Los Territorios del Noroeste, un inmenso espacio de bosque boreal, tundra y grandes lagos, fueron y son hogar de los pueblos dene (déné) —chipewyan, tlicho, gwich'in, sahtu y otros—, de los métis del norte y, en la costa ártica, de los inuvialuit, la rama occidental de los inuit. Vivieron durante milenios de la caza del caribú, la pesca en los grandes lagos y el atrapamiento de pieles.
Durante siglos, la región formó parte de la Tierra de Rupert de la Compañía de la Bahía de Hudson y fue surcada por los exploradores del comercio de pieles. En 1789, el escocés Alexander Mackenzie descendió el gran río que hoy lleva su nombre —el más largo de Canadá— hasta el océano Ártico, buscando en vano un paso al Pacífico.
Cuando Canadá adquirió los territorios del noroeste en 1870, creó con ellos un enorme distrito administrativo del que, con el tiempo, se recortaron varias provincias y territorios. El descubrimiento de oro en la década de 1930 dio origen a Yellowknife, hoy la capital, a orillas del Gran Lago del Esclavo. Y desde los años noventa, el hallazgo de kimberlitas convirtió a los Territorios del Noroeste en una de las regiones productoras de diamantes más importantes del mundo, con minas como Ekati y Diavik.
En 1999, la mitad oriental del territorio se separó para formar Nunavut, dejando a los Territorios del Noroeste con su configuración actual. Los pueblos originarios, que constituyen la mayoría de la población, han avanzado en acuerdos de autogobierno y reclamos territoriales —como el de los tlicho— que redefinen la vida política y la administración del norte.
El símbolo natural del territorio es la Reserva del Parque Nacional Nahanni, uno de los primeros sitios inscritos como Patrimonio de la Humanidad, en la cordillera Mackenzie. El río South Nahanni serpentea entre cañones profundos y se precipita por las cataratas Virginia (Náįlįcho), casi el doble de altas que las del Niágara, en un paraje de leyenda accesible solo en avión o en canoa.
Yellowknife es, además, uno de los mejores lugares del planeta para contemplar la aurora boreal, gracias a sus cielos despejados y su ubicación bajo el óvalo auroral, lo que atrae a viajeros de todo el mundo. Grandes lagos, ríos indómitos, la ruta de hielo invernal y una fauna de osos, caribúes, bisontes de bosque y aves acuáticas hacen de los Territorios del Noroeste un destino para el viajero de aventura.
La geografía de los Territorios del Noroeste está dominada por el agua. El Gran Lago del Esclavo, el más profundo de Norteamérica, y el Gran Lago del Oso, el mayor situado enteramente en Canadá, se cuentan entre los cuerpos de agua dulce más grandes del planeta. De ellos y de innumerables ríos nace el Mackenzie, la gran arteria que recorre 1.700 kilómetros hasta el delta del Ártico y que fue, durante siglos, la ruta del comercio de pieles y de las comunidades ribereñas dene.
Ese delta y las tierras costeras de los inuvialuit, en torno a Inuvik y Tuktoyaktuk —hoy conectada por carretera con el resto de Canadá—, son un mundo de tundra, pingos y sol de medianoche. El Parque Nacional Wood Buffalo, compartido con Alberta y Patrimonio de la Humanidad, protege la mayor manada de bisontes en libertad del mundo y el único nido natural de la grulla trompetera.
Con once lenguas oficiales —nueve de ellas indígenas, además del inglés y el francés—, los Territorios del Noroeste son uno de los lugares con mayor diversidad lingüística de Canadá. Yellowknife, la capital surgida de la fiebre del oro de los años treinta, es un pequeño y cosmopolita centro donde conviven mineros, funcionarios, dene, métis e inuvialuit.
El territorio se ha convertido en escenario mundial del turismo de aurora boreal, que atrae a viajeros de Asia y de todo el planeta a sus cielos invernales. A ello se suman las expediciones en canoa por ríos legendarios, la pesca deportiva en aguas remotas y las rutas de hielo que, cada invierno, transforman los ríos y lagos helados en carreteras hacia comunidades aisladas, en una de las últimas grandes fronteras habitadas de América.