Estiria (Steiermark) ocupa el sudeste de Austria, un territorio de montañas boscosas, valles fértiles y viñedos que le han valido el apodo de "corazón verde" del país. Antiguo territorio celta y romano, fue un ducado del Sacro Imperio que pasó a manos de los Habsburgo en el siglo XIII, junto con Austria. Durante buena parte de la Edad Moderna, Estiria fue mucho más que una provincia interior: era la primera línea de defensa de las tierras hereditarias de los Habsburgo frente al avance otomano que venía desde Hungría y los Balcanes.
Entre los siglos XV y XVIII, la región vivió en estado de alerta casi permanente. Las incursiones turcas —a menudo acompañadas de saqueos, matanzas y captura de prisioneros para venderlos como esclavos— asolaron periódicamente el sur de Estiria y de la vecina Carintia. Para defenderse, el territorio se llenó de castillos, torres de vigía e iglesias fortificadas, y se organizó una milicia provincial siempre lista para movilizarse. Graz, la capital, se convirtió en un bastión militar y en el centro de la "Austria Interior", el conjunto de tierras (Estiria, Carintia, Carniola y el litoral adriático) que los Habsburgo administraron como una unidad frente a la amenaza del este.
Esa condición de frontera dejó una huella profunda en la identidad estiria y explica uno de sus monumentos más singulares: el gran arsenal de Graz, el Landeszeughaus, memoria en piedra y acero de los siglos en que esta tierra fue el escudo de Europa central frente a los otomanos.
Graz, la segunda ciudad de Austria, creció junto al río Mur al pie de una colina coronada por una fortaleza, el Schlossberg, de la que hoy solo queda la Torre del Reloj, emblema de la ciudad. Como capital de la Austria Interior y residencia de una rama de los Habsburgo, Graz fue durante los siglos XVI y XVII un importante centro político y militar; de aquella época procede su casco histórico, uno de los mejor conservados de Europa central, con patios renacentistas de estilo italiano, callejuelas medievales y edificios barrocos, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999.
El monumento que mejor resume el pasado fronterizo de Graz es el Landeszeughaus, el arsenal provincial. Construido a mediados del siglo XVII, cuando Estiria estaba en primera línea frente a los otomanos y frente a las revueltas húngaras, servía para armar rápidamente a la milicia estiria. Es hoy el mayor arsenal histórico del mundo conservado en su estado original: cuatro plantas repletas de unas 32.000 piezas —armaduras, cascos, mosquetes, lanzas, espadas, cañones—, suficientes en su día para equipar a varios miles de hombres. Cuando en el siglo XVIII María Teresa quiso cerrarlo, como parte de su centralización militar, los estirios lograron que se conservara como símbolo de la contribución de la provincia a la defensa del imperio.
Graz es también una antigua ciudad universitaria —su universidad data de 1585— y un centro intelectual: allí enseñaron Johannes Kepler y, en el siglo XX, el físico Erwin Schrödinger, y de allí es originario el astrónomo cuyo nombre lleva la ciudad natal de más de un premio Nobel austríaco. Esa mezcla de historia, juventud estudiantil y creatividad late todavía hoy en sus calles.
Si un metal define a Estiria, ese es el hierro. Ya el reino celta de Nórico debía su fama al ferrum noricum, el acero de altísima calidad que exportaba a Roma, y buena parte de ese mineral salía de los Alpes estirios. En el centro de la provincia se alza el Erzberg, la "montaña de mineral": un cerro de hierro explotado sin interrupción desde hace más de mil años, cuya silueta escalonada, tallada por siglos de minería a cielo abierto, es uno de los paisajes más característicos de Austria. Es la mayor mina de siderita del mundo y una de las minas más antiguas de Europa central en actividad continua.
Alrededor del Erzberg se desarrolló toda una civilización del hierro. La región conocida como Eisenerz ("mineral de hierro") y las ciudades siderúrgicas del valle del río Mur —Leoben, Bruck, Kapfenberg— vivieron durante siglos de fundir y forjar el metal de la montaña. El hierro estirio armó los ejércitos de los Habsburgo, forjó las herramientas de media Europa y sostuvo, ya en la era industrial, una potente industria del acero que aún hoy es un pilar de la economía provincial. La antigua "Ruta del Hierro" (Eisenstraße) recuerda ese pasado minero y metalúrgico.
Más allá del hierro, Estiria es una tierra de contrastes: montañas y estaciones de esquí en el norte, y en el sur un paisaje suave de colinas, viñedos y campos de calabazas de cuyas semillas se extrae el célebre aceite de pepita de calabaza, verde oscuro, emblema de la gastronomía estiria. Termas, vinos y una fuerte identidad rural completan el retrato de esta provincia que combina la memoria del hierro y de la frontera con una vida próspera y apacible.
Al sur de Estiria, entre los Alpes y la frontera con Italia y Eslovenia, se extiende Carintia (Kärnten), la provincia más meridional de Austria, célebre por sus numerosos lagos de aguas cálidas en verano —el Wörthersee, junto a su capital, es el más famoso— que la han convertido en un destino de veraneo. Su capital, Klagenfurt, conserva un casco histórico de patios renacentistas y arcadas de estilo italiano, y tiene por emblema al Lindwurm, un dragón fabuloso cuya fuente preside la plaza central y que la leyenda vincula al origen mítico de la ciudad.
Carintia es también una tierra de frontera lingüística. En el valle del Gail y en el sur de la provincia vive desde hace siglos una minoría de habla eslovena, los carintios eslovenos, cuya presencia se remonta a la Edad Media, cuando la región formó parte del antiguo principado eslavo de Carantania. Esa dualidad —alemana y eslovena— fue el trasfondo de uno de los episodios decisivos de la historia carintia.
Tras el hundimiento del imperio en 1918, el naciente reino de los serbios, croatas y eslovenos (la futura Yugoslavia) reclamó el sur de Carintia, de población en parte eslovena, y hubo combates entre milicias austríacas y tropas eslovenas. Para dirimir la cuestión, el Tratado de Saint-Germain dispuso un plebiscito, que se celebró el 10 de octubre de 1920: en la zona en disputa, mayoritariamente de habla eslovena, cerca del 59 % de los votantes eligió seguir formando parte de Austria antes que integrarse en Yugoslavia. Aquel voto fijó la frontera meridional del país y es hasta hoy una fecha central de la identidad carintia, aunque la convivencia con la minoría eslovena y el reconocimiento de sus derechos —como los carteles bilingües— siguieron siendo, décadas después, motivo de debate.
En las últimas décadas, Graz ha sabido combinar la conservación de su patrimonio histórico con una apuesta decidida por la arquitectura y el diseño contemporáneos. En 2003 fue Capital Europea de la Cultura, y ese impulso dejó en la ciudad algunos de los edificios más audaces de la Austria actual. El más famoso es el Kunsthaus Graz, un museo de arte contemporáneo inaugurado ese año, cuya forma orgánica y azulada —apodada "el amable extraterrestre" (friendly alien)— contrasta deliberadamente con los tejados rojos del casco medieval que lo rodea, en un diálogo entre lo antiguo y lo nuevo.
Junto al Kunsthaus, en medio del río Mur, se construyó la Murinsel, una isla artificial de acero y cristal con forma de concha que sirve de café y de puente peatonal. Estas intervenciones, sumadas a una activa escena de diseño, valieron a Graz su ingreso en 2011 en la red de Ciudades Creativas de la Unesco en la categoría de Diseño, la primera de habla alemana en obtener esa distinción.
Así, la antigua capital de la Austria Interior, la ciudad-bastión del arsenal y de la frontera otomana, se ha reinventado como un polo cultural y universitario juvenil, con decenas de miles de estudiantes que animan sus calles. Graz condensa, en pocos kilómetros, la larga historia de Estiria: la fortaleza sobre la colina, el arsenal de la frontera, los patios renacentistas y, ahora, los edificios luminosos que miran al futuro sin renegar del pasado.