Pando es el departamento más septentrional de Bolivia y uno de los más despoblados, cubierto casi por completo por la selva amazónica y atravesado por grandes ríos como el Madre de Dios, el Beni, el Orthon y el Acre. Antes y después de la conquista, la región fue hogar de diversos pueblos indígenas amazónicos —tacanas, ese ejjas, cavineños, machineris, yaminahuas, toromonas y pacahuaras, entre otros—, muchos de ellos seminómadas y de contacto tardío, o incluso todavía sin contacto, con la sociedad nacional.
Durante siglos permaneció como una frontera remota y casi inexplorada, en el punto donde Bolivia se encuentra con Brasil y el Perú, lejos por completo de los centros de poder del altiplano y los valles. Su clima cálido y húmedo, su densa cobertura boscosa y la ausencia de caminos la mantuvieron aislada del resto del país hasta bien entrado el siglo XX.
Aún hoy Pando es una de las regiones menos accesibles de Bolivia y una de las de mayor cobertura selvática, con bosques tropicales prácticamente intactos que forman parte del gran pulmón amazónico sudamericano. Esa condición de última frontera, de tierra de nadie entre tres países, marcó desde el comienzo el carácter y la historia de un territorio que solo se integró plenamente a Bolivia por la vía del conflicto y la explotación de los recursos de la selva.
La historia moderna de Pando está indisolublemente ligada al auge de la goma o caucho de fines del siglo XIX y comienzos del XX. A partir de la década de 1880, exploradores y trabajadores 'siringueros' —muchos de ellos llegados desde Santa Cruz y desde el vecino Brasil— se internaron en la selva del norte para explotar los árboles de caucho, estableciendo 'barracas' y patronazgos a orillas de los grandes ríos.
La extracción del látex, que abastecía la creciente demanda mundial de la industria del automóvil y la electricidad, convirtió a la Amazonía en escenario de una fiebre económica tan lucrativa como violenta. Los pueblos indígenas fueron sometidos a un régimen de trabajo forzado, deudas y abusos que diezmó a comunidades enteras, en uno de los capítulos más oscuros de la historia amazónica boliviana.
Ese mundo de barracas y ríos, de caucheros enriquecidos y de peones endeudados, fue el que dio forma al poblamiento del actual departamento. La disputa por el control de un territorio tan rico en caucho, en una zona de fronteras aún mal definidas entre Bolivia, Brasil y Perú, sería la chispa que encendería el conflicto armado que cambiaría para siempre el mapa del norte boliviano.
El auge del caucho desató un grave conflicto territorial: la Guerra del Acre (1899-1903). En el rico territorio del Acre, poblado mayoritariamente por colonos brasileños dedicados a la explotación gomera, estalló una rebelión contra la administración boliviana, encabezada por figuras como el aventurero Luis Gálvez y, más tarde, el militar brasileño José Plácido de Castro. Bolivia intentó defender la región, pero la desproporción de fuerzas y la lejanía hicieron insostenible el control del territorio.
El conflicto terminó con el Tratado de Petrópolis, firmado el 17 de noviembre de 1903 durante la presidencia de José Manuel Pando. Por él, Bolivia cedió al Brasil el vasto y rico territorio del Acre a cambio de una compensación de dos millones de libras esterlinas y del compromiso brasileño de construir el ferrocarril Madeira-Mamoré, destinado a dar salida a los productos bolivianos por el Atlántico. En 1909, el Tratado Polo-Bustamante, firmado bajo la presidencia de Eliodoro Villazón, fijó los límites con el Perú en la misma región.
Aquella pérdida territorial —una más en la larga historia de fronteras mutiladas de Bolivia— dejó, sin embargo, en manos bolivianas una porción de la Amazonía noroccidental que sería el germen del futuro departamento. La resistencia de siringueros y del pueblo tacana permitió conservar enclaves como Puerto Bahía, sobre el río Acre, donde poco después nacería la capital pandina.
Sobre el emplazamiento de Puerto Bahía, a orillas del río Acre y en plena frontera con el Brasil, fue fundada el 9 de febrero de 1906 la ciudad de Cobija, llamada así en memoria del antiguo puerto boliviano del Pacífico perdido en la Guerra del Pacífico, como gesto simbólico de reafirmación soberana. Frente a ella, del otro lado del río, se levanta la brasileña Brasileia, con la que Cobija mantiene un intenso movimiento comercial de frontera.
El departamento de Pando fue creado el 24 de septiembre de 1938, durante el gobierno del presidente Germán Busch, lo que lo convierte en el más joven de Bolivia. Lleva el nombre del expresidente, militar y explorador José Manuel Pando, que había recorrido y estudiado la Amazonía boliviana y que firmó el Tratado de Petrópolis. Con su creación, el Estado buscó afirmar su presencia en la remota frontera norte y dotar de administración propia a un territorio hasta entonces marginal.
Cobija, capital departamental, es una pequeña ciudad tropical de clima cálido y húmedo, dotada de estatus de zona franca, que la ha convertido en un activo centro de comercio fronterizo. Aislada durante décadas del resto del país —solo en tiempos recientes quedó conectada por carretera con La Paz—, la capital pandina concentra buena parte de la población de un departamento que sigue siendo, por lejos, el menos poblado de Bolivia.
Hoy la economía de Pando gira en torno a los recursos de la selva, muy especialmente la castaña amazónica o nuez de Brasil, de la que Bolivia es uno de los mayores productores y exportadores del mundo, además de la madera y la goma. La recolección de la castaña, realizada por familias campesinas e indígenas que se internan en lo profundo del bosque durante la 'zafra', es la principal actividad económica y organiza el calendario y la vida de toda la región.
El departamento fue también escenario de uno de los episodios más trágicos de la Bolivia reciente: la masacre de El Porvenir, del 11 de septiembre de 2008. En pleno enfrentamiento entre el gobierno de Evo Morales y las prefecturas opositoras de la 'media luna', un grupo de campesinos que marchaba hacia Cobija fue emboscado cerca de la localidad de Porvenir, con un saldo de al menos diecinueve muertos, en su mayoría campesinos. El entonces prefecto Leopoldo Fernández fue procesado como principal responsable y, en 2017, condenado a quince años de prisión; un informe de la Unasur calificó los hechos como crimen de lesa humanidad.
Con sus selvas casi intactas, sus ríos caudalosos y su enorme biodiversidad, Pando representa la cara más amazónica y menos conocida de Bolivia. Región de bosques tropicales que forma parte del gran pulmón sudamericano, alberga áreas protegidas y una de las mayores concentraciones de castañales del planeta, y sintetiza a la vez las promesas y las tensiones de la última frontera boliviana: la de un país andino que también es, en su extremo norte, profundamente amazónico.