Queensland, el segundo estado más extenso de Australia, era hogar de una enorme diversidad de pueblos aborígenes: los turrbal y jagera en torno a Brisbane, los pueblos de las selvas tropicales del norte como los kuku yalanji de Daintree —cuya cultura viva se entrelaza con el bosque—, y numerosas naciones del interior y del golfo. En el extremo norte, en las islas del Estrecho de Torres, vivía un pueblo distinto: los isleños del Estrecho de Torres, de origen melanesio, navegantes y horticultores que en 1992 protagonizarían, con Eddie Mabo, el fallo que cambiaría la ley de tierras de todo el país.
La selva tropical del norte de Queensland, la más antigua del mundo, fue habitada de forma continua durante milenios, y su arte rupestre y su conocimiento botánico son testimonio de esa larga ocupación. La colonización, la expansión ganadera y las partidas de la policía nativa causaron una violencia de frontera especialmente intensa en Queensland a lo largo del siglo XIX.
La historia colonial de Queensland comenzó como un capítulo penal de Nueva Gales del Sur. En 1824 se estableció un asentamiento de convictos en la península de Redcliffe, trasladado poco después al río Brisbane; el penal de Moreton Bay, destinado a los reincidentes más duros, funcionó hasta 1842, cuando la zona se abrió a los colonos libres. Sobre aquel núcleo creció la ciudad de Brisbane.
El rápido poblamiento del norte por pastores y sus rebaños alimentó, como en Victoria, el deseo de separarse de la lejana Sídney. El 6 de junio de 1859, la reina Victoria firmó la creación de la colonia de Queensland —bautizada en su honor—, con Brisbane como capital. La joven colonia se lanzó a colonizar su inmenso territorio tropical y subtropical, empujando aún más lejos la frontera con los pueblos aborígenes.
El clima tropical del norte hizo de la caña de azúcar el gran cultivo de Queensland. Para trabajar en las plantaciones, entre 1863 y 1904 se trajo a unos 50.000 o 60.000 isleños del Pacífico Sur, los llamados "kanakas", muchos de ellos reclutados por engaño o directamente secuestrados en un tráfico conocido como blackbirding, una forma de trabajo forzado cercana a la esclavitud. Tras la Federación, la Política de la Australia Blanca ordenó la deportación de la mayoría de estos isleños, aunque sus descendientes, los Australian South Sea Islanders, siguen siendo una comunidad reconocida.
Queensland también vivió sus propias fiebres del oro —en Gympie, Charters Towers y el río Palmer, adonde acudieron miles de mineros chinos— y desarrolló una poderosa industria ganadera en el outback, la del "país de las ovejas y el ganado". En Longreach, en el corazón de ese outback, nació en 1920 la aerolínea Qantas, y en Barcaldine la gran huelga de esquiladores de 1891 dio origen al Partido Laborista Australiano, uno de los partidos obreros más antiguos del mundo.
Durante buena parte del siglo XX, Queensland fue un estado predominantemente rural y conservador, marcado por décadas de gobiernos como el del longevo premier Joh Bjelke-Petersen (1968-1987). La minería del carbón de la cuenca de Bowen y, más recientemente, el gas y el mineral de hierro lo convirtieron en una potencia exportadora. Pero fue el turismo el que redefinió su imagen.
Desde mediados de siglo, el clima soleado y las playas del sureste transformaron a Queensland en el gran destino vacacional de Australia. La Gold Coast, con sus rascacielos frente a Surfers Paradise y sus parques temáticos, y la Sunshine Coast se llenaron de turistas y jubilados, dando al estado el apodo de "Sunshine State". Brisbane, la capital, dejó de ser una gran ciudad de provincias para convertirse en una metrópoli moderna, que en 2032 será sede de los Juegos Olímpicos.
El patrimonio natural de Queensland es de escala planetaria. Frente a su costa se extiende la Gran Barrera de Coral, el mayor sistema de arrecifes del mundo, con más de 2.300 kilómetros de longitud, visible desde el espacio y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981. Es a la vez un santuario de biodiversidad y un símbolo de la crisis climática, amenazada por episodios recurrentes de blanqueamiento del coral. Desde Cairns, Port Douglas y las Islas Whitsunday —con la deslumbrante playa de Whitehaven— parten a diario miles de buceadores.
Allí donde la selva se encuentra con el arrecife está Daintree, la selva tropical continua más antigua del planeta, con más de 180 millones de años, hogar del casuario y de una biodiversidad extraordinaria, custodiada por el pueblo kuku yalanji. A ello se suman maravillas como la Isla Fraser (K'gari), la mayor isla de arena del mundo y Patrimonio de la Humanidad, con sus lagos de agua dulce y sus dingos, y una sucesión de islas coralinas como Lady Elliot o la Isla Magnética. Es este patrimonio natural, más que ningún otro, el que define hoy la identidad turística de Queensland.