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Historia de Tilcara

Los omaguacas, los tilcaras y el Pucará prehispánico

Sobre un cerro de unos 80 metros, asomado al Río Grande, hay un pueblo entero de piedra que ya era antiguo cuando los españoles pisaron América: casas apretadas, corrales, plazas ceremoniales y una necrópolis. Los lugareños lo llaman 'antigal' —el lugar de los antiguos— y la arqueología lo conoce como el Pucará de Tilcara. Mucho antes de la conquista, la Quebrada de Humahuaca estuvo habitada por el pueblo omaguaca, una sociedad de agricultores y pastores de altura organizada en distintas parcialidades. Una de ellas, la de los tilcaras, dio nombre al lugar y levantó ese poblado fortificado sobre el cerro. La palabra 'pucará' viene del quechua y significa, más o menos, fortaleza o lugar fortificado.

Se estima que los primeros muros de piedra se levantaron hacia el siglo XI d.C., y que el sitio estuvo ocupado de manera más o menos continua hasta el momento del contacto hispano-indígena, en el siglo XVI. No era una sola construcción, sino un verdadero pueblo de altura: barrios de viviendas de piedra apretadas unas contra otras, corrales para los animales, talleres, plazas, espacios ceremoniales y una necrópolis donde enterraban a sus muertos. Vivían del cultivo en terrazas (maíz, papa, quinoa), del pastoreo de llamas y del intercambio con otras regiones.

Para los pueblos originarios de hoy, el Pucará no es solo un sitio arqueológico: es un lugar sagrado donde se considera que residen poderes ancestrales. Esa carga espiritual convive con su valor científico y con su condición de emblema nacional de los pueblos que poblaron el actual territorio argentino mucho antes de la conquista.

Función del sitio - hipótesis defensiva: los primeros investigadores (Ambrosetti y Debenedetti, a comienzos del siglo XX) interpretaron el Pucará como una fortaleza militar, por su emplazamiento elevado, su gran visibilidad del entorno y el propio nombre 'pucará' (fortaleza).
Función del sitio - hipótesis residencial-administrativa: investigaciones posteriores sostienen que el sitio no presenta rasgos claramente defensivos (no hay murallas perimetrales que lo confirmen) y que funcionó sobre todo como un lugar de residencia estable y, en tiempos incaicos, como centro administrativo y productivo. La discusión sobre cuánto pesó lo defensivo frente a lo residencial sigue abierta.
https://tilcara.filo.uba.ar/pucara-de-tilcarahttps://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&https://quebradadehumahuaca.com/ciudad/tilcara/

La ocupación inca y la Quebrada como ruta

Hacia fines del siglo XV (alrededor de 1480), el Imperio Inca (Tawantinsuyu) extendió su dominio sobre la Quebrada de Humahuaca, en su avance hacia el sur del actual territorio argentino. Los incas conquistaron a los omaguacas, pero al notar la posición estratégica del Pucará decidieron no destruirlo: lo aprovecharon e integraron a su organización.

Bajo el dominio incaico, buena parte de las estructuras del Pucará fue remodelada. Se levantaron edificios de mayor jerarquía con funciones administrativas, productivas y religiosas, siguiendo la lógica del Estado cuzqueño. La Quebrada funcionaba como un corredor natural -un camino entre montañas- que conectaba la puna y el altiplano con los valles del sur, y por el que circulaban bienes, gente y metales. En ese esquema, el Pucará operó como un punto de control de esa ruta, vinculado al traslado de productos y de minerales preciosos hacia el corazón del imperio.

La ocupación inca fue relativamente breve -apenas unas pocas décadas- pero dejó marcas profundas en la arquitectura y en la organización del sitio, que se sumaron a la larga ocupación previa de los tilcaras. Cuando llegaron los españoles, encontraron una región todavía articulada por esa estructura andina.

https://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&https://www.argentina.gob.ar/capital-humano/cultura/monumenthttps://en.wikipedia.org/wiki/Pucar%C3%A1_de_Tilcara

La conquista española y el ocaso del Pucará

La llegada de los españoles a la Quebrada de Humahuaca, en el siglo XVI, cambió por completo el destino del Pucará. La conquista trajo enfermedades, sometimiento y un nuevo ordenamiento del territorio: encomiendas, reducciones de indígenas y la fundación de pueblos al modo europeo. Las poblaciones originarias de la región resistieron, pero terminaron siendo desarticuladas y trasladadas, y la vida concentrada en los antiguos poblados de altura dejó de tener sentido dentro del nuevo sistema colonial.

El Pucará fue quedando despoblado y, con el tiempo, abandonado. Sus casas de piedra se fueron derrumbando y el cerro volvió a cubrirse de cardones y maleza. Durante los siglos coloniales, la actividad se desplazó hacia el llano, a lo largo del Camino Real al Alto Perú que cruzaba la Quebrada -la misma ruta sobre la que más tarde funcionaría la Posta de Hornillos, cerca de Tilcara-. El antiguo poblado prehispánico quedó como un montón de ruinas en lo alto, casi olvidado, hasta entrado el siglo XX.

De aquella época andina, sin embargo, sobrevivió algo fundamental: el nombre. 'Tilcara' siguió designando el lugar, manteniendo viva la memoria de la parcialidad omaguaca que lo había habitado, aun cuando el pueblo colonial y luego el moderno se desarrollaran al pie del cerro y no sobre él.

https://quebradadehumahuaca.com/ciudad/tilcara/https://www.argentina.gob.ar/capital-humano/cultura/monument

El redescubrimiento arqueológico y la polémica reconstrucción

A comienzos del siglo XX, el Pucará volvió a la luz de la mano de la arqueología argentina. En 1908, el etnógrafo y naturalista Juan Bautista Ambrosetti, fundador del Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires (UBA), llegó al sitio acompañado por su discípulo Salvador Debenedetti. Durante los veranos siguientes excavaron de manera sistemática y extrajeron miles de piezas (se habla de unas tres mil), que pasaron a integrar las colecciones del museo y sentaron las bases del estudio científico de la Quebrada.

La idea de reconstruir las ruinas para mostrarlas al público surgió poco después. Ambrosetti murió en 1917 y el proyecto recién pudo retomarse hacia 1929, bajo la dirección de Debenedetti, quien también falleció al año siguiente. El trabajo continuó con otros arqueólogos del Museo Etnográfico de la UBA, entre ellos Eduardo Casanova, que en 1935 hizo levantar en la cima del cerro una pirámide trunca de piedra como monumento en homenaje a Ambrosetti y a Debenedetti.

Esa reconstrucción es, hasta hoy, objeto de debate. Por un lado permitió poner en valor el sitio, hacerlo visitable y convertirlo en uno de los grandes símbolos del patrimonio argentino (fue declarado Monumento Histórico Nacional). Por otro, levantó críticas: buena parte de los muros que se ven fueron rearmados con criterios discutibles, y la pirámide-monumento no guarda relación con la arquitectura prehispánica de la región, de modo que el visitante no siempre distingue qué es original y qué es agregado moderno. Sumadas a obras como el camino vehicular y plataformas, estas intervenciones alimentan una tensión permanente entre la puesta en valor turística y la fidelidad histórica del sitio.

Lectura patrimonial-pedagógica: la reconstrucción es vista por algunos como una intervención de época que salvó al sitio del olvido, lo hizo comprensible para el público y lo consolidó como emblema nacional.
Lectura crítica-conservacionista: otros señalan que la reconstrucción 'inventó' parte de lo que hoy se ve, mezcló original y agregado sin distinción clara, y que la pirámide-monumento es ajena a la tradición arquitectónica andina, falseando la lectura del Pucará.
https://salvadordebenedetti.com.ar/index.php/su-vision/restahttps://www.vidasurrealista.com/2014/04/10/pucara-de-tilcarahttps://www.urbipedia.org/hoja/Pucar%C3%A1_de_Tilcarahttps://en.wikipedia.org/wiki/Pucar%C3%A1_de_Tilcara

Tilcara hoy: cultura viva y Carnaval

El Tilcara actual es un pueblo donde el pasado andino sigue muy presente. Es la 'capital arqueológica' de Jujuy, sí, pero también un centro cultural y artístico que atrae a viajeros, artesanos y músicos. La feria de la plaza, las peñas con charango, quena y bombo, la cocina regional (empanadas, tamales, humita, carne de llama) y la ronda permanente de visitantes le dan un aire bohemio que convive con las tradiciones de las comunidades originarias de la Quebrada.

Esas tradiciones tienen su momento más intenso en el Carnaval, que en la Quebrada de Humahuaca es uno de los más auténticos del país. Es una fiesta mestiza, que mezcla la celebración traída por los españoles con los antiguos cultos a la Pachamama (la Madre Tierra). El carnaval comienza con el 'desentierro del diablo' -una figura que se entierra al final del carnaval anterior y se vuelve a sacar- y se despliega en comparsas, coplas, albahaca, harina, mixtura y mucha música, con la quebrada entera tomada por el festejo.

En 2003, la Quebrada de Humahuaca fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como paisaje cultural, reconociendo justamente esa continuidad de más de diez mil años entre los pueblos prehispánicos, la ruta inca, el Camino Real colonial y la vida actual. Tilcara, con su Pucará en lo alto y su pueblo despierto al pie del cerro, es uno de los lugares donde mejor se siente esa larga historia todavía latiendo.

https://www.carnavalargentina.com.ar/tilcara_humahuaca.htmlhttps://es.wikipedia.org/wiki/Carnaval_de_Humahuacahttps://quebradadehumahuaca.com/ciudad/tilcara/

📚 Bibliografía

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