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Historia · Canadá

Historia de Nueva Escocia

Los mi'kmaq y la Acadia francesa

La península de Nueva Escocia fue durante milenios territorio del pueblo mi'kmaq, hábiles pescadores, cazadores y navegantes del Atlántico que fueron de los primeros en tratar con los europeos y que sellaron con la corona británica los llamados Tratados de Paz y Amistad, aún vigentes. A comienzos del siglo XVII, colonos franceses fundaron aquí Acadia, una de las primeras colonias europeas de América del Norte, en torno a Port-Royal (1605).

Los acadios desarrollaron una cultura propia y un ingenioso sistema de diques (aboiteaux) para ganar al mar las fértiles marismas de la bahía de Fundy. La región fue campo de batalla entre Francia e Inglaterra durante más de un siglo; con el Tratado de Utrecht de 1713, la Acadia peninsular pasó a manos británicas, aunque su población siguió siendo francesa y católica.

La deportación de los acadios (1755)

En 1755, en vísperas de la guerra final contra Francia, y frustrados por la negativa de los acadios a jurar lealtad incondicional a la corona británica, los británicos ordenaron su deportación. A partir del 5 de septiembre de 1755, unas diez mil personas fueron expulsadas de sus tierras, embarcadas y dispersadas por las colonias americanas, Inglaterra y Francia a lo largo de ocho años. Miles murieron de enfermedad o hambre en las travesías. Muchos terminaron en Luisiana, donde dieron origen a la cultura 'cajún'.

Aquel Grand Dérangement es una de las páginas más trágicas de la historia canadiense y quedó grabado en la memoria acadia, inmortalizado más tarde en el poema 'Evangeline' de Longfellow. El paisaje de Grand-Pré, corazón del mundo acadio, es hoy Patrimonio de la Humanidad como lugar de memoria de la deportación.

Escoceses, alemanes y la 'Nueva Escocia'

En el vacío dejado por los acadios, Gran Bretaña impulsó la llegada de colonos protestantes. Fundó Halifax en 1749 como base naval y militar, pobló la costa con inmigrantes alemanes —que fundaron Lunenburg en 1753— y, sobre todo, con miles de escoceses de las Highlands que llegaron a partir de finales del siglo XVIII. Su lengua gaélica, su música y su cultura celta aún perviven, especialmente en la isla de Cabo Bretón, y explican el nombre latino de la provincia: Nova Scotia, 'Nueva Escocia'.

También se instalaron aquí Loyalists llegados tras la Revolución estadounidense, entre ellos numerosos negros libres y esclavizados, cuyos descendientes forman una de las comunidades afrodescendientes más antiguas de Canadá. Esa mezcla de mi'kmaq, acadios, escoceses, alemanes y afrocanadienses define el carácter plural de la provincia.

Provincia fundadora y tierra de mar

Nueva Escocia fue una de las cuatro provincias fundadoras de la Confederación en 1867, no sin resistencia de quienes preferían seguir ligados a Gran Bretaña. Su historia es inseparable del océano: el bacalao, la construcción naval y el comercio marítimo la hicieron próspera en el siglo XIX, la 'edad de oro de la vela'. Halifax, su capital y uno de los grandes puertos naturales del mundo, fue puerta de entrada de más de un millón de inmigrantes —su Muelle 21 es el 'Ellis Island canadiense'— y escenario, en 1917, de la Explosión de Halifax, la mayor detonación provocada por el hombre antes de la era atómica, que arrasó parte de la ciudad y causó unos 2.000 muertos.

Hoy la provincia atrae por su costa escarpada y sus faros, como el icónico de Peggy's Cove; por Lunenburg, casco histórico Patrimonio de la Humanidad y cuna de la goleta Bluenose; y por el Parque Nacional Cape Breton Highlands, recorrido por la espectacular carretera panorámica Cabot Trail.

Faros, Cabot Trail y cultura celta

Rodeada casi por completo por el mar —ningún punto de la provincia dista más de 60 kilómetros de la costa—, Nueva Escocia vive de cara al Atlántico. Su litoral recortado guarda cientos de faros, pueblos pesqueros de casas de madera y bahías donde se pesca la codiciada langosta. El Titanic, hundido en 1912 frente a sus costas, dejó en Halifax los cementerios donde reposan muchas de sus víctimas.

La isla de Cabo Bretón, unida al continente por una calzada, es el corazón de la cultura celta de la provincia: aquí sobrevive la música de violín (fiddle) de raíz escocesa, se enseña aún el gaélico y cada otoño el festival Celtic Colours celebra ese legado mientras los bosques se tiñen de rojo y oro. La Cabot Trail, que serpentea por los acantilados del norte de la isla, es considerada una de las carreteras panorámicas más bellas del mundo.

📍 Destinos de Nueva Escocia

Cape Breton HighlandsHalifaxLunenburgPeggys Cove

📚 Bibliografía

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