Manitoba, en el corazón geográfico de Canadá, fue durante milenios tierra de pueblos cree, ojibwe (anishinaabe), dakota y, en el extremo norte, inuit. Su red de ríos y lagos —el lago Winnipeg es uno de los mayores del mundo— la convirtió en una arteria clave del comercio de pieles. La Compañía de la Bahía de Hudson estableció puestos en la costa ártica ya en el siglo XVII, como York Factory, y el punto donde se juntan los ríos Rojo y Assiniboine —The Forks, hoy en Winnipeg— fue durante siglos un lugar de encuentro y comercio indígena.
De la unión entre comerciantes europeos, sobre todo franceses y escoceses, y mujeres indígenas nació el pueblo métis, con lengua (el michif), cultura y economía propias, ligadas a la caza del bisonte y al transporte de pieles. La colonia de Red River, fundada en 1812 con colonos escoceses, se transformó en el núcleo de esa comunidad mestiza.
Cuando Canadá compró la Tierra de Rupert a la Compañía de la Bahía de Hudson en 1869-1870, los métis de Red River, temiendo perder sus tierras y derechos ante la llegada de agrimensores y colonos, se levantaron bajo el liderazgo de Louis Riel y formaron un gobierno provisional. Su resistencia forzó una negociación con Ottawa: la Ley de Manitoba, con sanción real el 12 de mayo de 1870, creó la quinta provincia de la Confederación, con garantías —al menos sobre el papel— para el francés, el catolicismo y las tierras métis.
La ejecución del prisionero orangista Thomas Scott por el gobierno provisional en 1870 desató represalias, y Riel debió exiliarse en Estados Unidos pese a ser considerado el 'padre de Manitoba'. Regresó para liderar la Rebelión del Noroeste de 1885 en Saskatchewan, tras la cual fue juzgado y ahorcado, convirtiéndose en un símbolo trágico de la lucha de los métis y de la tensión entre el este anglófono y el oeste.
Con el ferrocarril, Winnipeg creció vertiginosamente como gran cruce ferroviario y comercial, 'la puerta del oeste', y a comienzos del siglo XX fue una de las ciudades más prósperas y cosmopolitas de Canadá, con una fuerte inmigración ucraniana, judía, alemana y del este de Europa. En 1919, la ciudad fue escenario de la histórica Huelga General de Winnipeg, uno de los momentos fundacionales del movimiento obrero canadiense.
Hoy Winnipeg, capital provincial en el punto medio geográfico del país, es una ciudad culturalmente diversa, sede del Museo Canadiense por los Derechos Humanos —el único museo nacional fuera de la región de la capital— y de una vibrante escena cultural francófona en el barrio de Saint-Boniface, herencia directa de la vieja Red River.
Pocas provincias reflejan tan bien el crisol canadiense como Manitoba. A la base indígena y métis se sumaron oleadas de inmigrantes que dejaron una huella cultural imborrable: los ucranianos, cuyas cúpulas ortodoxas y iglesias salpican la pradera; los menonitas de habla alemana que colonizaron el sur; los islandeses de Gimli, junto al lago Winnipeg, que fundaron la mayor comunidad islandesa fuera de Islandia; y comunidades judías, polacas y filipinas, entre muchas otras.
Esa diversidad convive con una fuerte presencia indígena: Manitoba tiene una de las mayores proporciones de población de las Primeras Naciones y métis de Canadá, y Winnipeg alberga la comunidad indígena urbana más numerosa del país. El francés, garantizado desde la fundación de la provincia y hoy vivo en Saint-Boniface, completa un mapa lingüístico y cultural excepcionalmente variado.
Manitoba combina la pradera de trigo del sur con miles de lagos, el bosque boreal y la tundra ártica del norte, que se asoma a la bahía de Hudson. Su geografía va del grano al hielo en unos pocos cientos de kilómetros.
Su destino natural más asombroso está en el extremo norte: Churchill, a orillas de la bahía de Hudson y accesible solo por tren o avión, es conocida como la 'capital mundial del oso polar'. Cada otoño, cientos de osos se congregan allí esperando que se congele la bahía para salir a cazar focas, y en verano miles de belugas remontan el estuario del río Churchill. Es, además, uno de los mejores lugares del planeta para contemplar la aurora boreal, uno de los grandes espectáculos de fauna y cielo del mundo.