El departamento de Oruro ocupa el altiplano central de Bolivia, una meseta fría y seca a unos 3.700 metros de altura, en torno a los antiguos lagos Poopó y Uru Uru. Fue territorio ancestral de los urus —uno de los pueblos más antiguos de los Andes, ligados a las aguas y los totorales del altiplano, que se definían a sí mismos como 'hombres del agua'— y de los aymaras que llegaron a dominar la región.
Esa herencia sigue viva en las comunidades chipayas y muratos que descienden de los urus, y en la fuerte identidad aymara del campo orureño. El altiplano de Oruro, de horizontes amplios y clima riguroso, fue durante siglos tierra de pastores de llamas y de agricultores de quinua y papa amarga, actividades que aún estructuran la vida rural del departamento junto a la minería.
La ciudad de Oruro fue fundada el 1 de noviembre de 1606 con el nombre de Villa de San Felipe de Austria —en honor al rey Felipe III— por el oidor Manuel de Castro y Padilla, para organizar la explotación de la plata de sus cerros. Durante la colonia fue un importante centro minero de plata, aunque nunca alcanzó el esplendor de Potosí.
El gran cambio llegó a fines del siglo XIX y comienzos del XX con el auge del estaño, cuando Oruro se convirtió en uno de los grandes centros mineros del mundo y en un nudo ferroviario clave que conectaba el altiplano con los puertos del Pacífico y con la Argentina. Allí tuvieron enorme peso los sindicatos mineros, protagonistas de la Revolución de 1952, de la creación de la COMIBOL y de buena parte de la historia política y sindical boliviana del siglo XX, hasta el drama del cierre de las minas tras la crisis de 1985.
El símbolo mayor del departamento es el Carnaval de Oruro, una de las manifestaciones folklóricas más impresionantes de Sudamérica. Nacido del sincretismo entre las devociones andinas —a la Pachamama y al Tío de la mina— y la fe católica en torno a la Virgen del Socavón, patrona de los mineros, el carnaval reúne a decenas de miles de danzantes en la célebre Diablada, que escenifica la lucha entre el bien y el mal, y en decenas de danzas como la morenada, la caporal y la llamerada.
En 2001 la Unesco lo proclamó Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, distinción incorporada en 2008 a la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial. Cada año, en la fecha de carnaval, la gran peregrinación y la 'entrada' de conjuntos folklóricos —que baila kilómetros hasta el santuario del Socavón— convierten a Oruro en la capital folklórica de Bolivia y atraen a visitantes de todo el mundo.
Hacia el oeste, en la frontera con Chile, el departamento alberga el Nevado Sajama, un volcán inactivo de unos 6.542 metros que es la montaña más alta de Bolivia. A su alrededor se extiende el Parque Nacional Sajama, el parque nacional más antiguo del país —creado en 1939—, que protege los bosques de queñua (Polylepis) más altos del mundo, aguas termales, géiseres y una rica fauna altiplánica de vicuñas, flamencos y suris.
Es un paisaje de páramo desolado y grandioso, vecino de los volcanes gemelos Payachatas (Parinacota y Pomerape), que se alzan sobre la línea fronteriza. Junto con las aguas del Poopó —hoy amenazado por la sequía y la desecación— y los pueblos de tradición uru y aymara, el occidente orureño conserva algunos de los ecosistemas de altura más singulares y frágiles de Bolivia, con chullpares y pinturas rupestres que recuerdan la larga presencia humana en estas alturas.