El distrito de Orange Walk guarda uno de los tesoros arqueológicos de Belice: Lamanai, a orillas del Río Nuevo. Su nombre deriva del maya yucateco Lama'anayin, 'cocodrilo sumergido', y el sitio fue habitado de forma casi continua durante más de tres mil años, desde el Preclásico Temprano —hacia el siglo XVI a.C.— hasta la época colonial, lo que lo convierte en uno de los asentamientos mayas de más larga ocupación de toda Mesoamérica, a diferencia de las ciudades del Clásico abandonadas hacia el año 900.
Entre la selva se alzan sus grandes pirámides: el Templo de las Máscaras, con mascarones de piedra de unos cuatro metros y medio; el Templo Alto (High Temple), desde cuya cima se domina la selva; y el Templo del Jaguar. Lamanai destacó también por su metalurgia: allí se hallaron 187 objetos de cobre —campanillas, anillos, ornamentos—, más que en cualquier otro sitio maya, testimonio de su papel en las redes de comercio mesoamericanas.
A diferencia de la mayoría de las ciudades mayas, Lamanai seguía habitada cuando llegaron los españoles. En el siglo XVI, los frailes levantaron allí dos iglesias católicas para evangelizar a la población local, cuyos cimientos aún pueden verse junto a las pirámides. Pero la imposición colonial provocó una revuelta maya —hacia 1640— que expulsó a los misioneros y devolvió el control del sitio a sus habitantes originarios.
Siglos después, ya en época británica, la ribera del Río Nuevo conoció otra industria: a finales del siglo XIX se instaló allí un ingenio azucarero, cuyas ruinas de maquinaria de hierro oxidado conviven hoy con los templos mayas. Esa superposición de épocas —maya, española y colonial británica— sobre un mismo lugar hace de Lamanai un raro palimpsesto de la historia beliceña. Hoy se llega navegando el Río Nuevo entre monos aulladores, cocodrilos y aves acuáticas.
Como su vecino Corozal, el distrito de Orange Walk se pobló en gran parte con mestizos y mayas yucatecos que escapaban de la Guerra de Castas de Yucatán a mediados del siglo XIX. Ellos trajeron el idioma español y la cultura mexicana que aún hoy predominan en la zona, y sentaron las bases del cultivo de la caña de azúcar.
Orange Walk Town, la capital del distrito, se conoce popularmente como 'Sugar City' (la ciudad del azúcar) por ser el centro de la principal región azucarera del país; el gran ingenio de Tower Hill procesa la caña de todo el norte. La industria azucarera sigue siendo el motor económico del norte beliceño y estructura el paisaje de cañaverales que rodea la ciudad.
Orange Walk fue escenario del último gran embate maya contra la colonia. En 1872, el líder Marcos Canul, al frente de los mayas icaiché que operaban desde el otro lado de la frontera, atacó Orange Walk Town en un intento de expulsar a los madereros británicos que talaban en tierras que consideraban suyas. La defensa se organizó desde los fuertes Mundy y Cairns, levantados por soldados del West India Regiment.
El asalto fracasó y Canul cayó herido de muerte, poniendo fin a décadas de guerras fronterizas. Aquellos enfrentamientos, iniciados en la década de 1860, habían llevado a los mayas a derrotar tropas británicas en San Pedro (1866) y a ocupar Corozal (1870). La batalla de Orange Walk de 1872 cerró ese ciclo y consolidó el dominio colonial sobre el norte del país.
Orange Walk es también hogar de importantes comunidades menonitas de habla plautdietsch (bajo alemán), que se instalaron en Belice a partir de los años 50 en colonias como Blue Creek, Shipyard y Little Belize, y que hoy son pilares de la producción agrícola y lechera del país. Esta mezcla de mestizos, criollos, mayas y menonitas —cerca del 11% de la población del distrito— hace de la región un mosaico cultural particular.
Hacia el oeste y el sur, el distrito conserva vastas extensiones de selva y humedales. El Área de Conservación de Río Bravo, una de las mayores reservas privadas del país, y sitios como La Milpa y Chan Chich protegen jaguares y una rica biodiversidad, y se combinan con la visita a Lamanai en un turismo de naturaleza y arqueología en pleno crecimiento.