebres quimbayas en las vertientes del Cauca, autores de piezas de oro que están entre las cumbres del arte prehispánico americano. La conquista española llegó a mediados del siglo XVI atraída precisamente por el oro: la región se convirtió en uno de los principales distritos mineros del Nuevo Reino de Granada, y su explotación se sostuvo durante siglos con mano de obra indígena y africana esclavizada.
La ciudad de Santa Fe de Antioquia, fundada en 1541 a orillas del río Cauca, fue la primera capital y conserva un notable casco colonial con su catedral y el histórico Puente de Occidente. El aislamiento geográfico de estos valles y cañones profundos, encerrados entre cordilleras, forjó una cultura regional de fuerte identidad: la del pueblo 'paisa', trabajador, religioso, comerciante y de un habla inconfundible.
Uno de los procesos más importantes de la historia colombiana fue la colonización antioqueña del siglo XIX: miles de familias paisas migraron hacia el sur, abriendo montaña con hacha y machete, fundando pueblos y sembrando café en lo que hoy son el suroeste antioqueño y el Eje Cafetero. Aquella expansión difundió por medio país la cultura arriera, la mula como medio de vida, la casa de bahareque con balcones floridos y el paisaje ordenado de los cafetales.
Ese empuje colonizador convirtió a Antioquia en el corazón cafetero y comercial de Colombia y sentó las bases de la temprana industrialización de Medellín, que a comienzos del siglo XX se llenó de fábricas textiles y se transformó en la capital industrial del país. La Federación Nacional de Cafeteros y la marca del café colombiano nacieron en gran medida de esta epopeya montañera.
Medellín, capital del departamento y segunda ciudad del país, es conocida como la 'ciudad de la eterna primavera' por su clima templado en el valle de Aburrá. En los años ochenta y comienzos de los noventa se convirtió en el epicentro mundial del narcotráfico, dominada por el cartel de Pablo Escobar, y llegó a tener una de las tasas de homicidio más altas del planeta, con coches bomba y una violencia que marcó a toda una generación.
Su transformación posterior es célebre en el mundo entero: mediante el llamado urbanismo social —bibliotecas parque, colegios de calidad, metrocables que conectan las comunas de ladera con el valle, y espacios públicos en los barrios más pobres— la ciudad redujo drásticamente la violencia y ganó premios internacionales de innovación. Hoy Medellín es un pujante polo cultural, tecnológico y turístico, sede de la Feria de las Flores y de una intensa vida creativa, aunque enfrenta nuevos retos como el turismo sexual y la desigualdad.
A un par de horas de Medellín, el oriente antioqueño ofrece uno de los paisajes más fotografiados del país: Guatapé, un pueblo de casas engalanadas con 'zócalos' —relieves pintados de colores en la base de las fachadas— junto a un enorme embalse de brazos ramificados, dominado por la Piedra del Peñol, un monolito de más de doscientos metros al que se asciende por una escalera de unos setecientos peldaños para contemplar una vista inolvidable.
El departamento reúne además algunos de los pueblos más bellos de Colombia: Jardín y Jericó, en el suroeste cafetero, con sus plazas floridas y su arquitectura de colonización; Santa Fe de Antioquia, colonial y cálida; y Guatapé, en el oriente. Entre la vibrante vida urbana de Medellín, sus pueblos patrimoniales, sus embalses y su fuerte tradición cafetera y cultural, Antioquia es uno de los grandes destinos turísticos de Colombia.