Mucho antes de que existiera Canberra, el valle donde hoy se asienta la capital estaba habitado por el pueblo ngunnawal, y en sus márgenes por los ngambri, ngarigo y otros grupos vecinos, que ocupaban la región desde hacía unos 21.000 años. El propio nombre de Canberra deriva probablemente de una palabra aborigen local, a menudo interpretada como "lugar de reunión", en alusión a los grandes encuentros estacionales que distintas naciones celebraban en la zona para festejar la llegada de la polilla bogong, un alimento estacional muy apreciado en las montañas cercanas.
La colonización europea de la región comenzó en la década de 1820 con la llegada de pastores y estancieros, que ocuparon el valle del río Molonglo. Durante casi un siglo, la zona fue una tranquila comarca rural de ovejas y trigo, sin la menor idea del destino monumental que le esperaba a comienzos del siglo XX.
Cuando las colonias australianas se federaron en 1901, surgió un problema espinoso: ¿qué ciudad sería la capital del nuevo país? Las dos grandes metrópolis rivales, Sídney y Melbourne, se disputaban el honor con tal encono que resultó imposible elegir una sobre la otra. La solución, plasmada en la propia Constitución, fue salomónica: crear una capital enteramente nueva, en un territorio federal propio situado en Nueva Gales del Sur pero a no menos de 100 millas de Sídney, mientras el Parlamento sesionaba provisionalmente en Melbourne.
Tras evaluar distintos emplazamientos, en 1908 se eligió el valle del Molonglo, y en 1911 se cedió el Territorio de la Capital Australiana (ACT). El 12 de marzo de 1913, en una ceremonia en la colina Kurrajong, se puso la primera piedra y se anunció oficialmente el nombre de la ciudad: Canberra. Nacía así una de las pocas capitales del mundo enteramente planificadas y construidas expresamente para serlo, al estilo de Washington o Brasilia.
Para diseñar la nueva capital se convocó un concurso internacional que en 1912 ganó una pareja de arquitectos estadounidenses de Chicago, Walter Burley Griffin y su esposa Marion Mahony Griffin, colaboradores de Frank Lloyd Wright. Su proyecto, de inspiración en el movimiento de la Ciudad Jardín, concebía una ciudad integrada en el paisaje, con grandes ejes geométricos, avenidas radiales, extensas zonas verdes y un lago artificial en el centro.
La construcción fue lenta, entorpecida por las dos guerras mundiales y la Gran Depresión, y por conflictos burocráticos que llevaron a Griffin a abandonar el proyecto. El Parlamento no se trasladó de Melbourne a Canberra hasta 1927. La pieza central de su visión, el lago Burley Griffin —bautizado en su honor—, no se completó hasta 1964, cuando se represó el río Molonglo. Canberra creció así a lo largo de todo el siglo XX como una ciudad de diseño, verde y ordenada, muy distinta de las populosas metrópolis costeras.
Como sede del gobierno federal, Canberra alberga las grandes instituciones nacionales de Australia: el imponente Parlamento nuevo, inaugurado en 1988 sobre la colina del Capitolio; la Casa del Gobierno; el Alto Tribunal; y una notable concentración de museos y galerías nacionales —la Galería Nacional de Australia, el Museo Nacional, la Biblioteca Nacional y el solemne Australian War Memorial, el gran monumento a los caídos del país—.
El Territorio de la Capital Australiana obtuvo el autogobierno en 1989 y hoy elige su propia asamblea legislativa. Aunque a veces se la caricaturiza como una ciudad de funcionarios, Canberra tiene una de las poblaciones más educadas y de mayor renta del país, una fuerte vida universitaria en torno a la Universidad Nacional Australiana y un cuidado entorno natural. Cada primavera, el festival floral Floriade llena sus parques de tulipanes, y el lago Burley Griffin es el eje de su vida al aire libre.